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Domingo, 21 de Junio de 2026

Actualizada Domingo, 21 de Junio de 2026 a las 09:27:51 horas

Primera Plana

Tinta sobre la sima de Jinámar

Columna de Rafael Álvarez Gil

RAFAEL ÁLVAREZ GIL Domingo, 21 de Junio de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Domingo, 21 de Junio de 2026 a las 07:41:47 horas

 El silencio es un mecanismo represivo más de las dictaduras. Las represalias, el dolor lancinante que conlleva en las víctimas y sus familias, se concentran en dosis inexpugnables al olvido de la sangre propia. Y no hay verdad que salga a relucir sobre el tapete, antes o después. Los asesinatos perpetrados por los golpistas, militares y falangistas de bota y correaje, ‘camisas viejas’ y miserables sin escrúpulos, a partir de 1936 lanzando cuerpos[Img #1059858] al vacío de los que consideraban republicanos y, por tanto, opuestos al alzamiento cuartelero bendecido por terratenientes y el gran capital. Maestros, sindicalistas, campesinos… fueron arrojados a la sima de Jinámar en Telde.

 

Fue el periodista José Luis Morales (Agüimes, 1944) el que sacó este horror a la luz pública en los albores de la Transición. Su novela ‘Sima Jinámar’ (Ediciones de la Torre, 1977) concitó pleitos y ataques del búnker franquista que aún no se había acostumbrado a que el poder empezara a compartirse, a democratizarse. Por poco que fuese, por angostadas que supusieran aquellas primeras libertades.

 

Morales, de tinta insobornable, tuvo su trinchera (que cada mesa sea un Vietnam, como reza el oficio) en ‘Interviú’. Una revista rompedora que cautivó a los lectores con la ensalada del reporterismo esmerado, el de investigación de largo aliento y las fotografías de mujeres en la portada; esto último hoy (por fortuna) sería inimaginable.

 

Hace dos décadas, más o menos, que el agüimense no venía a Gran Canaria. Hasta entonces lo hacía con frecuencia. La mezcla de jubilación y enfermedad supone impedimentos. Y las dolencias, aunque sean emocionales, del que sufrió el exilio (como fue su caso) también dejarán huella; que quizá mitigue en el barrio de Malasaña de Madrid donde reside con visitas de amigos y compartiendo tertulias.

 

En la década de los años cuarenta, cincuenta, sesenta y setenta, en los hogares teldenses de San Juan y San Francisco se vertió de una generación a otra el espanto y crueldad de la sima de Jinámar. Los nombres del vecindario que se murmuraban que habían participado en aquella atrocidad, se mentaban en las cocinas. Todo en silencio, en absoluto silencio. En un silencio interior que solo comenzó a disiparse con la Transición.

 

Morales tuvo un indudable protagonismo en destapar ese episodio. Como él mismo te responde a bocajarro: ‘El País’ nunca me hubiera publicado lo de la sima de Jinámar. En ‘Interviú’ tuvo su carro de combate: máquina de escribir y tinta. Ansias enormes de libertad. Luego no se arrugó con el terrorismo de Estado de los GAL durante el ‘felipismo’. Este lunes cumple años con las botas puestas. A saber si le concederán (a tiempo) una de esas medallas y chatarra institucional que se entrega cada curso a los personajes ilustres. Seguro que a Morales se las trae al pairo. Fue indomable.

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