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Viernes, 12 de Junio de 2026

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El Majadero | El pulso ciudadano por el verde urbano

La motosierra de Telde: cuando los cardones molestan

Parques y Jardines convierte El Roque y Melenara en el último capítulo de una política vegetal sin explicaciones previas, mientras crece la indignación vecinal por el paisaje perdido

PEDRO REGALADO Jueves, 11 de Junio de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Jueves, 11 de Junio de 2026 a las 20:49:09 horas

Hay políticos que inauguran jardines. En Telde, últimamente, parece que algunos han decidido especializarse en despedirlos. No con flores ni placas conmemorativas, sino con el rugido de la motosierra y el noble arte de convertir rotondas históricas en paisajes lunares.

 

La ciudad asiste atónita al curioso fenómeno de la jardinería inversa: cuanto más consolidada está una zona verde, más posibilidades tiene de desaparecer bajo el noble argumento del “mantenimiento”. Ocurrió en el Parque Pinocho, siguió en los parterres de Melenara y ahora le ha tocado a la rotonda de El Roque, esa carta de presentación vegetal que saludaba a vecinos y visitantes con un ejército de cardones perfectamente adaptados al paisaje teldense. Bueno, saludaba.

 

La explicación oficial sigue sin llegar. Se alega que si seguridad vial, que si riesgo de caída, que si urgencia técnica. Curioso concepto de urgencia: durante años nadie vio peligro alguno y, de repente, los cardones se despertaron convertidos en una amenaza pública de primer nivel, casi al nivel de un ciclón tropical armado con pinchos.

 

La ciudadanía, que tiene el feo defecto de mirar y hacerse preguntas, se pregunta algo bastante razonable: si existía un peligro tan inminente, ¿por qué nadie fue informado antes? ¿Dónde estaban los informes técnicos cuando las máquinas ya estaban trabajando? ¿No había una alternativa menos drástica? Porque entre dejarlo todo igual y practicar un “cardonicidio” con vocación de tierra quemada suele haber términos medios: podas selectivas, apuntalamientos, reducción controlada o, ya puestos, sentarse cinco minutos a pensar.

 

Lo verdaderamente fascinante del asunto no es solo la poda radical; es el mutismo  previo y posterior de la Concejalía de Parques y Jardines que dirige unn edil que se amula cuando las críticas sacuden su gestión. El Gobierno local ha desarrollado una habilidad digna de estudio: para apagar incendios políticos hay reflejos olímpicos; para explicar por qué desaparecen trozos enteros del paisaje urbano, reina una calma zen digna de monasterio tibetano.

 

Cuando hubo que salir al paso de rumores sobre el Centro Ocupacional de Jerez, el Ayuntamiento reaccionó a velocidad supersónica, comunicado en mano y micrófonos calientes. Para los cardones, sin embargo, la estrategia fue distinta: primero se tala, luego ya si eso se explica… o no. Política de hechos consumados, que llaman algunos. Tú llegas a la rotonda, miras alrededor, ves el desierto ornamental y ya entiendes que alguien decidió por ti.

 

El problema no es solo ecológico. Es emocional. Los barrios también tienen memoria visual. Los árboles, cardones y jardines forman parte de la identidad de una ciudad tanto como sus plazas o sus iglesias. Arrancarlos sin diálogo previo es mandar un mensaje bastante feo: “No hace falta explicar nada, ya lo entenderán después”.

 

Y en todo este sainete paisajístico, el área de Parques y Jardines —que dirige Juan Francisco Artiles, de Más por Telde— parece haber optado por la táctica del avestruz, esconderse y no dar la cara públicamente. Una mezcla entre el “no se preocupen” y el “ya estaba decidido”, que no ha servido precisamente para apaciguar el creciente malestar vecinal.

 

Mientras tanto, Telde sigue descubriendo una nueva filosofía urbanística: menos sombra, menos verde y más cemento emocional. Eso sí, siempre por nuestro bien. Porque ya se sabe: los cardones, peligrosísimos. Sobre todo cuando llevan décadas quietos sin molestar a nadie.

 

Y así, poco a poco, Telde corre el riesgo de convertirse en una ciudad tan segura que un día no quede nada que proteger.

 

Pedro Regalado.

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