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Sábado, 27 de Junio de 2026

Actualizada Sábado, 27 de Junio de 2026 a las 19:59:39 horas

Opinión

Nacionalismo de izquierdas: historia, presente y futuro

Reflexión de Román Rodríguez, de Nueva Canarias-BC

ROMÁN RODRÍGUEZ Sábado, 27 de Junio de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Sábado, 27 de Junio de 2026 a las 18:58:56 horas

El nacionalismo de izquierdas cuenta con una significativa trayectoria histórica en Canarias. No solo por haber sido la primera expresión social, política y electoral del espacio de obediencia canaria en la segunda mitad de los años setenta del pasado siglo, en el comienzo del periodo democrático, cuando la inmensa mayoría de lo que luego serían las Agrupaciones Independientes de Canarias (AIC) -fuerza mayoritaria en la posterior construcción de Coalición Canaria- estaba entonces plenamente integrada en la centralista y conservadora UCD. También, y no es menos importante, por desarrollar un papel determinante en las movilizaciones laborales, en favor de los servicios públicos, contra el militarismo o en la defensa de nuestro territorio y medio ambiente. Así como por el fructífero trabajo desarrollado en las distintas instituciones y dirigido a la permanente defensa del interés general y a la mejora de la calidad de vida de la gente.

 

Su compromiso y sensibilidad social nunca fue un invento ni una pose electoral. Forma parte de sus raíces, de su ADN. Forjado en las luchas de los aparceros y aparceras, del movimiento vecinal o de los trabajadores y trabajadoras de los más diversos sectores, del portuario al transporte pasando por la hostelería y el turismo o el mundo rural. Impulsando, además, una parte significativa del sindicalismo más combativo. Comprometido siempre con la transformación social de esta tierra.

 

Un nacionalismo para la mayoría social

Un nacionalismo en sus comienzos casi en exclusiva de carácter autodeterminista (primero con PCU, posteriormente, con más peso electoral, con la UPC, clave en la municipalización de las guaguas en Las Palmas de Gran Canaria). Pero en el que también estaban organizaciones autonomistas, especialmente Asamblea Canaria. Un espacio que entendió lo esencial de los cambios democráticos y del autogobierno que se estaban produciendo, pese a las limitaciones iniciales que suponía que las derechas canarias impusieran la vía del 143 en lugar de la del artículo 151 de la Constitución; una decisión que llevaba implícita la imposibilidad de que el Estatuto fuera sometido a referéndum.

 

Entendíamos ayer, y entendemos hoy, que el autogobierno no solo debe ser útil para que esta tierra tenga más capacidad de decisión, sino, sobre todo, para que la misma impacte positivamente en el empleo, en la mejora del acceso a la educación y a la sanidad, en la superación del caciquismo y de los abismos sociales presentes en nuestra tierra.

 

Se trata, en definitiva, de la prolongada trayectoria histórica de un nacionalismo que se vuelca siempre en la defensa de la mayoría social y no se dirige a beneficiar a minoritarias élites. Un nacionalismo de carácter inequívocamente progresista en sus planteamientos económicos, fiscales, sociales o medioambientales.

 

Su huella está presente en el movimiento por una escuela canaria de los años setenta-ochenta. En momentos en que el analfabetismo continuaba siendo una dolorosa realidad en las Islas y en el que nuestro sistema educativo carecía de infraestructuras, de suficientes plantillas docentes y de una oferta equilibrada y justa en el conjunto del archipiélago. Apostando, asimismo, por acercar la oferta universitaria a la ciudadanía y por el fortalecimiento de nuestros centros superiores públicos.

 

Otro tanto ocurrió en la sanidad, desarrollando personas de este espacio un relevante papel en la negociación y aprobación de las transferencias sanitarias del Estado a Canarias, ya en la mitad de los años noventa del pasado siglo. Y en un posterior e ingente desarrollo de las infraestructuras, tanto en la creación y ampliación de hospitales como de nuevos centros de salud, en todas las Islas, así como impulsando las primeras y estructurantes leyes y planes en este ámbito e implementando el primer sistema de emergencias.

 

Salvar Veneguera, salvar Canarias

El territorio y el medio ambiente han formado siempre parte de las principales preocupaciones de este ámbito sociopolítico. Un ejemplo es el caso de la defensa de El Rincón, en La Orotava, con la organización ciudadana frente al desarrollismo salvaje que quería arrasar esa zona de Tenerife. También Veneguera, defendida en movilizaciones en las calles, en propuestas en el Cabildo Insular de Gran Canaria o en la iniciativa legislativa popular que exigía su preservación. Un proceso culminado en nuestro Parlamento y en el que fue determinante la ley de medidas urgentes en materia de ordenación del territorio y de turismo de Canarias de 2001 (la “moratoria”); un proceso cerrado -mientras dirigentes de CC buscaban financiación foránea para construir decenas de miles de camas en la zona- con la aprobación en 2003 de la ley que declara al barranco de Veneguera como espacio natural protegido. En esa etapa se desclasificaron cientos de miles de camas y se aprobaron las leyes de directrices que limitaban el crecimiento turístico, apostando por la renovación de la planta y por no ocupar más territorio.

 

La lucha contra la militarización y la OTAN también supuso el despliegue de múltiples esfuerzos militantes. El nacionalismo progresista tuvo mucho que ver con el mayoritario no de Canarias en el referéndum convocado por Felipe González en 1986. Siendo más débil la oposición a la alianza atlántica en aquellos territorios con menor presencia del canarismo de progreso.

 

La apuesta por la paz, la cooperación internacional y la solidaridad con los pueblos del mundo, especialmente con los que son víctimas de conflictos bélicos o sufren el viejo o nuevo colonialismo que extrae sus riquezas y los condena a la dependencia y a la pobreza, son otras de las señas de identidad del canarismo de progreso. Como muestra su solidaridad con Ucrania, El Sahara o Palestina.

 

La impronta del nacionalismo progresista también se deja sentir en las instituciones. Desde los ayuntamientos que impulsaron una profunda transformación social, en infraestructuras y servicios públicos partiendo de una situación de enorme atraso y olvido. Desde el Cabildo de Gran Canaria y su compromiso con una isla más equilibrada y sostenible. Desde las actuaciones en el Parlamento de Canarias manteniendo una línea constante de análisis y propuestas ante todos los asuntos que afectan a esta tierra y a su gente. Desde el papel muy positivo que desarrollamos cuando hemos tenido presencia en el Congreso de los Diputados, consiguiendo el 75% en los desplazamientos aéreos y marítimos dentro y fuera de Canarias, así como siendo determinantes en el desbloqueo del Estatuto y del nuevo REF.

 

Estado social y autogobierno

Ese trabajo constante de los últimos cincuenta años, con distintas siglas, con diferentes personas al frente, con mayor o menor representación en las instituciones, desde el gobierno o la oposición, pero siempre con principios y valores, adquiere hoy una dimensión distinta cuando lo que nos estamos jugando, ante el alza de la ultraderecha, es la democracia y la pervivencia del Estado social, es decir, de las pensiones, de la sanidad y la educación pública, de los avances de las mujeres, de los derechos del colectivo LGTBI… y, asimismo, del autogobierno frente a los que defienden un estado monolítico, autoritario y centralista; lo que perjudica al conjunto de las comunidades, pero más a la más alejada, con mayores especificidades y con menor potencial económico que las nacionalidades históricas.

 

Y, en ese marco, también el nacionalismo de izquierdas quiere seguir aportando sus propuestas para una vivienda digna, un empleo de calidad, unos servicios públicos bien dimensionados o un territorio que no esté sometido a los intereses de los especuladores. Junto a la defensa de las libertades y de los derechos humanos en un mundo multilateral que debe apostar por la paz y el entendimiento entre los pueblos, que debe rechazar las ambiciones imperialistas y recuperar el papel de las Naciones Unidas.

 

Entiendo, además, que el proceso que se abre en el próximo periodo, con elecciones generales, aún sin fecha, y municipales y autonómicas en mayo de 2027, exige el trabajo unitario de todas las personas y grupos que se reivindican como integrantes de las plurales izquierdas canarias, tanto el canarismo progresista como las izquierdas confederales. Las derechas locales ya lo vienen haciendo en distintos ámbitos para mantener el actual estatus y perpetuar las políticas que nos condenan a la desigualdad y a la pobreza.

 

Es mucho lo que nos une a las izquierdas y de enorme complejidad los retos que se nos presentan. Retos que deben ser abordados desde la generosidad, el establecimiento de programas unitarios y el convencimiento de que ese camino facilitará la presencia en todas las instituciones de las islas y la posibilidad de contribuir, desde ellas y desde el conjunto de la sociedad, a la defensa de la democracia y de las transformaciones económicas, sociales y medioambientales que precisa esta tierra para tener un presente digno y un mejor futuro.

 

Román Rodríguez es secretario nacional de Estrategias, Programas y Formación de Nueva Canarias-Bloque Canarista (NC-BC).

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