
Mucho estómago hay que tener para meterte, o volver a meterte, en la política actual; tan degradada, denostada, expuesta al escarnio y diezmada por la corrupción y el transfuguismo. Tiene mérito esa querencia, a pesar de todo eso… Y Marcial Morales ostenta vocación desde tiempos inmemoriales. Persona afable, cercana y respetuosa. Es capaz de venderte un producto (CC) sin que parezca que es el suyo. Tiene la habilidad de presentártelo sin más, como el viandante que pasaba por ahí y, como el
que no quiere la cosa, emprendió conversación. Así y todo, no deja de asomar cierto nerviosismo cuando el amante de Asamblea Majorera, bandera saharaui en ristre, tiene que encajar públicamente su compromiso social en CC a la vez que Ana Oramas votara en Madrid junto a Vox.
Si no llega a ser majorero, Morales hubiera acabado antaño en NC. Un rostro con figura de haber pasado por el seminario. Conocedor del tercer sector, inmerso en causas sociales por doquier, a casta le viene al galgo pues ya fue consejero de Empleo y Asuntos Sociales del Gobierno de Canarias siendo presidente Román Rodríguez (1999-2003).
Morales conocía de la protoruptura de NC, con el pretexto de la regeneración, desde primera hora. Sabedor de las andanzas de los alcaldes, es un abonado a la unidad del nacionalismo. A modo CC, con afán de PNV, Teodoro Sosa confía en él como cabeza de cartel al consistorio capitalino. Es conocido en capas politizadas. Pero no por el pueblo. Con todo, Las Palmas de Gran Canaria es la asignatura pendiente de siempre del nacionalismo.
Su misión es lograr dos concejales. De hecho, en la capital si entras, lo sueles hacer con dos actas directamente. Cosas de la aritmética electoral… Y para Sosa esos dos ediles valdrán oro para ofrecérselos al PP o al PSOE. En términos militares, Morales tiene que establecer la cabeza de puente de Primero Canarias. Desembarcar en las playas de Normandía y morir en la arena si se tercia. Y, como veterano, está dispuesto a hacerlo. Se lo cree. Su entrega, a estas alturas de la vida, se presupone vocacional y desinteresada. Apuesta por la unidad del nacionalismo desde hace mucho. Y cuando comenzó a rodar el Pacto de las Flores en 2019 con NC respaldando al PSOE, vino a concluir que eso era engordar cochino ajeno. Sosa no tenía mejor opción. Y es del agrado de Fernando Clavijo. Las urnas, en breve, dirimirán todo el potaje político en el que se ha convertido Gran Canaria.










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