
“El deber moral” es el sintagma nominal más escuchado en los medios informativos estos días. El deber moral del pueblo español, aquí Canarias es absolutamente española, de acoger y recibir al crucero de lujo en el que se ha descubierto un brote de hantavirus.
Un deber, que ahora, los políticos y demás tertulianos nos reclaman desde la península, desconocedores de la realidad social que vive Canaria. Una obligación que parece solo cuenta cuando las personas son blancas, europeas y ricas.
Es cuando menos irónico el hecho de que no se haya esgrimido este mismo “deber moral” cuando Canarias ha atravesado una crisis migratoria que ha debido gestionar y resolver sola o con escasa o nula ayuda del resto de comunidades autónomas.
Las personas llegadas de Gambia, Mali, Guinea, Senegal, Marruecos y demás países africanos no deben tener la misma categoría de seres humanos, quienes, a pesar de que llegan en una situación desesperada son, una y otra vez, olvidados por Europa, la OMS y la comunidad internacional.
Nadie nos va a dar lecciones de moral cuando somos la única comunidad que ofrecemos ayuda humanitaria e inmediata a hombres, mujeres, niños y niñas africanos, pobres y negros que llegan a nuestras costas.
No contar con la opinión ni las demandas canarias está provocando entre la ciudadanía la percepción de que existe un trato diferenciado entre comunidades, y esto a su vez nos lleva a pensar en nuestro estatus como colonia.
Y es que, debido a su posición geográfica junto a las costas africanas, Canarias lleva años soportando una presión desproporcionada en la cuestión migratoria y asumiendo de manera unilateral labores humanitarias que le corresponderían a todas las comunidades por igual. Eso que se llama solidaridad, cooperación y reciprocidad es justo lo contrario de lo que se viene haciendo, al mirar hacia otro lado y hacer caso omiso del reparto igualitario entre comunidades.
Ahora el gobierno español apela a la “obligatoriedad moral” que deben tener los canarios con el resto del mundo. Da risa y ganas de llorar a la vez. Canarias está agotada de dar y no recibir. Un territorio frágil como el nuestro, con limitaciones de infraestructura, con una sociedad empobrecida, no puede ser el gerente moral, ni el chivo expiatorio cuando se trata de seres humanos.
El pueblo canario ha demostrado de manera reiterada su solidaridad. El presidente Clavijo ha estado oportuno a la hora de defender al territorio como corresponde y sin achicarse, ni sumisos ni rendidos, ante el gobierno central.
Ojalá la OMS fuese igualmente rápida y segura a la hora de tomar decisiones de rescate con todos esos hombres y mujeres que se lanzan a la mar y navegan a la deriva, no en robustos buques turísticos sino en pateras.
El deber moral, los derechos humanos, la justicia equitativa, a partir de ahora, debería instaurarse por igual en todas las regiones, como ha hecho con Canarias. A partir de ahora, el gobierno español debería igualmente obligar a todas las comunidades a que asuman la cuota de menores inmigrantes que les corresponde.
España, todos aquellos españoles de pro, tienen también el deber moral de auxiliar y socorrer a quienes llegan de África, como lo lleva haciendo, durante décadas, Canarias. Este flujo incesante de seres humanos, sí es una emergencia, pero humanitaria. Por si algunos no se habían enterado aún, en estas islas, llevamos mucho tiempo socorriéndolos, practicando el deber humanitario, ese deber moral que el resto de España y Europa, olvidan fácilmente.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora y escritora.



























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