¿Qué proporcionará la visita del Papa, aparte de su reconocimiento por la acogida del pueblo canario a tantas personas migrantes, por el despliegue extraordinario del voluntariado, además de rezar por los y las fallecidas en esta ruta atlántica tan mortífera? La repercusión de su presencia debe darnos fórmulas para poder iniciar el
camino que nos ayude en esta encrucijada.
El ahora ya lo sabemos: Decoramos la ciudad con flores de múltiples colores, aseamos los espacios que visitará, planificamos recorridos, los coros ensayan, bajamos a la Virgen del Pino y subimos al Cristo de Telde, nos apuntamos en cada iglesia para acudir a su encuentro o a sus misas, por devoción para unos; por curiosidad, para otros; o por encontrar la esperanza que necesitamos. Ya no hay espacio ni guaguas ni aparcamientos para satisfacer tantas solicitudes.
Se va el Papa y...
Después...
¿El puerto de Arquineguín seguirá siendo el puerto de la vergüenza, convertido en el símbolo de una crisis que disparó la tensión social en el archipiélago canario y cuestionó la política migratoria española?
¿Continuaremos con los más de 5.500 menores extranjeros en tutela distribuidos en ochenta centros gestionados en su mayoría por ONG o fundaciones, esperando a que cumplan 18 años para deshacernos de ellos?
¿Escucharemos más veces el mismo vocabulario que justifica que no se haga nada porque ya acogemos por razones humanitarias y sostenibilidad económica de España?
¿Seguiremos asistiendo a los continuos enfrentamientos entre las personas responsables de las comunidades autónomas?
¿Qué esperamos de esta visita que puede ser histórica con respecto a la migración?
• Favorecer una política común para España y para toda Europa, no solo para las tierras fronterizas.
• Un reparto equilibrado.
• Una planificación para su formación –exclusiva para estas personas. Conocer qué se necesita exactamente.
• Generar equilibrio demográfico.
• Realizar una integración que sea apropiada donde nos aceptemos y haya sitio para cada persona: las que estamos y las que llegan, generando un estado de bienestar, si fuera posible.
¿Y cómo? Con valentía, con responsabilidad, sin mentiras, sin pensar en intereses políticos, con inteligencia y profesionalidad.
Julia Mª Arnaiz Castro es maestra jubilada.











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