
¿Talar por sistema o evaluar con ciencia? Análisis del riesgo de caída de la Euphorbia ingens de La Barranquera
La reciente tala de once ejemplares de Euphorbia ingens (popularmente conocidas como candelabros) en la rotonda de El Roque, sumada a la desaparición previa de las emblemáticas buganvillas monumentales y de otros dos ejemplares en la playa de Melenara, ha encendido el debate ciudadano. Todos eran gigantes verdes con más de treinta años de historia viva en nuestro municipio.![[Img #1061073]](https://teldeactualidad.com/upload/images/04_2026/4909_9026_domingo-riguela-padron-opinion-2026.jpeg)
Ante el malestar generado, mi intención no es juzgar el contenido técnico de los informes que motivaron estas talas; de hecho, he optado conscientemente por no leerlos para evitar sesgos. Lo que pretendo, desde una perspectiva estrictamente profesional, es abrir la "caja negra" de la arboricultura moderna y explicar cómo se evalúa, se mide y se gestiona objetivamente el riesgo del arbolado en nuestras ciudades.
Para determinar si un ejemplar es peligroso, el sector verde no improvisa. Existe un marco científico riguroso de buenas prácticas regulado por la Norma Tecnológica de Jardinería y Paisajismo (NTJ 15R-1). Este estándar no es el capricho de un solo analista; es el resultado del consenso de equipos multidisciplinares compuestos por biólogos, ingenieros de montes e ingenieros agrícolas, entre otros.
Lejos de una simple inspección visual superficial, la metodología científica obliga a cruzar una amalgama de trece variables críticas: factores botánicos, climáticos, de gestión, edafológicos (del suelo), dendroestáticos, fitopatológicos (enfermedades), dendromecánicos (fuerzas de tracción y carga del peso), paisajísticos o urbanísticos, por citar algunos. Además, la buena praxis dicta que el riesgo no debe analizarse de forma aislada, árbol por árbol, sino integrarse en un mapa de riesgo global. Llegados a este punto, la pregunta es obligada: ¿Dispone Telde de un Mapa de Gestión del Riesgo del Arbolado Urbano? Me temo que todos compartimos la respuesta.
Hace unos días, conversando con un buen amigo sobre la drástica actuación en El Roque, él me dio la clave para ilustrar cómo debería funcionar una valoración técnica rigurosa en el municipio. Me recordó un caso evidente y cotidiano: la Euphorbia ingens ubicada en la isleta de acceso a la rotonda de la Maternidad (La Barranquera). Este ejemplar lleva décadas sufriendo caídas recurrentes de brazos.
Usemos este árbol real para desgranar los tres componentes esenciales que componen una evaluación de riesgo objetiva: los factores del árbol, los factores del entorno y las dianas.
Lo primero que debemos conocer es la tipología del riesgo de la especie. En este caso, la principal debilidad de la planta es la rotura de ramas debido a que la lignificación y el desarrollo de fibras estructurales se concentra principalmente en el tronco y en las bases de los brazos inferiores más viejos, dejando las ramificaciones medias y superiores desprovistas de este sostén mecánico y cargadas de un enorme peso hídrico; aunque las fracturas basales o los vuelcos por pudrición radicular son menos frecuentes, también ocurren. Al observar este ejemplar concreto a simple vista, el diagnóstico es preocupante: presenta clorosis (pérdida del color verde sano), falta de turgencia, baja vitalidad, chancros y necrosis evidentes, además de las cicatrices mal curadas de antiguas roturas que arrastra durante años. Es muy probable que sufra una patología fúngica (por hongos), algo que solo una analítica de laboratorio podría certificar. Mecánicamente, sus brazos soportan fuerzas críticas de torsión, compresión y tensión continua.
El entorno urbano agrava notablemente la situación. La planta se encuentra completamente expuesta a los fuertes vientos de la zona, sin edificios ni otros árboles que actúen como pantalla protectora. Para colmo, su sistema radicular está severamente confinado, rodeado por el asfalto de la calzada a menos de un metro del tronco. El riego por goteo que recibe tampoco ayuda a desarrollar raíces profundas y de anclaje firme, fomentando en su lugar un enraizamiento muy superficial.
En arboricultura, una "diana" es cualquier elemento (persona, vehículo o infraestructura) que puede ser golpeado si el árbol colapsa. El área de impacto no equivale al tamaño del árbol: debido a que los restos suelen fragmentarse y salir despedidos, el protocolo establece un radio de seguridad de 1,5 veces su altura (siendo mayor en la dirección a favor del viento o barlovento). Con una altura estimada de más de 8 metros para la euforbia de La Barranquera, su radio de impacto crítico alcanza los 12 metros alrededor.
Al cruzar estas variables en las matrices de cálculo estandarizadas, el resultado no es ambiguo ni arbitrario: la probabilidad de caída es probable, la probabilidad de impacto es elevada (en mitad de la calzada) y las consecuencias serían graves, considerando que a unos 10 metros a barlovento se sitúa una parada de guaguas de Global. El diagnóstico final es un riesgo elevado, lo que se traduce en una tolerabilidad del riesgo inaceptable. Ante una situación así, los protocolos internacionales dictan una ruta clara: la ejecución inmediata de un trasplante si la viabilidad técnica lo permite; y si el árbol no es recuperable, proceder a su tala por estricta seguridad pública.
Quienes tengan la oportunidad de examinar el informe técnico de la rotonda de El Roque deberían cotejar si se aplicaron estos mismos criterios de proporcionalidad y tolerabilidad del riesgo (punto que pongo en duda) y, sobre todo, aclarar técnicamente por qué se desechó la opción del trasplante en ejemplares tan significativos.
Por último, es urgente poner el foco sobre un problema invisible pero alarmante: la gestión de los residuos. La Euphorbia ingens genera un látex blanquecino en verde que resulta extremadamente tóxico para la fauna, las personas y, de manera crítica, para los acuíferos subterráneos. Estos restos vegetales no pueden ser triturados para compostaje convencional, ni enterrados en cualquier suelo agrícola, ni vertidos en plantas de Residuos de Construcción y Demolición (RCD) que no estén autorizadas para materiales peligrosos. Su único destino legal y seguro es el vaso de vertido específico del Ecoparque Norte.
Animo firmemente tanto al Sr. Alcalde como a los miembros del grupo de gobierno y de la oposición a fiscalizar y solicitar los justificantes de entrega de este residuo. Debemos asegurarnos de que una gestión ambiental cuestionable en la superficie no se haya convertido, además, en un problema de contaminación silenciosa en nuestro subsuelo.











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