
Florentino Pérez es una de las personas más poderosas de España. No hay duda. La posición que ocupe en el ranking casi es lo de menos. Si llama a un ministro, raudo le cogerá el teléfono. Los ministros van al palco del estadio Santiago Bernabéu. Y en los descansos de los partidos, vino va y vino viene, se hace política. Políticas muy distintas, pero política, a fin de cuentas. La política es influencia y po
der. El periodismo solo es influencia. El presidente del Real Madrid se pone en un brete con respecto a los medios de comunicación, o los sitúa a estos directamente entre la espada y la pared. A saber. Pero la cosa no queda solo en los ministros.
Si el mandamás del club blanco telefonea a La Moncloa, el presidente del Gobierno (del color ideológico que sea) también se pone al aparato. Desde luego, con elegancia y buenas formas; que no parezca quién manda a quién… Mas el resultado es lo importante. Por tanto, si el ministro (primero) no hace caso, queda el comodín de avisar al jefe del Ejecutivo.
Cada vez es más difícil sostener la pasión por el balompié a la vez que crece el negocio, que no deporte. Se ha desmadrado hace mucho tiempo. Algunos decían que, algún día, iba a pincharse este negocio como le aconteció a la burbuja inmobiliaria. En cambio, transcurren los años y todo sigue igual.
Y ahora tenemos un fútbol de cromos para los inocentes y una barbarie multimillonaria para unos pocos. Por no olvidar el dislate de ajustar los horarios de los encuentros sobre el césped a los del televisor. Lo de ir al estadio a las cinco de la tarde, es una costumbra añeja. Un privilegio en 2026. Hoy, los que acuden al graderío son (en puridad) decoración para los que están viendo la competición desde el salón de su casa. Obviamente, esto no se dice. El tiovivo futbolístico debe proseguir. La farsa a modo de opio para el pueblo, en términos marxistas, resulta imprescindible aún.
Por consiguiente, la rueda de prensa de Pérez es una anécdota. Dentro de un par de semanas nadie se acordará. De vez en cuando alguien lo traerá a colación, y listo. La noria continuará y los poderosos de este cosmos seguirán siéndolo. Y santas pascuas. El fútbol de siempre dudo que exista. Es otra cosa. Es un centro comercial a cielo abierto.










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