Pelayo Suárez, en el Parque Urbano San Juan (Foto: Juan Antonio Hernández)De pequeño quería trabajar en la NASA, “pero no de astronauta”. La aclaración, dicha casi al pasar, evita la postal infantil. Le atraía (y le atrae) la inteligencia del sistema, la técnica que permite que una estructura compleja funcione. La parte menos visible de una hazaña, vaya. La ingeniería industrial llegó después por un cauce casi natural, con las matemáticas y la física a favor, y acabó llevándolo a una clase de responsabilidad mucho más terrestre: tiendas abiertas, plataformas logísticas, cámaras de frío, alarmas, inversiones, reformas, normativa y equipos que necesitan respuestas antes que discursos.
Pelayo Alejandro Suárez Rodríguez (Lomo Magullo, 29 de enero de 1975) es ingeniero industrial por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y desde 2017 trabaja en Spar Gran Canaria, donde dirige Expansión, Servicios Generales y Sostenibilidad. Antes había pasado por el Instituto Tecnológico de Canarias, en el área de Innovación, asesorando a empresas y coordinando proyectos, una etapa que le dio vocabulario, método y trato con sectores distintos. La llegada al retail le puso delante una verdad más seca: una idea vale cuando resiste presupuesto, plazo, retorno, mantenimiento y uso diario.
“Escogí la carrera de Ingeniería Industrial porque en su momento me interesaba esa parte espacial. Como era buen estudiante y se me daban bien las matemáticas y la física, el itinerario natural era coger Ingeniería Industrial. La Ingeniería Superior en esa época eran seis años, más el proyecto. Fue por inercia y por ser las asignaturas que más me gustaban. No me gustaba tanto la parte de telecomunicaciones, sino más la parte industrial, y después cogí la rama de Organización Industrial. Me gusta más la parte empresarial y de organización, siempre relacionada con la industria en general”.
La rama de Organización Industrial anticipó una forma de trabajar amplia, más cómoda en la coordinación de áreas que en una especialidad cerrada. En Spar Gran Canaria, esa inclinación terminó repartida entre expansión, obras, mantenimiento, seguridad, calidad alimentaria, energía, medioambiente y sostenibilidad. “Me gusta hacer cosas distintas. No me gusta encasillarme. Me gusta tener varias áreas. Quizás ahora ya es demasiado y a veces es muy agobiante, pero es bonito. Soy un privilegiado de poder hacer esas cosas”.
Esa amplitud tuvo una prueba dura en las dos últimas plataformas logísticas de fresco, congelado y refrigerado su empresa empleadora. Fue la que considera el proyecto más exigente en la que ha estado. “Eran presupuestos grandes. Estamos hablando, entre los dos, de casi 20 millones de euros. Teníamos que hacerlo en un plazo determinado y fueron proyectos que se hicieron en menos de un año. Además, teníamos que dejar otro sitio y teníamos que irnos de sitio. La exigencia fue muy grande y la presión también”.
Y donde hay exigencia, muchas veces también hay éxitos. Cita de forma especial las cámaras de maduración de plátanos de Spar Gran Canaria: “Somos la única compañía en Canarias que tiene cámaras de maduración de plátanos propias. Tuve que ir a Holanda a buscar distintas empresas que se dedicaran a eso, porque Holanda es la cuna, sobre todo, de la importación de plátanos. Me siento muy orgulloso de ese proyecto, que fue idea de un compañero, pero que conseguimos sacarlo adelante y nos ha dado una rentabilidad bastante importante”.
Eso sí, muchas veces los éxitos vienen mucho después desde que se empieza un proyecto. En el retail, las urgencias comerciales pueden empujar a cambiar una decisión antes de que haya tenido tiempo de probarse. Suárez sitúa una de las mayores dificultades de su trabajo: conservar rumbo sin perder capacidad de reacción. “En el día a día pueden salir muchas urgencias que nos generen el incentivo de cambiar rápidamente de estrategia. Eso es peligroso, porque las líneas y las estrategias tienen que estar pensadas. Si nos dejamos ir por el vaivén de la urgencia, de los problemas o de lo que hace la competencia, podemos tener un problema. Tenemos que ser flexibles y adaptarnos rápido a los cambios, pero tenemos que tener una línea y un camino al que seguir”.
La innovación entra mejor por su etapa anterior al retail. En el Instituto Tecnológico de Canarias asesoró a empresas y coordinó centros de innovación; allí afinó una idea bastante severa sobre los proyectos: una subvención puede ayudar; eso sí: el proyecto tiene que merecerse antes por sí mismo. “Si es rentable e interesante, dan igual las ayudas. Lo que falla muchas veces es que no se planifica, que no se hacen los proyectos de manera coherente y organizada. Si una empresa no tiene claro cuáles son esos proyectos a los que tiene que ir y va cambiando, ahora hago esto, ahora hago lo otro, es muy difícil que tenga éxito”.
Su crítica apunta sobre todo a las empresas que adaptan la idea a la ayuda disponible. Para él, ese orden altera el sentido del proyecto y deja la innovación en manos del expediente, del plazo administrativo o de la convocatoria abierta: “Si te adaptas a una subvención para hacer eso, estás perdido, porque si el proyecto no es rentable por sí mismo, si la inversión que has hecho no la recuperas después en un tiempo determinado, la subvención que te dan no te va a servir para nada. Al final muchas empresas han fracasado por adaptarse a subvenciones y no por hacer proyectos que realmente fueran rentables”.
Su padre, gran mentor
Pelayo Suárez habla de su padre, de quien hereda nombre, segundo nombre (que el segundo apellido de su padre) y primer apellido, con cuatro palabras limpias: seriedad, respeto, humildad y responsabilidad. Recuerda las tardes de Lomo Magullo a Las Palmas de Gran Canaria, la hermana en ballet, el entrenamiento en Barranco Seco y el regreso a casa cerca de las 23.00. En aquella rutina familiar aprendió una norma que después trasladó al trabajo: “La responsabilidad de que, cuando empiezas algo, hay que terminarlo; si te comprometes, tienes que hacerlo”.
Su padre fue docente e ingeniero —“en aquella época creo que se llamaba perito”— y dejó trabajo hecho en La Garita, donde participó en la electrificación de la zona; aunque su pasión estuvo en la historia del Valle de los Nueve, sobre el que publicó varios libros. Pelayo habla con orgullo de ver ese nombre, el de su padre y también el suyo, en una biblioteca del barrio natal inaugurado este viernes.
“Cuando veo allí todos los libros juntos, también veo que hizo una gran labor. Un orgullo que lo hayan reconocido, además en un lugar así. Él, al final, hacía esa labor porque era una pasión, porque le gustaba y porque sentía que lo que estaba haciendo era algo bueno. La verdad es que siento orgullo, no puede ser de otra manera”.
Hablando de bibliotecas y libros, como ya es tradicional en esta sección, terminamos con sus gustos culturales.
Último libro leído.
Trilogía La novia gitana, de Carmen Mola.
Recomendación literaria.
Los pilares de la Tierra – Ken Foller
Un libro que le marcó.
Misericordia, de Benito Pérez Galdós
Última película vista
La familia Benetton. La vi con mi hija pequeña.
Recomendación cinéfila.
La vida es bella, de Roberto Benigni. Es una película espectacular en todo, pero es tan triste el final que no soy capaz de volver a verla.
Programa de televisión favorito
Ya no veo programas de televisión. Por mi padre y por mi tío diría Pasapalabra, que les encanta. Realmente, en televisión veo películas puntuales o temas deportivos. El día después, sin duda, y en su momento Informe Robinson, me parecían geniales”.
Equipo y jugadores.
Soy del Barça. Messi no ha sido quien más me ha gustado. Quizás soy más de Xavi, Iniesta, Busquets y, como yo era defensa, aunque no es muy querido, Piqué me gusta mucho.
Un sueño u objetivo por cumplir.
No soy mucho de tener objetivos, sino más bien de ir viviendo día a día. Me gusta vivir día a día, viajar e ir disfrutando de la vida lo que se puede, con los problemas que hay todos los días
Un defecto.
A veces la gente me dice que por qué no soy político, que puedo ser muy bien queda. Yo tengo claro que no voy a decir nunca algo que no piense. Si no lo pienso, no lo digo. Busco una manera retorcida de no decirlo.
Un lujo cotidiano.
Un bocadillo de pata de Yasmina. Sin duda. Si me dicen cuál es un lujo, el lujo sería que te casaras o hicieras una fiesta y tuvieras después los bocadillos de pata de Yasmina, cortándotelo rápido.
Rincones de Telde.
La Garita, avenida y playa, y el barranco de los Cernícalos.
Reflexión sobre Telde.
Telde tiene una ubicación excepcional para ser un foco de atracción de empresas y de negocios. Si conseguimos arreglar el tema de la autopista y de las caravanas e incentivamos la inversión, es el lugar ideal para que se ubiquen empresas, sobre todo en el ámbito logístico.













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