
En estos últimos días hemos asistido a un debate social, e incluso político, a raíz de las actuaciones contra los jardines urbanos de Telde. Se han expuesto muchísimos argumentos técnicos, sociológicos y ecológicos; sin embargo, se han olvidado que este debate debería haberse suscitado hace mucho tiempo.
No debe plantearse desde el punto de vista de cómo evaluar la tala o desaparición de ejemplares de árboles o plantas en los jardines públicos, sino que, desde el momento de su diseño, deben establecerse todas las normas que regulen su conservación y su posible retirada. En este caso, dicha normativa no existe. Esto debería servir para que tomen nota los responsables públicos, pero, sobre todo, los técnicos que deben garantizar un asesoramiento adecuado a sus mandos superiores.
Lo lógico es hacer un estudio del lo que se va a hacer y en el mismo `plasmar el diseño o proyecto posterior a realizar abriendo un debate entre técnicos políticos y vecinos que al final son los perjudicados o beneficiados de la obra.
En su momento se crearon documentos y planes de ordenación para lugares específicos que precisaban de ese recurso, tales como el Plan Insular de Ordenación de Gran Canaria (PIO/GC), los Planes de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN), el Plan Territorial Especial de Ordenación Turística, el de Paisaje y Paisajes Protegidos (PEPP) y los de la Red Canaria de Espacios Protegidos. Todos ellos se enfocan en cómo ordenar y gestionar el modelo territorial, planificando los diferentes usos de sus espacios.
Paralelamente, se debería haber creado un documento de ámbito insular sobre cómo diseñar los jardines desde el aspecto más técnico posible, sin dejar de tener en cuenta la importancia ecológica y medioambiental que estos espacios representan para los ciudadanos.Pero sobre todo que plantas se van a plantar en que cantidades porque el plantar muchas dela misma especie genera un problema de desequilibrio ya que los monoespecíficos crean viveros y focos de insectos dañinos no atrayendo sus depredadores ,por lo que se produce el desequilibrio
En primer lugar, hemos asistido durante muchos años, de forma impasible, a un desastre en la instalación y diseño de jardines, sobre todo en parques públicos, zonas viarias, carreteras y caminos. No se ha tenido en cuenta, por ejemplo, que se han plantado miles de palmeras en medio del césped, donde las necesidades de agua, nutrientes y fisiología son absolutamente diferentes.
Luego aparece el picudo rojo,la diocalandra que hace mucho daño, enfermedades, etc., y nos llevamos las manos a la cabeza intentando buscar soluciones a problemas que hemos creado nosotros mismos al introducir plantas incompatibles en un mismo espacio.
Lo mismo ocurre en los parques urbanos de los municipios: el espacio es diseñado por un técnico, pero la elección de la flora o el estudio técnico no lo realiza un profesional cualificado en este tipo de trabajo, verdaderamente preocupado por el medioambiente y la botánica, sino que se prioriza el aspecto técnico-paisajístico o estético.
Se colocan plantas de cualquier índole junto a otras que no tienen nada que ver con sus necesidades de espacio, agua, suelo o nutrientes, y luego se abona y se riega todo por igual. Como consecuencia, vemos desastres en algunos parques, como los de la rotonda de Pinocho
Por otro lado, la mesa de decisiones sobre cómo planificar los parques o espacios públicos desde el aspecto vegetal adaptado a cada municipio debería plasmarse en un documento insular. Este tendría que estar patrocinado por el Cabildo y ser de obligado cumplimiento para los distintos ayuntamientos. El Cabildo debe ser el protagonista de esta normativa, especificando qué tipo de planta utilizar, el tiempo de desarrollo, la distancia por espacio, el tipo y cantidad de riego, así como las atenciones mínimas necesarias para su cultivo y el buen desarrollo del entorno.
Asimismo, en este documento o estudio de obligado cumplimiento debería establecerse una pauta que vengo apoyando desde hace muchos años desde el punto de vista agrícola: la utilización de plantas melíferas en jardines y espacios públicos. En verano, las abejas no tienen lugares donde buscar néctar ni polen, por lo que este tipo de espacios podría servirles de reserva. Se debería aportar esta técnica a los jardines que se diseñen en adelante, e ir sustituyendo paulatinamente —sin grandes derroches estéticos ni desastres ecológicos— las especies en aquellos lugares donde aún persisten los errores de diseño vegetal.
Desde aquí un llamamiento a los dirigentes y técnicos superiores a apoyarse en personal cualificado que la EECA de Arucas y otros centros en formación agricola llevan formando años,y yo personalmente he tutorizado sus practicas reconociendo una alta preparación en estos temas.
Sé que algunas personas alérgicas a las picaduras de abejas pondrán el grito en el cielo. Sin embargo, estas mismas personas acuden a parques, jardines y espacios de recreo en el campo donde viven estos insectos, y la mayoría no se queja de las avispas o de las abejas, que son las que menos daño hacen. Ellos también son seres vivos con derecho a vivir y a perdurar en la historia.
Antonio Navarro del Pino es presidente de ADAUCO.






























Vecino de Telde | Viernes, 26 de Junio de 2026 a las 10:15:36 horas
Es de vergüenza lo que ha hecho Juan Francisco Artiles , las euphorbias candelabros estaban en perfecto estado excepto una, con concretamente ubicada en la rotonda frente al ceda el paso de la avenida del cabildo. Ya el sr Artiles le ha cogido manía a los árboles y quiere acabar con ellos para plantar Rosales, ya lo hizo en el parque de Pinocho, lo hizo también en el jardín frente al ayuntamiento, y ahora lo hará en la rotonda del Roque. JUAN FRANCISCO ARTILES DIMISION ARBORICIDA.
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