
Está muy bien eso de que, al menos unos días al año, nos planteemos lo que significa vivir en estas islas, el “modo canario” que ha puesto de moda el presidente Clavijo. Está muy bien que se haga una defensa del habla, del uso de “ustedes”, de las expresiones y el vocabulario propio. Pero, estaría mucho mejor si se apostase realmente y de manera estructural por nuestra idiosincrasia y por ende por nuestra permanencia como pueblo.
Y para esto me temo que solo hay una manera: invertir de manera transversal en educación. Tampoco hay que inventar nada, ya lo hizo con éxito “la escuela canaria “en los ochenta, cuando los partidos nacionalistas apostaron por incentivar, potenciar e integrar nuestros valores como cultura en la escuela.
Entonces, nadie dudaba de que la educación era el pilar más importante, la huella indeleble que imprime, para siempre, las condiciones necesarias para valorarnos y respetarnos. Actualmente los contenidos canarios aparecen en los programas educativos porque la ley lo obliga, otra cosa es su implementación en el aula. Muchas veces, porque los mismos docentes desconocen nuestra cultura, nuestra historia y patrimonio. ¿Si no lo conocen cómo lo aplican?
Los docentes, actualmente, están desbordados, exhaustos y desmotivados. Solo hay que ver las manifestaciones en Cataluña y otras comunidades demandando una bajada de ratio en el aula, una subida de salario y una enseñanza de calidad. Lo que no entiendo es como en Canarias no hay ninguna movilización. Debe ser “el modo de hacer canario”.
En menos de cuarenta años, los maestros y profesores han pasado de ser los adalides de la cultura y la innovación social a convertirse en cuidadores y funcionarios, supervivientes de un sistema burocrático y mercantilizado. No hay espacio ni tiempo para trabajar los valores identitarios. La enseñanza de nuestra cultura queda desplazada a estos días de mayo. Este viernes, previo al día de Canarias, todos los colegios vestirán a los niños y adolescentes con sus trajes típicos, bailarán y cantarán alguna canción de nuestro folclore y, con suerte, se comerán algunas papas arrugadas con clíper de fresa. Pero unos días después, volverán a la rutina de una enseñanza centralista, descontextualizada y uniforme. Sé de que hablo.
Si realmente creyéramos en la educación sabríamos que esta es la pieza clave para valorarnos y respetarnos siendo conscientes de nuestro inmenso patrimonio histórico y cultural.
Cuesta entender porqué nuestros alumnos no saben quién fue Viera y Clavijo, Negrín, Blas Cabrera, Secundino Delgado o Ángel Guimera. Menos aún saben cómo fue la conquista o qué sucedió en nuestro pasado reciente. ¿Cómo vamos a pedirles entonces qué valoren su historia, su legado y que, de esta manera, sean enraizados en sus vidas?
Un pueblo que no se conoce no se respeta. Y conocerse no entra por un día específico, un slogan o una campaña mediática. El conocimiento se debe trabajarse cada día, desde las edades más tempranas, desde las instituciones más altas.
Y sin embargo, cada día soy más consciente de que, si realmente conociesen el esfuerzo, el trabajo de nuestros antepasados, las semillas que plantaron, las eminentes figuras que nos precedieron, el valor y la riqueza de nuestro legado, estarían orgullosos de pertenecer a estas islas.
Pero, solo tienen que saberlo.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura y escritora.
































Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.179