
Todo se derrumba, el mundo se desmorona sin sentido y nada podemos hacer por remediarlo, porque lo que impera es la ley del más fuerte, por lo que nada puede medirse fuera de esta ley. Esta es la tesis del premio Nobel de Literatura 2025, Laszlo Krasznahorkai. El pesimismo y la sensación de derrota se han apoderado masivamente de una sociedad que ve cómo los derechos adquiridos se van demoliendo bajo el mando de los de siempre.
Aceptamos opiniones y dogmas como evidencias desde una narrativa neoliberal y capitalista. En este mundo apocalíptico, enajenado y sin sentido que describe el Nobel, no es extraño ver a los empresarios que tributan en el extranjero quejándose de la falta de productividad de los trabajadores canarios, como si la verdadera razón no estuviese en las condiciones laborales, en la explotación estructural de una economía basada en la industria turística y en la falta de condiciones básicas para los trabajadores y las trabajadoras.
Y es que, cuando las condiciones materiales no se cumplen, cuando una persona no puede permitirse una vivienda o acceder a una alimentación saludable porque los precios están disparatados, cuando el salario no cubre lo básico para vivir con dignidad, cuando los jóvenes, suficientemente preparados, no encuentran otra salida que trabajar de camareros, entonces comienza la resistencia pasiva. Tal vez, la única vía de escape para el trabajador o la trabajadora que toma conciencia de que su esfuerzo no le ofrece unos mínimos ni reporta un mayor bienestar a su vida. Entonces lleva a cabo una resistencia pasiva, ya sea enfermando (esta es una población dopada y exhausta) o dejando de ir a trabajar.
Señor Mariano Rajoy, el absentismo laboral, al que quiere igualar a las bajas por enfermedad, no es un cáncer, como así lo dijo, sino un «basta ya» de la clase obrera, una respuesta directa en forma de resistencia pasiva. Su preocupación es baldía, pues esta desaparecerá una vez cambien las condiciones materiales en las que se encuentran.
Ese mismo retroceso no afecta solo al ámbito laboral, también alcanza a los derechos de las mujeres, cuestionados ahora por el movimiento tradwife, que sostiene que una mujer debe dedicarse al matrimonio, la maternidad y el cuidado de los hijos, llegando a plantearse el derecho al voto en EE. UU.En España, en cambio, aplaudimos al Papa en el Parlamento cuestionando los derechos adquiridos de las mujeres, y los políticos, afines al Opus y a la extrema derecha, apoyan al no concebido (las trampas del lenguaje), en lugar de preocuparse por los ya nacidos, considerando que España lidera la tasa de pobreza y exclusión infantil de la Unión Europea, con casi un 30 % de menores en riesgo.
Ante quienes quieren imponerse y hacernos retroceder a las cavernas, solo queda alzar la voz, como lo ha hecho la cineasta y directora canaria Arima León al denunciar que la película Tal vez, sobre la relación entre Pinito del Oro y Natalia Sosa, que se estrenó en toda España el diez de julio, no se proyectará en Canarias.
El cine, el arte y la cultura existen para ofrecernos belleza, pero también para cuestionar y exponer las angustias de nuestro tiempo. Están ahí para recordarnos lo que un día fuimos y lo que podemos perder para siempre. Ante la censura o el silencio, «no callar» es una forma más de resistencia, pues, como dice la escritora ugandesa Makumbi, «en el momento en que guardamos silencio, alguien llenará ese silencio por nosotras».



























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