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Jueves, 25 de Junio de 2026

Actualizada Jueves, 25 de Junio de 2026 a las 21:01:06 horas

Colaboración

Cuatro positivos en la lucha canaria: un problema que va más allá de los luchadores

Reflexión de José Trujillo Artiles, Barranquera IV

JOSÉ TRUJILLO ARTILES Jueves, 25 de Junio de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Jueves, 25 de Junio de 2026 a las 20:36:32 horas

Los positivos son injustificables, pero también obligan a reflexionar sobre la sobrecarga competitiva, la Final a Cuatro y las decisiones que están alejando a la lucha canaria de su verdadera realidad.

 

Cuatro positivos en la lucha canaria constituyen un hecho muy grave y un auténtico escándalo para nuestro deporte vernáculo. Sin embargo, cuando afirmamos que la lucha canaria no es un deporte de élite, sino una disciplina esencialmente amateur, también debemos analizar las circunstancias que rodean a estos casos.

 

Los luchadores son responsables de sus actos, pero no son los únicos culpables de una situación que les ha llevado presuntamente a recurrir a sustancias prohibidas. Las numerosas competiciones que se celebran cada temporada en Canarias exigen un esfuerzo físico enorme y someten a los deportistas a una carga difícil de soportar.

 

A ello se suma la Final a Cuatro celebrada el pasado año en Vecindario, un formato importado de otras disciplinas deportivas que poco o nada tiene que ver con la esencia de la lucha canaria. Aunque se hable de equipos, la realidad es que la lucha canaria sigue siendo, en gran medida, un deporte individual en el que el protagonismo y el desgaste recaen directamente sobre cada luchador.

 

Por ello, resulta difícil entender que se obligue a los deportistas a afrontar dos competiciones de máxima exigencia en un periodo tan corto de tiempo. Entre las semifinales y la final, disputadas en menos de veinticuatro horas, debería dejarse al menos un día de descanso; es decir, celebrar las semifinales el viernes y la gran final el domingo.


Este sistema apenas deja margen para la recuperación física y aumenta considerablemente el riesgo de lesiones y sobreesfuerzos. En estas circunstancias, algunos luchadores pueden verse tentados a recurrir a sustancias o métodos que les permitan soportar mejor la carga competitiva o recuperarse con mayor rapidez. Sin embargo, además de constituir una ventaja injusta frente a sus rivales, estas prácticas pueden tener graves consecuencias para la salud a medio y largo plazo.

 

Porque, en el deporte, como en la vida, los excesos terminan pasando factura.


A los dirigentes de la Federación habría que recordarles que la mayoría de ellos fueron luchadores y conocen perfectamente lo que se sufre dentro de un terrero. No vienen de otra galaxia ni desconocen las exigencias de este deporte. Precisamente por haber sido protagonistas sobre la arena deberían ser los primeros en proteger la salud de quienes hoy siguen compitiendo.

 

Personalmente, no estoy en contra de una Final a Cuatro. Puede ser una fórmula atractiva para los aficionados y una herramienta útil para promocionar la lucha canaria. Pero debería organizarse dejando al menos veinticuatro horas de descanso entre una jornada y otra, permitiendo así una recuperación razonable de los luchadores. No es justo jugar con la salud de los deportistas para ahorrar unos cientos de euros en alojamientos o gastos de organización.

 

Además, los propios impulsores de este sistema han presumido de que la Federación ha alcanzado cifras récord de ingresos, llegando incluso a hablar de más de un millón de euros de recaudación. Si realmente las cuentas atraviesan un momento tan positivo, resulta aún más difícil justificar que no se destinen los recursos necesarios para garantizar unas condiciones de competición más humanas. Porque ningún ahorro económico, por importante que parezca, puede anteponerse a la salud de los luchadores. La integridad física de quienes entran al terrero a bregar debe estar siempre por encima de cualquier balance económico.

 

Lo ocurrido el pasado año en Vecindario puso de manifiesto las limitaciones de este sistema. Además, el terrero no reunía las condiciones más adecuadas para soportar una exigencia física tan elevada. Pese a ello, al día siguiente se afirmó que la experiencia había sido un éxito rotundo. Aquellas declaraciones parecieron más encaminadas a buscar un momento de protagonismo que a realizar una valoración objetiva de lo sucedido. Y, por si fuera poco, la misma persona llegó a afirmar que la lucha canaria iba camino de la profesionalización. Una afirmación sorprendente, teniendo en cuenta la realidad que vive nuestro deporte y las condiciones en las que compiten la mayoría de los luchadores. Resulta difícil comprender semejante diagnóstico cuando nuestro deporte continúa sustentándose, en gran medida, sobre el esfuerzo y el sacrificio de deportistas aficionados. Lejos de reconocer los problemas evidentes que se produjeron, se transmitió una imagen triunfalista que no se correspondía con lo que realmente ocurrió sobre el terrero.

 

Nada de esto justifica el dopaje, que debe ser perseguido y sancionado con firmeza. Pero si se quiere evitar que estos episodios vuelvan a repetirse, también será necesario reflexionar sobre la organización de las competiciones, la acumulación de esfuerzos y las condiciones en las que compiten los luchadores canarios. Solo así se podrá proteger la salud de los deportistas y preservar la esencia de la lucha canaria. 

 

 José Trujillo Artiles, Barranquera IV, exluchador.

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