
Hoy hace 29 años que asesinaron, justo cuando contaba 29 años, a Miguel Ángel Blanco. El secuestro y asesinato del edil del PP conmocionó a todo el país. ETA, histriónica tras la liberación del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara a manos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, a los pocos días devolvió el golpe desde la soberbia terrorista. Y el concejal de Ermua (Vizcaya) fue un flanco fácil. Eso sí, con la diferencia
esta vez de hacerlo a un ritmo tan pausado como cruel. Hasta entonces nadie conocía a Blanco, ni su faceta política ni la vida de este joven que lo tenía todo por delante, pero el secuestro descubrió a España a una persona de bien cuya conducta era la de un ciudadano que desea lo mejor para sí mismo y para los demás.
A todas luces, la barbaridad perpetrada contra Blanco, y al amparo del pretexto del acercamiento de los presos etarras a cárceles en el País Vasco, hizo que estallara un clamor popular que destelló imágenes contra las sedes de HB. Unas secuencias inimaginables hasta entonces pues el miedo había imperado en la sociedad. Lo de Blanco fue la gota que colmó el vaso y así se produjo la reacción ciudadana.
Nunca sabremos qué hubiera sido de este economista de formación y albañil de oficio familiar que se movía entre Ermua y Éibar, dos poblaciones que respectivamente marcan la frontera entre las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa, en el corazón de Euskadi. Un concejal del PP que ostentaba el acta dos años mal contados y que tuvo la valentía de querer participar en política y acogerse a la democracia.
Resulta paradójico que no hayamos aprendido del horror del terrorismo para tener una buena dosis de confrontación actual contra la polarización. La larga lista de asesinados por ETA debería servir como antídoto que rechazara el odio y el sectarismo que hoy persiste y se ha acelerado. Otra política debe ser practicada para impedir que la estela de la sinrazón impere de una forma u otra. Y recordar, hoy y mañana, en aras de evitar el olvido. La cantidad de jóvenes que desconocen quién fue Blanco y qué supuso ETA, el enorme dolor que causó en España. De hecho, hay aún crímenes terroristas sin resolver. Que el bueno de Miguel Ángel Blanco y el sufrimiento de aquellos días no se diluyan en la memoria colectiva. Es lo menos que podemos hacer en su honor.








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