
Hoy León XIV concluirá su visita. Tenerife será el último paso antes de regresar este mismo viernes a Roma. La tierra canaria ha concitado su atención. Y de lo que sobresalió este jueves, si es que se puede escoger entre tantas emociones, fue su visita al muelle de Arguineguín (Mogán). Un lugar, relativamente pequeño, que atrapa toda la energía fronteriza del sur mirando a África. Allí se vivió el dram
a de pateras y cayucos como nunca se había visto en el archipiélago, desde que llegasen los primeros migrantes jugándose la vida en la época en que Adán Martín era presidente autonómico.
Ha llovido mucho desde entonces y, sin embargo, el fenómeno migratorio (el drama) ha sido creciente. Y no tiene visos de que vaya a detenerse. Al menos, hasta que se invierta en los países de origen para que nadie se vea forzado al exilio y a ser pasto de las mafias.
En breve, cuando haya transcurrido la estela del viaje del pontífice a Canarias, irán por Arguineguín y la postal ya no será la misma. La placidez de sus jornadas sí lo será. Y sus alrededores. Pero sabiendo que estuvo León XIV y dejó impregnado su testimonio universal, nadie podrá ver el muelle igual. La visita supone un antes y un después. Expande la dignidad frente a tanta vergüenza y abandono acumulado.
La alocución del servidor público de Salvamento Marítimo fue muy ilustrativo de ese otro mundo que no se ve durante el día cuando impera el sol y el buen clima. Las noches son otra cosa. La mar es brava. Y asoma el miedo. Cuántas vidas habrán sido truncadas en el camino. Nunca lo sabremos. El Atlántico como un cementerio del silencio inmenso. La cantidad de familias en origen que no sabrán nada de los suyos que en el algún momento decidieron apostarlo todo y, en cambio, no ha habido ninguna llamada ni detalle de su existencia. Las flores que León XIV arrojó a la mar iban por todos ellos.
La esclavitud sexual entra por el sur de Gran Canaria como cobro que imponen las mafias. Mujeres que tornan en prostitutas a gusto de los chonis e isleños para deleitarse con fornicaciones en las que ponen precio al cuerpo de la otra persona, es la salida inmediata de tantas engañadas y manipuladas. El papa alertó de huir (en origen) de las falsas promesas, de esos cantos de sirena. Invertir y cooperar en el desarrollo en el denominado tercer mundo es urgente.












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