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Viernes, 12 de Junio de 2026

Actualizada Viernes, 12 de Junio de 2026 a las 19:39:10 horas

Colaboración

El Evangelio frente a los nuevos fariseos

Reflexión de Diego F. Ojeda, exconcejal del Ayuntamiento de Telde

DIEGO F. OJEDA RAMOS Viernes, 12 de Junio de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Viernes, 12 de Junio de 2026 a las 17:59:36 horas

La visita del Papa León XIV a Gran Canaria ha dejado imágenes que recorrerán el mundo, pero, sobre todo, ha dejado un mensaje que merece ser escuchado más allá de los titulares. Un mensaje profundamente cristiano que, como ocurre siempre con el Evangelio cuando se toma en serio, resulta incómodo para quienes prefieren una religión de apariencias antes que una fe comprometida con las personas.

 

Nuestra isla conoce bien los desafíos de nuestro tiempo. Conoce la llegada de personas migrantes que buscan una vida mejor. Conoce las dificultades de miles de familias para acceder a una vivienda digna. Conoce la precariedad laboral, la pobreza que se esconde detrás de las cifras del turismo y la desigualdad que convive con la prosperidad de algunos sectores económicos. Por eso, las palabras del Santo Padre no pueden entenderse como una simple homilía dirigida a los creyentes. Son una llamada a toda la sociedad.

 

Jesús de Nazaret no habló desde los palacios. Caminó junto a personas pescadoras, agricultoras, enfermas y excluidas. Se acercó a quienes nadie quería ver. Defendió a quienes no tenían voz. Y denunció a quienes utilizaban la religión para reforzar privilegios y mantener posiciones de poder.

 

Por eso sorprende tan poco que, durante estos días, algunos de los que menos se identifican con ese mensaje hayan sido también los más interesados en aparecer cerca del Papa. Hemos visto desfilar a algunos representantes políticos y sociales que rara vez hablan de justicia social, de acogida o de solidaridad, pero que no han querido perder la oportunidad de retratarse junto a Su Santidad.

 

Son los nuevos fariseos de nuestro tiempo.

 

No porque crean. Creer nunca es el problema. El problema surge cuando la fe se convierte en un instrumento de prestigio social, de marketing político o de construcción de una imagen pública. Cuando la fotografía importa más que el compromiso. Cuando la religión se utiliza para señalar al diferente, mientras se ignoran las exigencias del Evangelio sobre la pobreza, la fraternidad y la misericordia.

 

Jesús fue especialmente duro con los fariseos porque confundían la religión con la exhibición pública de la virtud. Rezaban para ser vistos. Cumplían normas para obtener reconocimiento. Defendían una supuesta pureza religiosa mientras olvidaban la compasión y la justicia.

 

Dos mil años después, el riesgo sigue siendo el mismo.

 

Desde una perspectiva cristiana comprometida con la justicia social, la visita de León XIV debería servir para recordar que la fe no puede separarse de la realidad cotidiana. No se puede proclamar amor al prójimo mientras se criminaliza a las personas migrantes. No se puede defender la dignidad humana y permanecer indiferente ante quienes no llegan a fin de mes. No se puede hablar de valores cristianos mientras se desprecia o invisibiliza a quienes viven en la periferia económica o social.

 

Gran Canaria ha sido históricamente una tierra de acogida, de mezcla y de solidaridad. Una tierra que sabe lo que significa emigrar y buscar oportunidades lejos de casa. Esa memoria colectiva conecta profundamente con el mensaje que el Papa ha querido transmitir durante su estancia en nuestra isla.

 

Frente al individualismo creciente, León XIV ha hablado de comunidad. Frente al miedo al diferente, ha hablado de encuentro. Frente a la indiferencia, ha hablado de responsabilidad compartida.

 

Y precisamente por eso su mensaje trasciende cualquier etiqueta ideológica. El Evangelio no pertenece a ninguna ideología ni puede ser patrimonio exclusivo de ninguna opción política. Sin embargo, sí interpela y cuestiona aquellas corrientes de pensamiento que levantan muros frente a quienes llegan buscando una vida mejor, que dan la espalda a las personas más vulnerables o que se oponen a avances sociales orientados a ampliar derechos y dignidad.

 

El mensaje de Jesús obliga a tomar partido por quienes sufren. No desde el enfrentamiento ni desde el sectarismo, sino desde la compasión, la justicia y la defensa de la dignidad humana. Y eso tiene consecuencias concretas en la manera de entender la política, la economía y la convivencia.

 

Cuando dentro de unos años recordemos esta visita, probablemente habremos olvidado muchas de las fotografías oficiales. Lo que permanecerá será la pregunta que el Evangelio sigue formulando a cada generación: ¿qué hiciste con tu hermano cuando más te necesitaba?

 

La respuesta no se encuentra en los actos protocolarios ni en las imágenes para las redes sociales. Se encuentra en las decisiones cotidianas, en la capacidad de compartir, en la defensa de la dignidad humana y en la construcción de una sociedad más justa.

 

Porque, al final, como enseñó Jesús de Nazaret, no seremos juzgados por nuestra cercanía al poder, sino por nuestra cercanía a los más pequeños.

 

Y esa es una lección que ni los nuevos fariseos han conseguido cambiar.

 

Diego Fernando Ojeda Ramos fue concejal del Ayuntamiento de Telde y actualmente es asesor en la Consejería del sector Primario, Soberanía Alimentaria y Seguridad Hídrica del Cabildo Insular de Gran Canaria.

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