
Las redes sociales han sido un avance, pero también muestra un lado oscuro. En realidad, no es culpa del medio o instrumento sino de lo que hacen con ellos los que lo utilizan. Vamos, en este espacio hay mucho energúmeno y personas faltas de un mínimo de principios. Ejemplos hay muchos. Pero uno resalta, por su crudeza, en los últimos días: cómo se han metido con Teresa Rodríguez, preguntándole
de qué iba disfrazada la jornada electoral del pasado domingo, cuando iba vestida como iba porque padece un cáncer que se está tratando.
Detrás del teclado del ordenador y del teléfono móvil (¿inteligente?) hay una persona que, por desgracia, muchas veces teclea cualquier cosa sin pensarla antes. No hay prudencia. Y hay un vacío enorme. Muy mal tiene que estar una parte de la sociedad cuando usan lo digital, o lo que fuese, para meterse con alguien enfermo, sea político o no, sea del color ideológico que fuese.
¡Hasta dónde ha llegado la polarización!, y me imagino que también es cierto que existía antes. No obstante, en la década los años noventa los absurdos de toda ralea que alguien expresara quedaban en la barra del bar. No transcendía. Y los demás parroquianos no harían caso. Las palabras son la principal arma para hacer el bien o el mal. La palabra empleada te condena. Se cometen errores, desde luego, fruto (pongamos por caso) del nerviosismo o de transitar un mal momento. Sin embargo, la ciénaga de las redes sociales al respecto sigue intacta y puede que haya aumentado.
Es fácil: te creas una cuenta con un nombre falso, no te identificas, y largas lo que quieras. Y aquí no ha pasado nada. La ignorancia es atrevida. De hecho, la expansión de los bulos solo es posible amén de la ignorancia. El inteligente interrumpe la onda del bulo en cuanto que se para a reflexionar sobre la información que recibe. El manejo del cuento precisa de una legión de ignaros que contribuyan al mal endémico que atañe a la democracia.
Ahora bien, la diferencia de hoy con el ayer es esa instantaneidad con la que corre el bulo y el afán del ignorante; sea una ignorante de izquierdas, de derechas o del más allá. La ignorancia sale cara. Sobre todo, si ostenta un coste colectivo. Ponerle un megáfono a un ignorante es un espanto. Una pesadilla. A Rodríguez, fundadora de Adelante Andalucía, le han disparado verbalmente por su enfermedad. Menudos cretinos. Ojalá se recupere cuanto antes.









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