
Lo que da sostenibilidad a un partido político es su consolidación territorial. Tras tanta posmodernidad, con gurús electorales de por medio y digitalización de las campañas, lo clásico persiste: mítines, carteles en las farolas, carnés de militantes a repartir… No aseguran la victoria pero es imprescindible para conseguirla. No lo es todo, pero es un mínimo del que ninguna sigla puede escapar. Es verdad que las estructuras de las formaciones no son
las de antaño, pero también es cierto que aquellos líderes que prometían asaltar el cielo hace una década (o cosas por el estilo), han acabado derrumbándose.
Unidas Podemos iba a comerse el apelado régimen del 78. Ciudadanos ambicionó desbancar al PP. Hoy, ninguno es lo que llegó a ser. Y tiene pinta de que a Vox le ocurrirá otro tanto. Cierto es que, de momento, la ultraderecha está en esa ola en la que nada le castiga. Una especie de luna de miel con el electorado, con su electorado. Votantes que, por otra parte, podrían haber votado antes a Unidas Podemos; los extremos se tocan, es lo que tienen los partidos que cabalgan sobre la indignación.
Antes o después, Vox dejará de ser un adversario serio para el PP. No sabemos cuánto tiempo hará falta esperar para ver desinflarse a Santiago Abascal. Y lo que atañe a los partidos, acontece igual con los dirigentes. Esto es, que en 2026 se le siga escuchando a Felipe González y a José María Aznar con una atención más que razonable en diversos segmentos poblacionales, no solo es fruto de ser lo que fueron (presidentes del Gobierno) sino a la vez porque han dejado un legado no líquido. Es como si aún hoy se pudiese tocar lo que significa esas gobernanzas en nuestras vidas y en la sociedad; cosa que, ni por asomo, le sucede al resto de competidores electorales.
En breve, comenzará la cuenta atrás para los comicios locales y autonómicos de 2027. En un año mal contado se reordenará el poder local en España. Es la gran prueba de fuego que pone a cada uno en su sitio. Andalucía servirá como termómetro, mas asimismo hay que advertir que en el sur peninsular no concurren actores nacionalistas. Lo que ahora es de máximo interés, me refiero a los comicios andaluces, a la vuelta de unos meses mal contados dará el protagonismo a otra pantalla: cómo quedarán Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo para afrontar la recta final de la legislatura.










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