Un arboricio más en Telde, el municipio que miente con su supuesta estrategia contra el cambio climático.
Dedicado con repulsa al responsable del área de Parques y Jardines que dio la órden de talar las euforbiáceas y los arbustos de porte arbóreo que embellecían el paseo del litoral y la rotonda de El Roque. En ambos casos, órdenes injustificables.
Es ésta una frase que quedará para la historia, atribuida al insigne don José de Viera y Clavijo, máximo exponente de la Ilustración canaria -no sé si su nombre será suficiente información para que algunos sepan de quien estamos hablando, pues con sus acciones demuestran falta de respeto a los vecinos y ciudadanos y poca o nula educación-. Son personajes sin corazón, capaces de arrasar sin temblarles el
pulso, con lo poco de verde que hay en Telde, pues lo que no se deja secar se tala. Pero, eso sí, jamás se planta un nuevo árbol. El caso es más dramático e intolerable porque esas plantas no causaban daño a nadie y se encontraban en espacios públicos, sin suponer riesgo alguno para los viandantes y encontrarse en perfecto estado.
Toda justificación gratuita que hacen los técnicos y la corporación en los medios no me sirve ni sirve al ciudadano y no sirven porque no justifican nada si existen medidas alternativas sin la tala de esas especies arbóreas o arbustivas. No me justifica cada como no me lo justificó la tala de todos los pinos marítimos con casi un siglo de existencia que había en Salinetas justo en la acera donde se construye un hotel. Aún se puede constatar, pues los tocones siguen en la acera tras la tala, como dos árboles estaban afectados internamente pero el resto completamente sanos.
De un modo parecido a Melenara, la identidad botánica que tenía la rotonda del Roque ha sido eliminada. Se han cortado sin miramiento alguno tantos las plantas que crecían próximas a la carretera como las del interior. Ninguna causaba daño a la circulación ni a los viandantes que no usan el interior de la rotonda, ninguna estaba enferma, pero había que destrozar la rotonda con mayor cantidad de verde, porque Telde está reñido con la estética, con el cuidado y mantenimiento de sus jardines, con la vida, con la educación y el respeto que deberían tener sus munícipes con sus espacios ajardinados.
Es curioso que cualquier cambio que se hace en cualquier plaza o espacio público del municipio obedece a este modelo:
Primero se tala lo existente, da igual que sean árboles y arbustos de pocos años que sean árboles singulares. Luego se sustituye por cemento, de tal modo que para evitar tentaciones futuras a la hora de volver a plantar, se colocan verdaderas losas de hormigón, véase el paseo de la playa de Melenara donde durante los meses veraniegos que comienzan ya, nadie puede sentarse en ese paseo ni caminar sin quemarse pues eliminaron cualquier vestigio de sombra, u obsérvese cada uno de los alcorques que tenían árboles por toda la ciudad y los barrios -si tienen paciencia pueden contarlos, barrio a barrio, y observarán que son centenares los árboles, eliminados-.
La solución siempre es la misma: árbol talado, losa de cemento.
¿Qué quieren que les diga? Indignados están los residentes de la playa de Melenara -son ellos los que han puesto las cruces y las primeras quejas-, como lo están los vecinos de Taliarte, de Clavellinas y de Salinetas ante la injustificable tala de especies arbustivas bien desarrolladas, sin causa alguna que justifique su eliminación. ¡Y ahora los de El Roque!. No es de extrañar que, consultados los vecinos de esta zona, llamen ineptos a los técnicos y pidan la dimisión de sus responsables!
Pero yo les respondo que nadie dimitirá, que esos personajes viven de la política, desconociéndose de algunos aptitud alguna y la formación necesaria para otros trabajos.
Sólo justifica esta enconada lucha contra todo vestigio de vida vegetal la ignorancia de unos representantes que demuestran con sus actos carecer de un programa bien planificado, con objetivos concretos, de crecimiento en zonas verdes y cuidado de las existentes. Bien al contrario la norma general es una improvisación continua y con ello consiguen el triste podio que el municipio de Telde ostenta: el municipio más desafortunado en cuanto a estética de sus jardines de toda la isla de Gran Canaria. Triste y desesperanzador logro que se ha ganado a pulso.
Y aunque nos cueste creer que una ciudad de más de cien mil habitantes, pueda encontrarse como se encuentra, la cruda realidad del día a día, a los teldenses hace sonrojar.
No entienden el por qué de un mercado municipal abandonado y cerrado desde hace una decena de años o más.
No entienden como un edificio destinado a ser palacio de la Cultura de Telde, haya sido abandonado de igual modo y sigan sin saber que hacer con las obras realizadas.
No entienden que un enorme parking subterráneo delante del edificio citado siga sin uso alguno y se haya abandonado mientras la ciudadanía de Telde y los visitantes no encuentran sitio alguno en todo el centro urbano donde aparcar.
No entienden como un parking aéreo junto al colegio de Infantil-Primaria San Juan, se termina y se abandona, nunca se inaugura y mientras tanto se saquea y vandaliza las máquinas de tickets, la valla protectora…todo.
Y ahí está, como todo lo demás, sumando años sin uso, esperando a que se torne inservible como otros muchos edificios públicos y luego se habilitará otro presupuesto para hacer lo mismo.
No entienden de parques sin vigilancia como el parque de San Gregorio donde todo es un caos de riesgos por roturas del pavimento, materiales oxidados, abandono total al imperio de los perros y de sus defecaciones. No me extraña pues que en otro medio digital -febrero 2026-, titulen un registro fotográfico del mismo con un excabroso: “Parque de San Gregorio: una puta vergüenza para Telde”. Viendo el parque, su abandono y la falta de control de muchos incívicos dueños de perros, no le falta razón al fotógrafo articulista.
Me niego a seguir…
Todo el valor patrimonial en edificios abandonados como la noria de Jinámar, la casa de la Condesa, la casa de los Sall en San Francisco… y junto a este maremagnum de abandono sin término, el maldito empeño en erradicar cualquier vestigio de vegetación urbana.
Es como si existiera una consigna: arrasar con lo poco que hay y, por supuesto, no plantar en su lugar árbol alguno.
Son muchos los espacios libres que deberían ser reforestados porque se idearon en sus proyectos para ello, pero jamás se plantó un árbol. Tal vez uno de los ejemplos más sangrantes de esta política de arrasar con lo verde, de negar terrenos a cubiertas arbóreas, sean los veinte mil metros cuadrados de espacio libre, a ambos lados del vial que desde el cruce de Melenara comunica con las poblaciones costeras teldenses, se encuentra polvoriento y abandonado, y mientras, los vecinos caminan mañana y tarde tostándose al sol, quemándose literalmente, por faltas de una mínima sombra.
Sombra que si existiría si se hubiesen plantado árboles cuando se inauguró esta carretera. Especies de árboles de sombra, que las hay y que vemos en todos los demás municipios de Gran Canaria pero que aquí parece que nadie sabe ni siquiera que existen tales especies.
Es triste que uno vaya a otros municipios, cualquiera, y observe operarios, municipales o no, mimando diariamente sus jardines (Mogán, San Bartolomé de Tirajana, La Aldea, Guía, Moya, Gáldar, Agüimes, Arucas, Santa Lucía…)
¡Qué extraña sensación de desolación y abandono embarga a uno cuando observa el mimo a sus flores en los parterres que bordean la iglesia de Moya, los parterres floridos de Santa Brígida, los jardines y parques de Arucas o los jardines miradores de Tejeda que gozan de un mantenimiento diario, al saber que en su municipio una buena parte de sus parterres se encuentran abandonados, secos, reducidos al mínimo y que, de hacerles alguna intervención se torna en preocupante, pues uno teme lo peor, consiste en cubrirlos de picón o material escoriáceo, cemento y/o césped artificial -si se dan cuenta, todas estás actuaciones tienen un elemento en común: no haya que mantenerlos ni cuidarlos-, eso sí, dichos elementos nada producen, ni oxígeno, ni sombra, ni mitigan las temperaturas, convirtiendo al municipio en menos atractivo, más calurosa, menos transitable y habitable pues las superficies sin árboles está demostrado que se vuelven más caldeadas e insufribles!
¡Sólo un grito unánime consiguió salvar la plantación de casurinas en la playa de Melenara hace unos años, cuando un ignorante e inculto representante de sus ciudadanos dio la orden de talar los pinos marinos para que desde las mesas del restaurante Escuela pudiera verse la playa y el mar! ¡Fuerte catetada y menudo tolete!
Por favor, ¿en manos de quién estamos?
Ahora ya no tiene remedio lo talado en Melenara. No eran plantas protegidas por ley pero sí lo eran por la ley del ciudadano que valora todo aquello que tiene vida y le proporciona satisfacción y salud. De ahí la rabia de todos los vecinos. Es la consecuencia de acciones irreparables, en las que nada se consigue aunque dimitan sus responsables.
Pero sí se puede hacer algo y es exigir a las autoridades que reforesten los espacios que están convirtiendo en inhabitables. No puede haber plazas ni paseos sin árboles que protejan a los ciudadanos de la temida radiación solar y del cambio climático. Las lonetas nada sirven cuando el calor es infernal, ni mitigan la temperatura, ni proporcionan frescura. Eso sí, su colocación genera un jugoso presupuesto, los materiales se deterioran con el paso del tiempo y habrá que aprobar otro presupuesto para reponer la lona. Esto no sucede con los árboles que una vez plantados sólo necesitan mantenimiento y cuidado.
Tenemos la obligación de exigir que se plante donde se taló y habrá que redefinir esa avenida peatonal de Melenara y ese paseo marítimo de litoral donde es imposible encontrar una sombra pues carece de árboles en todo su recorrido y, si alguno quedaba o queda, con arboricidas como quienes dieron la orden de las últimas talas, poco tiempo les queda.
No podemos sustituir la frescura de los árboles por pérgolas. Éstas ayudan a mitigar el calor bajo ellas pera la frescura y un descenso de temperatura lo proporicona la vida, por eso son necesarias plantas verdes.
Es lamentable pensar que el municipio de Telde que forma parte del Pacto de las Alcaldías de octubre de 2017 -pacto que buscaba la ejecución y toma de medidas tendentes a la reducción de emisiones y otras medidas frente al cambio climático y del grupo de Municipios europeos con Plan de acción para el clima y la energía sostenible, aprobado por la Unión Europea desde 2021, no ejerza el compromiso de tomar medidas para combatir el cambio climático con acciones como la reforestación, el cuidado de todas las zonas verdes y mejora de las mismas y no con la ejecución de acciones tan contrarias a los Pactos firmados como son éstas.
Lo que observamos parece sacado de una película de los hermanos Marx, sólo que ellos hacían reir sin provocar daño. La deriva de la concejalía de Parques y Jardines y cualquiera otra que se encuentre implicada hacia lo gris, hacia lo antiestético, hacia el abandono sistemático de los jardines de barrio, hacia el arboricidio sin sentido -recordar que para encontrar una solución a un problema, sólo es necesario un poco de sensibilidad y sobretodo pensar-, no provoca risa alguna y sus bufonadas y nefastas improvisaciones las pagamos todos los ciudadanos con la pérdida de salud y calidad de vida.
José Manuel Espiño Meilán, amante de los caminos y la vida. Escritor y educador ambiental. Miembro de la Plataforma Litoral Limpio, activista y presidente honorífico del Colectivo Ecologista Turcón.























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