
La visión del que tiene que chutar es diferente a la del portero. Ambos tienen su cometido y, a su vez, cada uno ostenta su propia perspectiva. Cada penalti es un mundo, una rapsodia al caos del vacío aún por cubrir; eso sí, de gloria o pena, o mejor dicho, de las dos cosas pues uno (el que sea) triunfará y el otro perderá. El relato de chutar a puerta, en un penalti para más inri, tiene su extensión a la vida sin más. En esta hay momentos decisivos, lo sepamos o no, que decantan el transcurrir de la trayectoria.![[Img #1059858]](https://teldeactualidad.com/upload/images/03_2026/2748_foto-columna-1.jpg)
Son esos momentos que tienes que tomar una decisión, o la toman por ti, y te queda acatarla, que se erige en un punto de inflexión. Malo es no tener que pasar por ningún trance de estos, ya que supone una vida plana y sin crecimiento. Es más, la magnitud personal suele medirse por los enemigos que uno tenga. A más enemigos y más poderosos sean, más temible eres. Ese maquiavelismo impregna a la sociedad y a sus actores: las personas.
Así pues, chutar no está disponible para todos. Y otra cosa: el tiempo que pasa entre que tomamos la decisión de hacia dónde chutar, la carrerilla y el disparo en sí a portería, es otro eufemismo de esa competición que es la vida.
El neoliberalismo propugna el darwinismo social. Esto es, todos contra todos para ver quién sobresale o, meramente, sobrevive. Ya no es chutar para mejorar y, por ende, los demás también lo hagan gracias al esfuerzo mutuo, sino que es directamente una guerra salvaje donde los pobres son cada vez más pobres y, por su parte, los ricos lo son todavía más.
Claro está, los ricos no necesitan chutar. Probablemente, otros chutaron ya por ellos previamente. La riqueza se traslada de una generación a otra. Las divisiones sociales persisten. Sobre todo, cuando el ascensor social está roto; que es lo que acontece en España y Europa tras la Gran Recesión de 2008. La clase media se antoja una promesa rota. Un sueño estropeado que no se puede arreglar fácilmente porque fue fruto de conquistas colectivas, políticas y sindicales; esos sí que tuvieron que chutar durante todo el siglo XX. Por cierto, ¿quién será el portero y el que golpea al balón? ¿Qué rol desempeñará el rico y el pobre en el aprieto de chutar? En medio de ambos, resta la justicia social.













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