El clamor instantáneo en la calle no puede sustituir a la técnica y la gobernanza guiada por expertos. Es normal la inquietud ciudadana, y deber dársele cauce, mas tanto o más lo es la condición de que las instituciones deben hacer su propio trabajo, al margen del ruido y demás pesquisas. Cuando los representantes públicos van juntos, y toman decisiones yendo de la mano o conociendo opiniones diversas, el factor de éxito aumenta con creces. Todo el barullo de las primeras horas a son de la crisis del hantavirus, se suavizó
la noche del jueves cuando Pedro Sánchez y Fernando Clavijo hablaron por teléfono. Una llamada en la que cruzarse criterios distintos, intercambiar información y entenderse el uno al otro como gobernantes, alisa todo sobre la marcha. Hay ocasiones en las que las discrepancias persisten, pero parece que no ha sido el caso.
Mientras tanto, estamos a la espera de que el crucero llegue a Tenerife y fondee próximo al muelle de Granadilla. A buen seguro, el interés (¿o espectáculo?) mediático seguirá y estaremos el fin de semana pendientes de lo que suceda. No obstante, dejemos que los gobernantes trabajen, si hacen equipo aún mejor, y que la Organización Mundial de la Salud (OMS) guíe el proceso.
Solo nos acordamos de la OMS en momentos como el actual. El resto del tiempo, u olvidamos que existe o más de uno abonado al populismo barato criticará su existencia. Son los mismos que, por otra parte, negaban el alcance y eficacia de las vacunas cuando sufrimos la pandemia. Entonces vimos el intento absurdo de que lo científico fuese reemplazado por la opinión de cualquier loco playa.
Esperemos que todo salga bien. Que seguro que así será. Y miremos la lección positiva de todo esto: que la OMS imperará, a la vez que el trabajo de las instituciones. El Gobierno central y el Ejecutivo de Canarias, con colores políticos distintos en el presente, se ponen al teléfono, se informan y el que tenga la competencia hará lo que proceda. Para eso votamos cada cuatro años: para que terceros, con legitimidad democrática, afronten las problemáticas; máxime, una crisis de salud.
Y no ahondemos en especulaciones paralelas y pretendidas teorías conspirativas que no son de recibo y que, además, en el ámbito isleño, hacen daño al turismo, que es la principal fuente de riqueza de nuestra tierra. Más sensatez y templanza, y menos jaleo y faramallas de los trapalones instalados en la calle y en las redes sociales.










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