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Sábado, 23 de Mayo de 2026

Actualizada Sábado, 23 de Mayo de 2026 a las 13:00:19 horas

Colaboración

15 años desde el 15M

Reflexión de Xavier Aparici, filósofo y experto en gobernanza y participación

TELDEACTUALIDAD/Telde Sábado, 23 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:

El pasado 15 de mayo se han cumplido quince años del surgimiento del Movimiento 15M, el de “los Indignados”, que fue un hito en la historia política de la España contemporánea. Pues sus lemas, como el de «No nos representan», y sus consignas, como la de «Ocupa la plaza», transformaron la realidad política, cultural y social del país y, replicándose, también de otros lugares a lo largo del mundo.

 

Y es que uno de los aspectos más notables del 15M es que fue un evento espontáneo que consiguió expresar una respuesta colectiva a la crisis multidimensional ocasionada por el colapso financiero de 2008 y su resolución a beneficio de las mismas élites que lo provocaron, que, entre otras injusticias, destruyó las expectativas de la juventud del momento, les trajo tasas de desempleo que rozaban el 50% y precipitó la quiebra del pacto intergeneracional. Las consiguientes medidas de austeridad adoptadas por el partido “socialista” con el apoyo del “popular”, pusieron en evidencia que el modelo de legitimidad institucional del bipartidismo rescataba a los bancos mientras desahuciaba a las personas.

 

En esos momentos… ¡surgió el 15M! En buena medida debido al uso pionero de medios de tecnopolítica que hicieron plataformas como ¡Democracia Real Ya! o Juventud Sin Futuro al utilizar las redes sociales no solo como canales de difusión, sino como espacios de deliberación y autoorganización que facilitaron la ocupación de las plazas y su coordinación.

 

Al margen de los sindicatos y partidos tradicionales, por lo que los espacios de las plazas ocupadas no fueron solo lugares de protesta, también desarrollaron comunidades experimentales. Sus principales rasgos organizativos fueron la horizontalidad estricta, para evitar la jerarquización y como rechazo a los liderazgos y portavocías individuales; el asamblearismo y consenso, al tomar las decisiones en macroasambleas, y buscando -mediante sistemas de signos corporales para mostrar acuerdo, desacuerdo o bloqueo- el asentimiento por encima de la votación mayoritaria; y la autogestión del cuidado, organizando las acampadas en comisiones de limpieza, cocina, respeto, extensión, cultura, salud, etc. Mientras duró el 15M colectivizó la reproducción social y los cuidados.

 

Así mismo, las dinámicas del 15M se caracterizaron por su capacidad de mutación. En la fase de surgimiento, las plazas céntricas de las ciudades, las manifestaciones y las ocupaciones simbólicas visibilizaron el malestar y la necesidad masiva de deliberación. Cuando la ocupación física de las plazas se volvió insostenible debido al desgaste y el desalojo policial, se produjo, buscando el enraizamiento territorial y la resolución directa de problemas locales, la descentralización en asambleas de barrio y de pueblo.

 

Y, con posterioridad, sobrevino la especialización sectorial en redes temáticas y plataformas sectoriales como las Mareas por la educación y por la sanidad públicas y el auge de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca que transformó la indignación ante el problema habitacional en acción colectiva e institucional, frenando desahucios mediante la desobediencia civil y los escraches pacíficos a los bancos y extendiendo la consideración de la vivienda como un derecho humano fundamental por encima del interés financiero.

 

El 15M unificó una pluralidad de demandas insatisfechas bajo un antagonismo claro, el de la ciudadanía frente a «la casta», puso en cuestión al bipartidismo dinástico de la Transición (“Lo llaman democracia y no lo es”) y promovió que el sistema de partidos se fragmentarse. Logró desplazar el eje del debate público y conceptos que antes eran marginales pasaron a ser centrales en la agenda política, como la transparencia institucional y la rendición de cuentas, la auditoría de la deuda y la denuncia de la corrupción como un problema estructural.

 

A quince años de su estallido, a pesar de sus contradicciones, sinsabores y limitaciones, el legado del 15M es el de una revolución cultural y procedimental efímera que, no obstante, consiguió legitimar la protesta social, democratizar el lenguaje político, descentralizar el debate y dejar una infraestructura militante y afectiva que aún sostiene gran parte del tejido asociativo, vecinal y ecologista actuales. Desde luego, en muchas de las personas que tuvimos la ocasión y la suerte de vivirla en las plazas ha dejado la convicción de que valió la pena y nos abrió los ojos.

 

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