
El barrio teldense de San Antonio puso este domingo el punto final a sus fiestas patronales en honor a San Antonio de Padua, después de diez días de celebraciones que comenzaron el pasado 5 de junio con el pregón pronunciado por el vecino Rafael Hernández Santana, una figura muy vinculada al barrio, agricultor, folclorista y policía nacional jubilado, que abrió oficialmente unos festejos marcados por la convivencia vecinal y el arraigo popular.
La jornada de clausura reunió a numerosos vecinos y visitantes en torno a los principales actos religiosos y festivos organizados en el barrio, en una cita marcada por el fuerte calor y la participación ciudadana. El programa dominical arrancó a las 12.00 horas con una solemne eucaristía al aire libre, celebrada frente a la histórica ermita mudéjar y oficiada por el vicario parroquial de la Basílica de San Juan, Alejandro Carmona.
El oficio religioso congregó a una destacada representación vecinal y municipal, entre ellos la vicealcaldesa de Telde, María González Calderín, así como los concejales Miguel Rodríguez, responsable de Festejos, y Carmen Batista, edil de Recursos Humanos, que acompañaron a los vecinos en el cierre de unas celebraciones profundamente arraigadas en el calendario festivo del municipio.
Procesión entre fervor y tradición
La emoción tomó protagonismo a partir de las 13.30 horas, cuando los acordes de la Banda Municipal de Música de Telde anunciaron el inicio de la tradicional procesión por las calles del barrio. Los vecinos acompañaron durante el recorrido las imágenes de San Antonio de Padua, la Virgen de Fátima y el Sagrado Corazón de Jesús, en una estampa cargada de simbolismo, recogimiento y devoción popular.
Las calles del barrio se llenaron de residentes y familias que, como cada año, salieron al paso de las imágenes para rendir homenaje a unas fiestas que conservan intacta buena parte de su esencia tradicional.
Música y convivencia para despedir las fiestas
La parte más festiva de la jornada llegó poco después con la ya tradicional Verbena del Solajero, que desde las 14.30 horas convirtió la plaza del barrio en un espacio de convivencia, música y baile al aire libre.
El grupo Luz de Luna fue el encargado de poner ritmo al cierre de las fiestas, animando a vecinos y asistentes en una tarde de celebración compartida que sirvió para despedir unas fiestas marcadas por la participación vecinal y el ambiente familiar.
Con este broche final, San Antonio baja el telón a unas celebraciones que arrancaron hace apenas diez días con el emotivo pregón de Rafael Hernández, quien apeló al orgullo de barrio, la memoria colectiva y las raíces de un enclave que sigue preservando con fuerza sus tradiciones.
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