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Domingo, 10 de Mayo de 2026

Actualizada Domingo, 10 de Mayo de 2026 a las 08:40:41 horas

Rostros de Telde

Isaac Mendizábal: el historiador que desmontó mitos sobre Jinámar

Vecino de Lomo Las Brujas desde su nacimiento, revisa relatos heredados, señala el abandono de la Noria y la Casa de la Condesa y defiende el valor histórico de la Caña Dulce

JUAN ANTONIO HERNÁNDEZ/Telde Domingo, 10 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Domingo, 10 de Mayo de 2026 a las 07:40:47 horas

Quería ser historiador desde niño y terminó escribiendo la historia del lugar donde creció. Esa vocación le permitió revisar relatos heredados sobre Jinámar, corregir errores asentados durante años, separar el orgullo vecinal de lo que autorizan los documentos y publicarlo todo en forma de libro. Y, por si le resultara poco, es uno de los benefactores de que la Fiesta de la Inmaculada Concepción y de la Caña Dulce haya sido declarado Bien de Interés Turístico.

 

Isaac Mendizábal Rodríguez (Lomo Las Brujas, Jinámar, 22 de julio de 1986) es historiador, vecino de Jinámar desde su nacimiento y autor de Historia de Jinámar, un ensayo publicado en 2019 tras un trabajo de campo desarrollado entre 2017 y 2018. Licenciado en Historia por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y máster en Gestión del Patrimonio Artístico y Arquitectónico, Museos y Mercados del Arte, cursa el programa de doctorado Islas Atlánticas: Historia, Patrimonio y Marco Jurídico Institucional, vinculado a la ULPGC, la Universidad de La Laguna, la Universidad de Madeira y la Universidad de Azores.
 

Su trayectoria combina investigación histórica, docencia, gestión patrimonial y participación vecinal. Ha trabajado como técnico de proyectos en Canarias Azul, dentro del Instituto Universitario de Análisis y Aplicaciones Textuales de la ULPGC, y ha sido profesor en el segundo semestre del Grado en Administración y Dirección de Empresas, en la asignatura de Historia Económica.


En los últimos años ha intensificado su vinculación pública con Jinámar. Entre otras actividades, participó en la creación de la Coordinadora en Defensa del Patrimonio de Jinámar, de la que fue elegido coordinador hasta su renuncia por motivos personales. En marzo de 2025 asumió la secretaría del Patronato de Fiestas, Cultura, Deportes y Recreo La Concepción y la Caña Dulce, entidad encargada de las fiestas del barrio, cargo que dejó en abril de ese mismo año. Desde ese ámbito impulsó la celebración del 500 aniversario de la finalización de las obras de la ermita de la Concepción y coordinó la comisión que preparó la documentación para que la Fiesta de la Inmaculada Concepción y la Caña Dulce fuera declarada Fiesta de Interés Turístico de Canarias.

 

Mendizábal atiende a este periódico en la Casa-Museo León y Castillo de San Juan.“Me parece un espacio importante para la historia de Telde y ttambién para la de Gran Canaria, ya que en él nacieron y vivieron dos de las personas más destacadas de Telde durante todo el siglo XIX y entre mediados del XIX y mediados del XX, como son los hermanos Fernando y Juan León y Castillo. Creo que es un lugar de importancia y que no se le ha dado el valor o el protagonismo que requiere”.

 

La preocupación por el valor que se concede a los lugares atraviesa también su trabajo sobre Jinámar. En el libro, Mendizábal llevó al archivo una afirmación repetida durante años sobre la caña de azúcar y corrigió su cronología: “Ningún documento que yo he consultado, tanto fuentes como archivos, menciona claramente, salvo ya en el siglo XIX, que es cuando descubrí que se plantaba caña de azúcar; en el siglo XIX, no en el XVI, como se pensaba”.

 

Esa preocupación por el rango que Telde concede a sus espacios históricos también guía su lectura de Jinámar. Mendizábal escribió sobre el barrio con una premisa exigente: dar entidad documental a lo que durante mucho tiempo había circulado entre tradición, orgullo vecinal y afirmaciones repetidas. Una de las rectificaciones centrales afecta a la caña de azúcar, situada durante años en el Jinámar posterior a la conquista: “Ningún documento que yo he consultado, tanto fuentes como archivos, menciona claramente, salvo ya en el siglo XIX, que es cuando descubrí que se plantaba caña de azúcar; en el siglo XIX, no en el XVI, como se pensaba”.

 

La cronología de la caña de azúcar remite a un problema mayor: la dificultad de reconstruir el Jinámar posterior a la conquista con fuentes escasas, dispersas y obligadas a contraste. Mendizábal sitúa ahí una de las zonas más delicadas de su investigación, porque el archivo obliga a trabajar con restos documentales, crónicas parciales y versiones repetidas durante generaciones: “La parte posterior a la conquista quizás es la más difícil de dilucidar, porque hay escasas fuentes, normalmente dispersas, y muchas de ellas tienen que contrastarse con lo que se ha escrito anteriormente”.

 

Esa relación con el archivo le obliga a una distancia difícil: investigar el lugar propio sin concederle privilegios sentimentales. Mendizábal lo formula sin rodeos cuando se le pregunta si pesa más el corazón o la cabeza: “Hay que hacer caso a los datos, evidentemente. Yo, como historiador, tengo que hacer referencia no solo al rigor histórico, sino también a la verdad, o a la verdad que se encuentra, porque al fin y al cabo las fuentes son las que son, están hechas por personas y tienen una mentalidad, una intencionalidad que hay que apartar”.

 

Con ese mismo criterio pasa del archivo al patrimonio material. Al preguntarle por los lugares más castigados de Jinámar, Mendizábal desplaza el foco hacia la urgencia práctica: “Todo el patrimonio local está prácticamente abandonado desde hace muchísimas décadas. Quizás no habría que buscar culpables, sino buscar soluciones urgentemente. La Noria y la Casa de la Condesa son los principales puntos donde habría que actuar y donde habría que empezar ya mismo”.

 

La Noria y la Casa de la Condesa pertenecen al mismo Jinámar que conoció de niño. Mendizábal creció en Lomo Las Brujas y recuerda un barrio atravesado por carencias sociales, con avances graduales y una tarea colectiva todavía abierta: “Tenía muchos problemas sociales, de todo tipo, y los sigue habiendo a día de hoy. Sí es verdad que cada vez se va viendo un progreso, pero todavía hay mucho trabajo que hacer. Hay un esfuerzo colectivo que hay que hacer entre todos para que esta situación se revierta”.


“Jinámar tiene que prosperar hacia ser un barrio más del municipio de Telde, que tenga importancia y su peso. Es el primer barrio del municipio en población. A nivel económico podría explotarse aún más y se puede revalorizar perfectamente. La Casa de la Condesa y la Noria pueden ser focos de atracción para el turismo cultural”.

 

Convertir todo ese diagnóstico en actuación pública abre la parte más áspera de su implicación. “No solo es el compromiso de estar al frente y luchar por el patrimonio, sino también los propios inconvenientes que lleva este proceso: el desgaste, muchas reuniones y muchas derivaciones. En el caso de la Noria se consiguió que se llevara a cabo para la empresa municipal Gesplan, pero todavía no hemos tenido respuesta sobre si ha habido algún avance”.

 

Ese trabajo institucional también atraviesa la Fiesta de la Inmaculada Concepción y la Caña Dulce, una celebración que aborda desde el arraigo y la gestión. Habla de más de veinte años de tramitación hasta alcanzar el reconocimiento turístico regional y de una mediación constante con administraciones locales e insulares: “Para mí es importante porque son las fiestas de mi barrio, obviamente, y porque se constata que es una fiesta que tiene un gran bagaje desde hace 500 años casi ininterrumpidamente”.

 

La Caña Dulce le permite hablar de Jinámar desde otro registro: el de una celebración que pertenece a su infancia, a la religiosidad popular del barrio y a una continuidad histórica que él defiende con datos. Mendizábal la considera una fiesta mayor dentro del calendario teldense y recuerda que durante siglos tuvo un rango no se se conoce (o muy poco) fuera del propio barrio: “Es una festividad importante y hasta prácticamente el siglo XVIII era una fiesta que se comparaba con la fiesta del Pino”.

 

Al ampliar el foco, Mendizábal describe Telde como un municipio con un capital histórico todavía pendiente de mayor rendimiento público: arqueología, cascos históricos, tradición literaria y patrimonio urbano. En Jinámar, esa idea adquiere una escala más inmediata. Mendizábal habla de un barrio humilde, marcado por la lucha vecinal y por una riqueza cultural que reclama resultados tangibles.


Y como a cada protagonista de esta sección, conocemos sus gustos más personales.

 

Último libro leído.
Si tuviera que citar todos los que he leído últimamente, la lista sería larga. Uno que recuerdo ahora es 'Economía y banca en Canarias: el sistema financiero en el primer capitalismo', c. 1850-1936, de Fernando Carnero Lorenzo.

 

Recomendación literaria.
Complicado, pero quizás para dilucidar diría dos: 'En mis tiempos', de Fernando León y Castillo; y por otro lado, mi libro, 'Historia de Jinámar', un poco por emoción.

 

Recomendación musical
Escucho géneros muy variados. No tengo uno concreto. Podría citar salsa o merengue, aunque me cuesta quedarme con una recomendación cerrada,

 

Una canción que le haya marcado.
Don't stop believing - Journey

 

De niño quería ser..
Lo que soy ahora: historiador.

 

Un lugar de Telde que le guste.
Los cascos históricos de San Juan, San Francisco y San Gregorio. Son espacios con una atracción potente y creo que se les puede sacar más rendimiento.

 

Una reflexión sobre Telde
Telde es un municipio que tiene que mirar hacia su pasado para devolverlo a su presente y, quizá, a su futuro.

 

Una reflexión sobre Jinámar
Jinámar es un barrio humilde, con compromiso de lucha. Esa lucha tiene que traducirse en esfuerzos y, sobre todo, en logros: revertir la situación, salir adelante y promocionar el patrimonio cultural importante que posee.

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