El camino hacia la justicia, la verdad y la reparación de la memoria histórica nunca ha sido sencillo, pero se sostiene firmemente gracias a la inquebrantable voluntad de quienes se niegan al olvido. La reciente aprobación por parte del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, liderado por el ministro canario Ángel Víctor Torres Pérez, para proceder a la exhumación de la fosa común del cementerio de Vegueta, marca un hito fundamental en el archipiélago. Este logro institucional no es un hecho fortuito ni un regalo burocrático; es el fruto directo de una lucha colectiva, persistente y dolorosamente prolongada.
Una victoria de esta magnitud pertenece, en primer lugar, a la inmensa red de solidaridad civil que ha abrazado la causa. El agradecimiento es infinito hacia las más de 32 organizaciones sociales, sindicales, culturales y políticas que han brindado un apoyo incondicional a este reclamo histórico. Este respaldo masivo demuestra que la exigencia de dignidad no es el anhelo aislado de un puñado de personas, sino una demanda democrática transversal y profundamente arraigada en el tejido social canario.
Sin embargo, detrás de este avance institucional se esconde la verdadera columna vertebral de esta causa: la lucha incansable de las familias durante décadas. Han sido generaciones enteras de hijos, nietos y familiares los que han cargado sobre sus hombros el peso del silencio impuesto, la indiferencia de las administraciones y el dolor de la ausencia. Durante casi noventa años, estas familias han tenido que acudir a un cementerio sabiendo que los suyos yacían amontonados de forma anónima, despojados de sus nombres y de su historia. Han soportado el paso del tiempo, el fallecimiento de muchos de los testigos directos y los constantes portazos institucionales, manteniendo encendida la llama de la memoria con una resistencia ejemplar frente al olvido sistemático.
Hoy, ese esfuerzo monumental empieza a dar sus frutos y el proceso finalmente camina. Ante la esperada y obligatoria implicación del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y del Gobierno de Canarias, las promesas parecen transformarse en acciones concretas. Pero la experiencia ha enseñado a la Agrupación FFCC Vegueta que la burocracia suele ser lenta y los compromisos políticos, volátiles.
Por ello, el optimismo actual no da espacio a la complacencia. Las familias siguen y seguirán vigilantes, actuando con la cautela que otorgan las décadas de desengaños, pero con la convicción absoluta de que esta vez se llegará hasta el final. No se trata únicamente de abrir la tierra de Vegueta; se trata de reparar una herida abierta que sangra desde el golpe de estado fascista del 36 en el corazón de nuestra sociedad.
La meta irrenunciable está trazada: rescatar de ese espacio de horror absoluto hasta el último resto humano de quienes fueron sepultados en la clandestinidad y el oprobio. Es hora de devolverles la identidad, el respeto y el lugar de honor que les corresponde en la historia de la libertad de nuestro pueblo. Una democracia plena no puede construirse sobre fosas comunes, y la justicia no se detendrá hasta que la última de nuestras víctimas sea recuperada y despedida con la dignidad que siempre mereció.
Francisco González Tejera es activista social de izquierda.



































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