
50 años se cumplen de la designación de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno. Un nombramiento del rey socialmente inesperado. Metido (preparado de antemano) el abulense en la terna propuesta de candidatos, Juan Carlos I pudo elegir al que realmente deseaba. Nada que ver con la generación que ganó la Guerra Civil, aunque partía del régimen franquista en el que medró astutamente, Suárez se antojaba un perfil nuevo (conocía el manejo de la televisión pues había sido el mandamás de TVE) que irradiaría concordia y modernización democrática.
Para llegar a ese 3 de julio de 1976, antes tuvo el monarca que deshacerse de Carlos Arias Navarro; vinculado a la dictadura y a su nostalgia, auspiciado a jefe del Ejecutivo precisamente tras el atentado de ETA contra el almirante Luis Carrero Blanco en 1973. Vamos, el ministro del Interior que era el responsable de la seguridad del presidente Carrero, asesinado en atentado terrorista, es inverosímilmente promocionado… Cosas de los círculos de influencia y sus martingalas en El Pardo ante un Francisco Franco camino a ser moribundo.
Solo a partir del 3 de julio de 1976, la implementación democrática y descentralizadora comenzó a despegar. El rey tuvo que dar unas declaraciones desde Estados Unidos en contra de Arias para que entendiera (de una vez) que tenía que irse cuanto antes… Y llegó Suárez. Sin hechuras intelectuales pero ambicioso y osado. Era un chusquero de la política. Y desmontó, con otros actores y el movimiento obrero en la calle, la dictadura y puso los cimientos del sistema del 78.
En apenas dos años mal contados legalizó al PCE, convocó elecciones generales en 1977 e impulsó el texto constitucional de 1978. Fue el piloto de la Transición, el de Juan Carlos I. El hombre que la Casa Real necesitaba hasta que se dio cuenta de que fue abrasándose dentro de la UCD y concitó la crítica de la banca, la Iglesia católica y una oposición con ganas de alternancia y gozar de un poder que no contaba desde la Segunda República.
Tras la dimisión en enero de 1981, y periclitada su estancia en la UCD, organizó el CDS en el que fue más libre, sin tener las ataduras de sus conmilitones renovadores provenientes del aparato de la dictadura. Tuvo matices socialdemócratas. Mas el CDS no tuvo existencia exitosa más de una década. Y pronto en los noventa tuvo que dejar Suárez la política para después tener que afrontar la enfermedad de su mujer e hija, a la vez que le devoraban los problemas económicos. En tiempos actuales donde impera el sectarismo y una política que busca enemigos y espolea el odio, qué pertinente es recuperar el espíritu de concordia y reconciliación de las dos España que hizo posible la Transición. Un legado a preservar a toda costa.









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