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Miércoles, 24 de Junio de 2026

Actualizada Miércoles, 24 de Junio de 2026 a las 18:50:03 horas

Colaboración

Diez años elevando la palabra a la cumbre

Reflexión de Esteban Rodríguez García, coach en Gestión Emocional y Mindfulness

ESTEBAN RODRIGUEZ GARCÍA Miércoles, 24 de Junio de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Miércoles, 24 de Junio de 2026 a las 16:10:37 horas

Hay proyectos culturales que nacen para llenar una programación. Y hay otros que nacen para llenar un vacío más profundo: el de la necesidad de encontrarnos, reconocernos y devolverle a la palabra su lugar natural en la vida de los pueblos.

 

Artebirgua Literario pertenece a esta segunda familia. No es solo un festival. Es una manera de mirar la cultura desde la raíz, desde la altura y desde el vínculo. Es una forma de decir que la literatura, la música, la poesía, el pensamiento, el arte y la memoria no pertenecen únicamente a los grandes escenarios urbanos, sino también —y quizá con más verdad— a los caminos, a las plazas, a las casas-cuevas, a las montañas y a los lugares donde la vida se pronuncia con otro ritmo.


Durante estos diez años, Juncalillo de Gáldar ha dejado de ser únicamente un punto geográfico de las medianías para convertirse en un símbolo cultural. Un lugar donde la cumbre no separa, sino que convoca. Donde subir no significa alejarse, sino acercarse a lo esencial. Artebirgua ha logrado algo profundamente hermoso: poner el foco de la cultura en el mundo rural, en las zonas altas, en ese territorio que tantas veces ha sostenido la identidad de Canarias sin hacer ruido, con humildad, con trabajo y con memoria.


En esta décima edición, bajo el espíritu de “Artes en La Cumbre”, el festival vuelve a demostrar su madurez y su fuerza. La programación de 2026 reúne 44 actos y a más de 70 personalidades de los ámbitos cultural, académico, social y político de Canarias y del resto de España, consolidando a Juncalillo como un referente de la Canarias rural y cultural. Pero más allá de las cifras, lo verdaderamente significativo es lo que representan: una década de puertas abiertas, conversaciones, versos, música, pensamiento crítico, reconocimientos, abrazos y presencia compartida.


Si miramos hacia atrás, descubrimos que por Artebirgua han pasado cientos de personas destacadas y relevantes en diferentes ámbitos: escritores, poetas, músicos, investigadores, docentes, artistas plásticos, periodistas, representantes institucionales, agentes culturales, vecinos, vecinas y personas comprometidas con la defensa de la cultura como bien común. Cada una ha dejado algo. Una palabra. Una reflexión. Una emoción. Una semilla. Y las semillas, cuando caen en tierra fértil, terminan haciendo paisaje.


Esa es una de las grandes virtudes de Artebirgua Literario: haber comprendido que la cultura no se impone, se cultiva. No se exhibe únicamente, se comparte. No se consume, se habita. Y cuando un proyecto cultural consigue sostenerse durante diez años, creciendo sin perder su alma, significa que detrás hay algo más que organización. Hay convicción. Hay amor por el territorio. Hay una comunidad que responde. Hay una dirección que cree. Hay una red humana que sostiene.


En ese sentido, resulta justo reconocer la labor de quienes han hecho posible este camino, especialmente la de Manuel Díaz García y Noelia Sánchez Ramos, creadores e impulsores de este encuentro. Su empeño, constancia y amor por la cultura han sido decisivos para que Artebirgua no sea una cita aislada, sino un proceso cultural con identidad propia, capaz de dialogar con la literatura, el patrimonio, el arte, la música y el pensamiento contemporáneo desde una mirada profundamente canaria.


Artebirgua es también una escuela silenciosa de Inteligencia Relacional. Y desde mi mirada, como Coach en Gestión Emocional, ese es uno de sus grandes valores. La cultura, cuando es auténtica, no solo transmite conocimiento: crea vínculos. Nos enseña a escuchar, a conversar, a mirar al otro con más profundidad. Nos recuerda que nadie construye nada importante en soledad. Toda obra humana necesita relación, cuidado, respeto, paciencia y presencia.


La Inteligencia Relacional no consiste solo en saber tratar con los demás. Es algo más hondo: es comprender que somos relación. Que nos hacemos en el encuentro. Que una comunidad se fortalece cuando aprende a reconocerse en sus diferencias, a celebrar sus talentos y a sostener sus raíces sin cerrarse al mundo. Artebirgua ha practicado esa inteligencia de manera natural: reuniendo generaciones, disciplinas, sensibilidades y procedencias distintas bajo un mismo techo simbólico: la palabra compartida.


Y ahí aparece también la filosofía de vida que defiendo desde hace años: lo máximo con lo mínimo. Porque Artebirgua tiene mucho de MAXIMÍN. Con lo esencial —una idea, una plaza, una voz, una guitarra, un poema, una conversación, una comunidad que se reúne— se puede generar algo inmenso. No siempre hacen falta grandes estructuras para provocar grandes transformaciones. A veces basta con cuidar bien lo pequeño, sostener una intención limpia y creer que una palabra dicha desde el alma puede mover algo dentro de quien la escucha.


Artebirgua nos recuerda que lo mínimo, cuando está lleno de sentido, se vuelve máximo. Que una lectura en la cumbre puede abrir más conciencia que mil discursos vacíos. Que una canción compartida puede reconciliarnos con la memoria. Que una conversación bien cuidada puede sembrar futuro. Que un festival cultural puede convertirse, con el paso de los años, en una forma de pertenencia.


Por eso, celebrar diez años de Artebirgua Literario no es solo celebrar una efeméride. Es celebrar una manera de estar en el mundo. Una forma de entender Canarias desde la palabra, la emoción, el pensamiento y la comunidad. Es celebrar a todas las personas que han subido a Juncalillo para entregar algo de sí. Es celebrar a quienes han escuchado, organizado, acompañado y creído incluso cuando las cosas no eran fáciles.


Diez años después, Artebirgua no solo ha crecido. Ha echado raíces. Y cuando un proyecto cultural echa raíces en la tierra y alas en la conciencia colectiva, deja de ser un evento para convertirse en patrimonio emocional de un pueblo.


Quizá por eso, cuando hablamos de Artebirgua Literario, no hablamos únicamente de literatura. Hablamos de memoria viva. De identidad. De cultura que sube a la cumbre para recordarnos que también nosotros podemos elevar la mirada. Hablamos de un espacio donde la palabra vuelve a tener cuerpo, música, rostro y abrazo.


Y en tiempos de tanto ruido, tanta prisa y tanta desconexión, un festival así no solo es necesario: es profundamente sanador.


Porque donde la cultura convoca, la comunidad respira.


Y donde la palabra se cuida, la vida encuentra sentido.


Esteban Rodríguez García, coach en Gestión Emocional y Mindfulness.

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