
La defensa del patrimonio histórico, natural y cultural de Jinámar exige la implicación de toda la sociedad. Bajo esa premisa, la Asociación Cultural Montaña Rajada firma este artículo de opinión de uno de sus colaborfadores en el que reflexiona sobre el papel que desempeñan la ciudadanía, el movimiento asociativo, los centros educativos y las administraciones públicas en la conservación de un legado que forma parte de la identidad colectiva del valle.
El texto pone como ejemplo el trabajo desarrollado durante el último curso por el CEPA Telde-Jinámar y reivindica la necesidad de pasar de las declaraciones institucionales a actuaciones concretas que garanticen la protección efectiva de enclaves tan emblemáticos como la Casa de la Condesa, La Noria de Jinámar o Montaña Rajada.
Defender el patrimonio de Jinámar: una tarea compartida
Defender el patrimonio no puede ser tarea de una sola asociación. La memoria de un pueblo, su paisaje, sus caminos, sus bienes históricos y las huellas de quienes vivieron antes que nosotros necesitan algo más que buenas intenciones. Necesitan ciudadanía implicada, educación, participación vecinal, compromiso cultural y administraciones que respondan.
Esa es una de las ideas que la Asociación Cultural Montaña Rajada viene defendiendo con claridad: el patrimonio de Jinámar solo podrá protegerse de verdad si se trabaja en red. Asociaciones vecinales, colectivos culturales y ecologistas, centros educativos, vecinos, vecinas e instituciones públicas tienen papeles distintos, pero todos son necesarios para que la defensa del patrimonio no se quede en palabras.
En ese camino, el CEPA Telde-Jinámar ha dado durante este curso un ejemplo valioso. Desde la dirección del centro, la Coordinación de Patrimonio y los ejes PIDAS, se ha impulsado un trabajo que conecta la identidad canaria con el entorno más cercano del alumnado: Jinámar, su historia, su paisaje, su patrimonio hidráulico, su flora amenazada y sus bienes culturales.
El acierto ha estado en no tratar el patrimonio como algo lejano, encerrado en libros o reservado a especialistas. El centro lo ha llevado al aula, al barrio, a las familias y al territorio. El alumnado no ha sido un simple espectador, sino protagonista de investigaciones, trabajos artísticos, documentación visual y espacios de reflexión sobre el lugar en el que vive.
Uno de los ejemplos más claros ha sido La Noria de Jinámar, Bien de Interés Cultural y símbolo de la memoria agrícola e hidráulica del valle. A través del proyecto Canarias a Pie de Foto, impulsado desde el ámbito educativo de la Consejería de Educación, alumnado, familias y vecindario participaron en la búsqueda de fotografías antiguas relacionadas con este enclave. Aquellas imágenes sirvieron para mirar el pasado, compararlo con el presente y recuperar relatos que siguen formando parte de la identidad colectiva de Jinámar.
También el patrimonio natural tuvo su lugar. En el marco del proyecto Origen, vinculado igualmente al ámbito educativo autonómico, el alumnado trabajó la identidad insular desde el arte, la ciencia, el territorio y la memoria. En ese recorrido apareció una referencia imprescindible: la yerbamuda (Lotus kunkelii), especie exclusiva del entorno costero de Jinámar y catalogada en peligro de extinción.
El resultado fue una obra artística bidimensional que unió botánica, paisaje e identidad, reinterpretando un fragmento de El drago, de Óscar Domínguez. Una forma sencilla y potente de recordar que el patrimonio natural y el patrimonio artístico no caminan por separado: ambos forman parte de una misma herencia.
Todo ese trabajo educativo encontró después un espacio de encuentro comunitario en las jornadas "Jinámar: Memoria, Identidad y Futuro", celebradas en el CEPA Telde-Jinámar e impulsadas por la Asociación Cultural Montaña Rajada y Turcón-Ecologistas en Acción. Allí se reunieron especialistas, colectivos y ciudadanía alrededor de una idea compartida: conocer el patrimonio del valle es el primer paso para protegerlo y transmitirlo.
Las jornadas combinaron ponencias, debate vecinal y rutas interpretativas por lugares que forman parte de la memoria local, como La Restinga, La Noria, la Casa de la Condesa, la Sima de Jinámar y Montaña Rajada. No se trataba solo de recordar el pasado, sino de preguntarse qué hacemos hoy con ese legado.
Una de las conclusiones fue clara: inventariar no basta. Saber que un bien existe es importante, pero la protección real necesita coordinación, seguimiento, proyectos, recursos y voluntad. Si cada esfuerzo queda aislado, el patrimonio seguirá dependiendo del impulso de unas pocas personas. Y eso no es suficiente.
Por eso la educación patrimonial resulta tan importante. Los centros educativos, las asociaciones y las instituciones pueden ayudar a que las nuevas generaciones conozcan la historia, la arqueología, el paisaje volcánico, la memoria agrícola, el patrimonio hidráulico y los bienes naturales de Jinámar. Porque solo se defiende aquello que se conoce, y solo se conoce de verdad aquello que se vive de cerca.
En ese marco, la Casa de la Condesa apareció como uno de los grandes símbolos de una agenda pendiente. El respaldo del Pleno del Ayuntamiento de Telde a una iniciativa para instar al Cabildo de Gran Canaria a incoar el expediente de declaración como Bien de Interés Cultural y reclamar medidas de recuperación abre una oportunidad importante. Pero esa oportunidad debe traducirse ahora en trámites, proyectos y actuaciones verificables.
Junto a la Casa de la Condesa están La Noria, Montaña Rajada, la yerbamuda, La Restinga y otros bienes del entorno. Todos ellos forman parte de un patrimonio amplio, diverso y conectado, que no puede entenderse pieza por pieza, sino como parte de la historia común del valle.
El Día de Canarias sirvió como cierre simbólico de este proceso educativo. El CEPA Telde-Jinámar no se limitó a celebrar la identidad desde sus expresiones más festivas. Junto a la vestimenta tradicional, los juegos populares y el enyesque, hubo también espacio para mirar con espíritu crítico el estado del patrimonio de Jinámar, a partir de una pieza audiovisual elaborada desde la Coordinación de Patrimonio y de un coloquio con la comunidad educativa.
Ese gesto resume bien el sentido de todo este trabajo. La cultura no es solo celebración. También es conciencia, responsabilidad y defensa del entorno. Cuando la escuela se abre al territorio, puede convertirse en agente de memoria y en motor de ciudadanía activa.
Jinámar no mira al pasado para quedarse en él. Lo mira para reconocerse, para entenderse mejor y para decidir con más fuerza su futuro.
La hoja de ruta está clara: educar, documentar, proteger, recuperar y abrir el patrimonio a la comunidad. El reto, ahora, es que esa conciencia compartida se transforme en expedientes, acuerdos, proyectos verificables y actuaciones reales.









Aguañak | Miércoles, 08 de Julio de 2026 a las 19:48:20 horas
Si cho años de Carmen Hernández y ni una sola palabra del patrimonio ahora, les entran la prisa… se nota las elecciones no creo en este colectivo.
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