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Lunes, 01 de Junio de 2026

Actualizada Lunes, 01 de Junio de 2026 a las 17:41:11 horas

Desde la acera de enfrente

Canarismo como identidad

Reflexión de Gregorio Viera, exconcejal socialista

GREGORIO VIERA VEGA Lunes, 01 de Junio de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Lunes, 01 de Junio de 2026 a las 16:18:08 horas

La conmemoración del Día de Canarias, el 30 de mayo, impregna cada rincón de nuestra geografía con una variedad de eventos que convergen en torno a la celebración del orgullo de una tierra y su gente. Nadie con sentido común negaría las particularidades históricas, culturales e incluso lingüísticas del archipiélago: la herencia guanche, el viento alisio, nuestra idiosincrasia, la lucha canaria, el silbo gomero, un acento inconfundible y una relación compleja con la lejanía geográfica. Estos elementos constituyen el canarismo como fenómeno social y afectivo.

 

El debate sobre la identidad canaria continúa siendo delicado. En parte, debido a que durante décadas se redujo el canarismo a una mera expresión folclórica, y en parte, porque ciertos sectores nacionalistas han intentado apropiarse del concepto, transformándolo en una especie de certificado ideológico: si no se adhiere al nacionalismo, se percibe como menos canario.  Es en este punto donde el canarismo deja de ser una identidad para convertirse en un mecanismo de exclusión.


El problema surge cuando dicha identidad se instrumentaliza con fines ideológicos. Algunos sectores nacionalistas han construido una narrativa que establece que el “verdadero canario” debe adoptar una determinada postura política: más alejada de España, más reivindicativa territorialmente o más cercana a símbolos nacionalistas. Quienes no comparten esta visión son etiquetados como canarios “alienados”, “colonizados” o “españolizados”.


Canarias se distingue como una comunidad autónoma singular, no simplemente “como otra más”. La lejanía geográfica, la condición atlántica, la rica historia migratoria, nuestra diversidad cultural y la relación económica desigual con el Estado han configurado una sensibilidad propia y diferenciada. El canario medio percibe el tiempo, la distancia, la familia, el habla e incluso la relación con la autoridad de manera distinta a muchos territorios peninsulares, e incluso existe una percepción diferenciada entre las distintas islas.

 

La identidad no se define únicamente por la ascendencia o la bandera, sino por la experiencia compartida. Canarias ha vivido experiencias históricas singulares, tales como la emigración masiva a América, la dependencia exterior, la insularidad, la subordinación del turismo como monocultivo económico y una sensación recurrente de periferia política respecto a Madrid.

 

La identidad cultural no debería emplearse como un criterio para evaluar la pureza política. El canarismo, entendido como la conciencia de la singularidad histórica y cultural de Canarias, puede considerarse una identidad legítima, compleja y compatible con diversas posiciones políticas. Sin embargo, cuando se utiliza para dividir a los canarios entre “auténticos” y “desconectados”, deja de ser una afirmación cultural para convertirse en una frontera ideológica.


Comprendo y comparto el nacionalismo legítimo, aquel que no busca la dominación, sino la expresión de una diferencia, y que, además, debería coexistir con un canarismo amplio, inclusivo y que no exija una declaración de principios.  La postura contraria no representa la defensa de Canarias, sino su reducción a una trinchera. Una identidad que requiere trincheras para defenderse de sus propios habitantes podría haber dejado de ser identidad para convertirse en dogma. 


En efecto, es probable que la mayoria de los canarios vivamos nuestra identidad de manera práctica, emocional y cotidiana, sin una carga ideológica. Existe, además, una contradicción interesante en ciertos discursos nacionalistas: si bien se habla constantemente del “pueblo canario”, a menudo se muestra poco respeto hacia la pluralidad real de dicho pueblo.


Canarias se caracteriza por su diversidad política y social.  Presenta islas distintas, sensibilidades diversas y formas muy diferentes de concebir la relación con el Estado. Pretender que únicamente una visión representa la autenticidad canaria equivale a reproducir, precisamente, aquello que critican del centralismo peninsular: la imposición de una única forma legítima de pertenencia.  Quizá ese sea el principal reto pendiente de Canarias: asumir su personalidad propia sin necesidad de convertirla en una trinchera política...

 

Desde la acera de enfrente.
 

Gregorio Viera Vega fue concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Telde.

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