
Ni el calor de julio pudo competir con la pasión que se respiró este martes en la plaza de Los Llanos de San Gregorio. Decenas —y después cientos— de aficionados vestidos de rojo convirtieron el corazón de Telde en una auténtica fiesta colectiva para acompañar a la selección española en una semifinal que terminó con un desenlace soñado: la victoria sobre Francia y el pase a la gran final del Mundial de 2026.TELDEACTUALIDAD avanza reportaje grañfico.
El ambiente comenzó a caldearse mucho antes del pitido inicial. Familias enteras, grupos de amigos y numerosos jóvenes fueron ocupando el recinto habilitado por el Ayuntamiento de Telde para seguir el encuentro en la pantalla gigante instalada en la plaza. Banderas, bufandas, camisetas de la selección y cánticos fueron marcando el ritmo de una tarde que acabó convirtiéndose en una de las más memorables que se recuerdan en la ciudad.
Cada ocasión de peligro fue recibida con un grito unánime y cada intervención decisiva levantó a los asistentes de sus asientos. Pero fue el pitido final el que desató una explosión de alegría. Abrazos, aplausos, saltos, fotografías y cánticos espontáneos inundaron la plaza para celebrar una clasificación que acerca a España a un nuevo título mundial.
La iniciativa municipal volvió a convertirse en un éxito de participación tras la excelente respuesta registrada días atrás durante el partido de cuartos de final frente a Bélgica. En esta ocasión, la apuesta por trasladar la pantalla gigante a la plaza de San Gregorio volvió a reunir a aficionados de todas las edades, consolidando este espacio como punto de encuentro para vivir los grandes acontecimientos deportivos.
La victoria frente a Francia sitúa ahora a España a un solo paso de la gloria. Mientras la selección prepara la gran final del domingo, en Telde ya se respira ilusión y optimismo. Si algo quedó claro este martes es que La Roja no jugó sola: desde la plaza de San Gregorio, toda una ciudad empujó al equipo nacional hacia una nueva cita con la historia.
Oyarzábal y Porro tumban la Torre Eiffel y ahorcan al gallo (Juan Antonio Hernández)
España jugará la final del Mundial. La selección derrotó por 0-2 al gran favorito, silenció a Mbappé, Dembélé y compañía y reservó habitación en Nueva York para el domingo. Francia podrá discutir durante varios días si celebró la toma de la Bastilla o si se le vino abajo la Torre Eiifel. La del balón, desde luego, correspondió a España.
Luis de la Fuente repitió el equipo que había eliminado a Bélgica. Fabián mantuvo el sitio por delante de Pedri y Mikel Merino regresó al banquillo, preparado para entrar en el minuto 85 y arreglar lo que se hubiera roto. Contra Portugal y Bélgica había trabajado como servicio de urgencias. Esta vez apenas necesitó ponerse el mono: España llegó al tramo final con la casa recogida.
Didier Deschamps reunió delante a Dembélé, Olise, Barcola y Mbappé, que sumaba ocho goles en el torneo. Francia tenía tantos atacantes que parecía haber acudido sin intención de recuperar nunca el balón. Detrás quedaban Tchouaméni y Rabiot, dos hombres encargados de cubrir aproximadamente el estado de Texas.
Unai Simón necesitó dos minutos para recordar que un portero español debe empezar cada partido provocando una pequeña arritmia nacional. Recibió el balón dentro del área, esperó a Mbappé y lo regateó. Podía haber despejado, pero entonces habría sido un guardameta normal y para eso ya existen otras selecciones.
Francia quiso intimidar pronto. Rabiot pisó a Dani Olmo y recibió una amarilla en el minuto nueve. El árbitro, Iván Barton, se acercó después a la banda porque había olvidado la espuma de señalar las barreras. Una semifinal del Mundial enfrentaba a dos antiguas potencias europeas y el colegiado había salido del vestuario sin el material escolar.
Álex Baena estrelló la falta contra la barrera. Lamine recogió el rechazo, llegó hasta la línea de fondo y puso un centro que Upamecano despejó como pudo. Francia tenía velocidad a la vez que España empezaba a encontrar fútbol. En el minuto 15, Olise entró con los tacos sobre el tobillo de Rodri. Barton señaló la falta y decidió que la tarjeta podía reservarla para alguna protesta. Rodri se levantó y continuó dirigiendo el partido. A esas alturas Francia ya había probado dos procedimientos para detener a España: pisar a Olmo y pisar a Rodri. Faltaba quitarle el balón.
Mbappé tuvo la primera carrera seria un minuto después. Dembélé lanzó en largo y el delantero francés atacó el espacio entre Laporte y Cubarsí. Los centrales corrigieron y desviaron al capitán hacia la derecha hasta apagar la acción. Francia había enseñado los dientes. España tomó nota y siguió jugando.
El primer gol nació de una jugada que Lucas Digne tardará en olvidar y Lamine no necesitará recordar porque seguramente ya está pensando en la siguiente. He visto laterales de la UD Telde defendiendo mejor un balón. El lateral francés calculó mal un despeje de cabeza, perdió de vista el balón y lanzó la pierna para sacarlo. Lamine apareció por detrás una décima antes. Digne encontró la pierna del español y el árbitro encontró un penalti que se veía sin necesidad de repetición, televisión ni comité de expertos.
Oyarzabal tomó la pelota. Maignan adivinó el lado, aunque eso solo le sirvió para contemplar el gol desde una posición privilegiada. El delantero golpeó fuerte y colocó el 0-1 en el minuto 22. Era su quinto tanto en el Mundial y el trigésimo con España. Oyarzabal alcanzó así a Butragueño, Hierro, Morientes y Raúl en la clasificación de goleadores españoles en los Mundiales, un grupo al que ha llegado sin hacer demasiado ruido y sin pedir que nadie le ponga una estatua en la entrada de Las Rozas.
Francia se vio por detrás por primera vez en todo el torneo y recibió la noticia con escaso sentido deportivo. Saliba se llevó la mano a la espalda y abandonó el campo en el minuto 30. Lacroix ocupó su puesto. Un gol en contra, un central lesionado y Digne todavía repasando mentalmente la jugada del penalti: la fiesta nacional empezaba a necesitar otra orquesta.
España tuvo la posibilidad de ampliar la ventaja en el minuto 38. Maignan entregó mal la pelota, Baena recuperó y la selección armó una jugada de izquierda a derecha. Dani Olmo tocó de tacón, Lamine pudo disparar y prefirió servir a Fabián, pero Upamecano desvió su remate cuando el segundo gol ya estaba cantado.
Francia reaccionó al final de la primera mitad. Mbappé recibió un pase profundo y Unai Simón salió fuera del área para despejar a sus pies. El portero llegó antes que uno de los futbolistas más rápidos del mundo, aunque la selección española agradeció que no decidiera regatearlo otra vez para demostrarlo.
Rabiot volvió a entrar tarde sobre Fabián en el minuto 45 y estuvo cerca de recibir la segunda amarilla. Deschamps comprendió el mensaje y lo sustituyó durante el descanso. Koné entró en su lugar. Rabiot había disputado una primera mitad completa y una parte apreciable de ella consistió en comprobar cuánto permitía el árbitro.
España llegó al intermedio con ventaja, el control del centro del campo y la sensación de que Francia conservaba demasiado talento como para darla por terminada. Mbappé necesita menos de un metro para cambiar un partido. Dembélé, menos todavía. La selección había dominado, pero un dominio frente a Francia siempre incluye un pequeño apartado de letra menuda.
Los franceses regresaron del vestuario con la obligación de acelerar. No lo hicieron. España continuó moviendo la pelota y Francia pareció esperar a que el partido cambiara por iniciativa propia. Oyarzabal disparó por encima del larguero. Lamine volvió a superar a Digne. Barcola tuvo que recorrer medio campo para ayudar a su lateral y evitar que el joven español siguiera tratando aquella banda como propiedad familiar.
El segundo llegó en el 57. España movió la pelota desde la izquierda hasta la derecha. Pedro Porro encontró a Dani Olmo, continuó la carrera y recibió la devolución dentro del área. Olmo dio el pase mientras recibía una entrada. Porro controló, levantó la cabeza y batió a Maignan con un remate cruzado junto al poste. El lateral derecho había comenzado el partido persiguiendo a Barcola y terminó definiendo como un delantero que lleva años engañando al cuerpo técnico.
Tras un gatillazo de Lamine Yamal con el tercero (fue anulado por fuera de juego), Francia adelantó líneas por fin. Mbappé superó a Porro y obligó a Unai a despejar un disparo desde un ángulo reducido. Tchouaméni cabeceó por encima del larguero. Otro tiro de Mbappé tocó en Cucurella y terminó en córner. Durante varios minutos, la selección francesa recordó que estaba jugando una semifinal y no una exhibición organizada para celebrar el día nacional.
España aceptó retroceder unos metros, mantuvo las distancias y aguardó. Rodri siguió administrando la pelota para irritar al rival y tranquilizar a diez compañeros. Dembélé aparecía lejos del área, Olise no encontraba espacios y Mbappé recibía siempre acompañado.
Tras muchos minutos de dominio galo, Ferran estuvo cerca del tercero con un cabezazo tras un centro de Baena. La pelota salió rozando el poste mientras Maignan permanecía inmóvil. Francia seguía viva por razones reglamentarias, aunque su lenguaje corporal empezaba a sugerir que había levantado la bandera blanca El único gran susto llegó en el minuto 81. Mbappé recibió un balón largo y Unai salió del área para despejar de cabeza. La pelota cayó en los pies de Doué, que encontró la portería vacía y decidió pensarlo. Pensó tanto que dio tiempo al guardameta a regresar. Cuando disparó, Unai ya estaba delante para detener la pelota.
Los últimos minutos describieron mejor la semifinal que cualquier estadística. Francia necesitaba dos goles y avanzaba sin urgencia. España necesitaba que pasara el tiempo y movía la pelota de un lado al otro. Dembélé lanzó una falta contra el primer defensor, Mbappé disparó otra varios metros por encima del larguero, Cherki trató de encontrar al capitán dentro del área y Cucurella apareció para despejar. Celebró la acción como un gol. En una semifinal, a esas alturas, prácticamente lo era.
Francia acabó atacando por orgullo porque perder 0-2 contra tu vecino en plena Fiesta Nacional, en otros tiempos, hubiera supuesto guillotina. Dembélé dispuso todavía de un remate centrado que Unai detuvo sin dificultad. España cerró el encuentro tocando el balón ante una selección francesa que había empezado con cuatro atacantes y terminó sin saber cómo recuperarlo.
España había derrotado por 0-2 al equipo que llegaba como principal favorito, había dejado sin marcar a la selección más goleadora del torneo y había alcanzado la segunda final mundialista de su historia. Francia disputaba su octava semifinal; España, apenas la segunda. La selección española conserva un dato modesto: ha ganado las dos.
El domingo esperará Inglaterra o Argentina, véase Virreinato de Río de la Playa, en Nueva York/Nueva Jersey. España regresará a una final dieciséis años después de Sudáfrica, con Rodri al mando, Lamine creciendo en cada partido, Oyarzabal marcando sin hacer ruido y Pedro Porro convertido en delantero durante unos segundos.









Teldense | Martes, 14 de Julio de 2026 a las 22:16:52 horas
Ahora saldrán los amargados decir que el gobierno está de fiesta. Telde, ha resucitado con el gobierno de Peña.
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