
Y pasó la “Noche de San Juan,” con monumental hoguera en el Barranco Real, prendida por flecha incendiaria, a simulación de aquel pebetero de los Juegos Olímpicos de Barcelona, con asistencia masiva de espectadores ávidos de contemplar el “fuego purificador.”
No siempre ha sido así. Recuerdo, allá en mis juveniles años, contar, las pequeñas hogueras que en caseríos, viviendas particulares o zonas despejadas, se prendían, para la alegría de los pequeños, quitarse los trastos viejos y seguir con la ancestral tradición. En casa de mi Abuelo Materno, con quien conviví largos años de mi niñez y juventud, nunca me dejo hacer una, pues decía que, “la tierra se quema y pasa más de un año en volver a ser productiva.”
Telde, La Ciudad de Telde, desde tiempos inmemoriales ha sido y es, el acceso obligado para ir a los pueblos del sur, suroeste de las Isla. Por su ubicación geográfica, es paso obligatorio de cuantas personas y tendencias culturales y religiosas a esta Ínsula han llegado, amén de los que, en su día, fueron trasladados y obligados a trabajar en los ingenios que aquí se crearon.
Esta amalgama de culturas, religiones, costumbres, junto a la interpretación de los diferentes idiomas y dialectos hablados por los que llegaban, al mezclarse con el pueblo autóctono, agravado por la trasmisión oral, dieron pábulo a innumerables interpretaciones, señales y hechos que, pasando los años, pasaron a formar parte de la idiosincrasia del pueblo isleño.
En tiempos, cada vez más lejanos de, mi niñez y juventud, recuerdo conversaciones y relatos de las personas del campo que, en mi produjeron más de una pesadilla nocturna.
Aun, con el paso de los años recuerdo algunos de aquellos relatos, hoy paranormales y antes sobrenaturales, contados de forma tan real que, en la mente del por entonces niño, producían escalofríos.
La creencia de los hombres del campo de colocar un collar rojo, en el cuello de los animales, para evitar el llamado “mal de ojos.”
La mujer que, en noches de luna llena, aparecía sentada sobre sus valiosas pertenencias en él, hoy, aparcamiento de la Seguridad Social, hizo que muchas personas evitasen pasar por las inmediaciones.
Los aquelarres o reuniones de mujeres, todas vestidas de negro y con sus cabezas cubiertas con los refajos que, cogidas de la mano daban siete vueltas a la izquierda y otras tantas a la derecha, para luego coger agua de la fuente de San Francisco y verterlas sobre sus cabezas. Apariciones que ocurrían la víspera de San Juan y que culminaban con una improvisada hoguera que surgía de la nada, hizo que, nadie se atreviese a pasar o visitar la fuente en fecha tan señala.
Los canticos o lamentos que, una voz femenina daba, en la zona de los estanques de la finca de Arnao, a cuantos por allí pasaban, después de un desgraciado episodio en que falleció ahorcado de una higuera, un atribulado esposo por las presuntas infidelidades de su conyugue.
El fantasma, todo vestido de blanco, con una luz en su cabeza, que recorría el camino entorno a él llamado Tanque de la Cuchara, en San Antonio.
El animal de fuerza descomunal que, en horas de la noche, atacaba a todas las personas que transitaban por la zona de La Fonda.
La luz oscilante que, en noches obscuras, recorría las montañas de Hoya Aguedita y que se atribuían a las “almas en pena,” presuntamente arrojadas a la Sima de Jinamar.
La Casa Encantada de El Calero, cuando en épocas más recientes, verano de 1.994, se empezaron a oír, ruidos, voces entrecortadas, puertas que se abrían o cerraban solas y así un largo etc.
Personalmente si puedo hablar de, cuando un domingo por la tarde, en el verano de 1.976, regresaba a mi domicilio con toda mi familia, después de visitar a un familiar en Ingenio, en la montaña de Cuatro Puertas, frente a la hoy Urb. Piletillas, durante unos segundos, ésta se iluminó con una potente luz ente azul y amarilla de destellos segadores. No nos habíamos cruzado con ningún coche y la zona estaba totalmente despoblada. Aun hoy no me explico lo sucedido.
Por esas fechas el Dr. D. Francisco Julio Padrón De León, regresaba de Las Rosas, en Piso Firme, T.M. de Galdar, de visitar a un enfermo, también vio algo similar y al siguiente día se descubrió, en una plantación de cebollas, un círculo quemado. El Mando Aéreo de Canarias dio una furibunda explicación que pocos creyeron.
En este, nuestro amado Telde, muchos han sido los relatos, historias y tradiciones que se están perdiendo en el tiempo por irreales o porque, para las nuevas generaciones, todo tiene una explicación y lógica, pero que, como cantó Dña. Rosalía de Castro o Dña. Emilia Pardo, en románticos encuentros con nuestro internacional D. Benito Pérez Galdós, “Haberlas Haylas.”









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