Gabriel Álvarez, en la entrevista concedida a TELDEACTUALIDAD (Foto: Juan Antonio Hernández)Un día, cuando él tenía 12 años, una persona se fijó en su calidad lírica mientras participaba en el coro del instituto. Aquella observación lo llevó al coro infantil de la Orquesta Filarmónica de Las Palmas de Gran Canaria, donde comenzó una formación coral que después continuó en el coro juvenil y en el adulto. Durante todos estos años aprendió desde dentro una disciplina poco visible para el público: escuchar antes de destacar, medir la voz con otras voces y entender que el escenario también se aprende sin ocupar el centro.
José Gabriel Rodríguez Álvarez (La Fonda, 23 de febrero de 1994), conocido artísticamente como Gabriel Álvarez, es tenor lírico, titulado superior en Canto Lírico y con máster en Interpretación Operística, con Isabel Álvarez, Augusto Brito, Ofelia Sala y Giancarlo Mari entre sus principales maestros.
Ha trabajado en ópera, zarzuela, oratorio y repertorio sinfónico-coral, con papeles como Tamino en Die Zauberflöte, Belfiore en Il viaggio a Reims, Maese Pedro en El retablo de Maese Pedro, Nerón en Faycán y comprimarios en títulos de Verdi, Donizetti, Puccini y Giordano. Además, ha cantado bajo la dirección de Karel Mark Chichón, Daniel Oren, José Miguel Pérez-Sierra, Gunter Herbig y Guillermo García Calvo, entre otros, y ha sido premiado o finalista en concursos como Medinaceli, Tenor Viñas, María Orán, Alfredo Kraus y Nuevas Voces de Sevilla.
El cantante recibe a TELDEACTUALIDAD en uno de los bancos anexos al Auditorio José Vélez del maltrecho Parque Urbano de San Juan. Buen lugar para hablar de su carrera musical, que dentro de poco lo llevará al Teatro Campoamor de Oviedo. “Siempre he estado estudiando y trabajando; nunca he tenido ese parón de solo estudiar”, dice. Los papeles solistas llegaron mientras seguía formándose, de modo que el teatro fue también una escuela diaria: “Eso me ha dado tablas. Estaba ganando tablas en el teatro y, al mismo tiempo, estudiando lo que estaba haciendo”.
Cuando explica qué lo llevó a la ópera, Álvarez habla antes del espectador que del canto. Le atrajo la posibilidad de alcanzar una emoción ajena y devolverla viva, reconocible, a quien escucha. "Me atrajo el poder llegar y tocar las emociones de la gente". Y que esa señal íntima que confirma que la voz ha llegado a algún sitio verdadero: "Que venga gente y me diga: «me has hecho llorar» o «se me han erizado los pelos». Esa es una de las principales cosas que un cantante tiene que tener".
La emoción no le fue siempre un material obediente. A veces lo atravesaba antes de llegar al público. "Muchas veces pecaba de ser demasiado emocional y me acababa emocionando yo, Lo estoy superando". Al pedirle una ópera favorita, asegura que tendría “montones” para elegir. Menciona La traviata, de Giuseppe Verdi (Italia, 1813-1901), pasa por L’elisir d’amore (Elixir del amor, en español), de Gaetano Donizetti (Italia, 1797-1848) y termina decantándose por Nemorino, el papel que quiere cantar algún día. "Es un personaje que me encanta. Es uno de mis sueños poder debutar ese personaje algún día".
Tamino fue su primer papel principal en un Opera Studio, la primera responsabilidad amplia dentro de una partitura de Wolfgang Amadeus Mozart (Salzburgo, 27 de enero de 1756-Viena, 5 de diciembre de 1791) con un personaje que le obligaba a cantar durante más tiempo, entrar y salir de escena continuamente y mantener una línea vocal clara en una etapa en la que todavía estaba formando la voz y ganando tablas. "Lo recuerdo con mucho cariño. Fue muy duro porque empezaba a cantar y todavía tenía poca experiencia, pero me marcó muchísimo".
De Tamino le interesa una rareza que ahora resulta familiar: el príncipe queda prendado de Pamina por un retrato. Álvarez lo trae al presente: "Se enamora de ella viendo una foto, y hoy en día, con todo lo de las redes sociales y con todo el ambiente en el que estamos, que está todo más digitalizado, tampoco sería tan raro". La observación acerca a Mozart a una costumbre contemporánea y da al personaje una entrada humana antes de las pruebas, el silencio y el final feliz.
Maese Pedro llegó años más tarde, con más tablas y otra relación con el escenario. En El retablo de Maese Pedro, de Manuel de Falla (Cádiz, 23 de noviembre de 1876-Alta Gracia, 14 de noviembre de 1946), el canto queda pegado al castellano, al ritmo del texto y al teatro de títeres que la obra toma de Cervantes. Álvarez distingue ese papel de Tamino por la vocalidad y por el momento de carrera en que lo asumió: "Es otro tipo de canto, otro tipo de vocalidad. Tamino lo canté al principio de mi carrera y Maese Pedro lo canté el año pasado, cuando ya llevo ocho o nueve años de experiencia".
Preguntado por si le incomoda haber cantado mayoritariamente comprimarios, Álvarez es rotundo: "Qué va. Para nada. Una carrera no se delimita por cantar solo papeles principales. Muchos cantantes que hoy cantan principales han pasado por los secundarios". La respuesta deriva hacia la realidad laboral del oficio: "Esta carrera es muy difícil. Somos muchísimos cantantes y tampoco hay mucho trabajo. Lo importante es estar: estoy cantando, en activo y subiéndome a las tablas".
Esa idea de estar en activo tendrá una próxima prueba lejos de Canarias: la Ópera de Oviedo, en Teatro Campoamor, sede de la ceremonia de los Premios Princesa de Asturias, donde cantará en diciembre de 2026 Manon Lescaut, de Puccini. Para Álvarez, el compromiso supone una salida profesional importante: "Me voy fuera. Ellos confían en mí. Es mi carta de presentación. Oviedo me parece una ciudad maravillosa y el Teatro Campoamor es precioso. Tengo muchísimas ganas de llegar allí".
En la capital asturiana hará dos personajes secundarios y compartirá reparto con Arturo Chacón, al que define como "un tenorazo" y uno de los cantantes "top" del panorama internacional. El aliciente, para él, pasa por trabajar cerca de intérpretes a los que ha escuchado antes como referencias. Lo cuenta desde una experiencia reciente en Andrea Chénier, en Ópera de Las Palmas, junto a Piotr Beczała: "He sido siempre muy fan de él. Poder cantar con él y a su lado es brutal. Es la magia del teatro. Estoy cantando al lado de grandísimos artistas y grandísimos cantantes mundiales, y eso es un regalo".
La admiración por Piotr Beczała y Arturo Chacón enlaza con Alfredo Kraus (Las Palmas de Gran Canaria, 24 de noviembre de 1927-Madrid, 10 de septiembre de 1999), referente cercano por voz, escuela y pertenencia: "Alfredo Kraus es un gran referente para mí. Es de aquí, de la tierra, fue una inspiración grandísima para mucha gente y a día de hoy lo sigue siendo". Álvarez lo escucha también al preparar repertorio: "Es de los que más escucho a la hora de querer afrontar un personaje".
Y, hablando de tenores y grandes arias, resultaba inevitable preguntarle por una de las más conocidas del repertorio reciente: Nessun dorma, del personaje Calaf en Turandot, de Giacomo Puccini (Lucca, 1858-Bruselas, 1924). Enseguida marca distancia: "Ahora mismo no puedo afrontar ese rol. Por edad hay unos tipos de vocalidades que ahora mismo no puedo cantar". Para él, Puccini exige algo más que voz: "Los roles de tenor de Puccini suelen necesitar una experiencia vital muy grande. Saber afrontar los roles a su debido momento es lo que hace que la carrera sea más duradera".
Tras hablar de Calaf, Álvarez define el terreno vocal donde trabaja hoy: "Soy un tenor lírico. Lírico sin más". Desde esa categoría escoge repertorio, mide los papeles que puede asumir y escucha referentes con criterio propio. Admira voces y vuelve a Kraus cuando prepara personajes. También defiende una identidad reconocible: "Lo más bonito de un cantante es ser único y tener su propia personalidad".
Para muchos no inmersos en el mundo teatro-musical, Kraus es solo un auditorio situado en Las Palmas de Gran Canaria, entre la playa Las Canteras y CC Las Arenas. La ópera mantiene en España una presencia cultural reconocible que todavía carga con una imagen distante para parte del público. Álvarez reparte la responsabilidad entre instituciones, artistas y público joven. "La importancia es la que nosotros queremos darle", afirma. Ve más jóvenes en los teatros, aunque insiste en una tarea pendiente: "Somos los jóvenes los que tenemos el poder de atraer al público joven. Tenemos que quitar esa visión del clasismo y del elitismo". Dicho de otra manera: la ópera también debe aprender a mostrarse fuera de sus viejos códigos de distinción social.
El mismo criterio lo aplica a Telde. Álvarez pide más atención para los artistas del municipio y para quienes trabajan desde Canarias: "Hay que cuidar al producto local, de la tierra y a la gente que está aquí". En esa línea recibe la medalla de la Asociación Cultural Entre Amigos, prevista para el 31 de julio, por la contribución al acervo popular y cultural de la identidad canaria. Le da valor porque llega desde cerca y reconoce una carrera todavía joven. : "Es el primer reconocimiento que me dan por mi trayectoria y por mi joven carrera. Es muy bonito que valoren el trabajo de artistas de aquí, de la tierra y de la ciudad".
Del mismo Telde donde Álvarez se crió y al que volverá a residir próximamente procede Ignacio Clemente, amigo suyo, pianista con quien ha coincidido en alguna ocasión y con quien mantiene una colaboración pendiente. "Ignacio es maravilloso, una bellísima persona", afirma. Álvarez admite que ha trabajado poco con él, aunque la idea lleva tiempo sobre la mesa:
"Siempre hemos dicho: tenemos que hacer algo, somos los dos de Telde". El tenor trabaja con más frecuencia con Nauzet Mederos, a quien conoce desde los 10 años por los coros de la Orquesta Filarmónica, pero le gustaría compartir proyecto con Clemente en la ciudad. Lo admira como pianista y como profesional, y considera acertada su elección como pregonero de las fiestas de San Juan Bautista: "Es una gran figura cultural. No puede haber mejor pregonero que él en Telde este año".






















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