
La reciente reactivación del Plan General de Ordenación (PGO) de Telde en este 2026 nos sitúa ante una encrucijada histórica: o nos asomamos al abismo de un modelo caduco o abrazamos la oportunidad de una transformación real. Recientemente, durante mi participación en el Congreso de la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos en Barcelona —ciudad que este año ostenta la Capitalidad Mundial de la Arquitectura—, he podido constatar el avance del Plan Nacional de Restauración de Ecosistemas Urbanos. La vanguardia urbanística camina hacia la renaturalización; sin embargo, en Telde, la escasa información del plan que comenzó a gestarse hace 15 años sugiere que no estamos ante un proyecto de futuro, sino ante una mera ampliación inercial del aprobado en 2002.
Seguimos bajo la amenaza de quedar confinados en un anillo de asfalto, atrapados entre la GC-1 y la nueva Variante Aeroportuaria (Tangencial de Telde). El urbanismo no puede ser un ejercicio de resignación ante la ingeniería de caminos. Debemos exigir un plan que no solo gestione el tráfico, sino que rescate la habitabilidad a través de cinco ejes irrenunciables.
La Tangencial nace para aliviar la saturación, pero el riesgo es convertir nuestro municipio en una rotonda gigante e inconexa. El PGO debe proyectar "puentes verdes" y plataformas multimodales que salten por encima de la Variante y la GC-1. No podemos permitir que estas vías sean fronteras infranqueables. El éxito del plan dependerá de su capacidad para "coser" el Casco con la Costa, rompiendo la prioridad histórica del coche y permitiendo que la ciudad respire a través de sus costuras.
Ante la presión de las vías rápidas, la respuesta es la escala humana. Barrios como Jinámar, La Garita, las Remudas o San José de las Longueras no pueden seguir siendo satélites dependientes del vehículo. El nuevo PGO debe desechar el concepto de "barrio dormitorio" o polígono monofuncional en favor de la zonificación mixta. Cada bloque debe ser capaz de albergar comercio, vivienda y pequeña industria ligera. Necesitamos "salones comunitarios" —plazas y parques seguros para niños y mayores— que fomenten que la vida ocurra a pie, dejando la autopista para quien pasa, no para quien vive.
Una ciudad cercada por autopistas es una trampa térmica. El tercer eje es la infraestructura verde regenerativa que actúe como filtro acústico y térmico. Pero la resiliencia es también hídrica: es urgente transformar Telde en una "Ciudad Esponja". Las inundaciones recurrentes en Salinetas, Melenara o La Placetilla no provienen de las escorrentías de la cumbre, sino del agua generada por nuestro propio asfalto impermeable. El plan debe integrar jardines de lluvia, depósitos de pluviales y transformar barrancos y carreteras en corredores de biodiversidad donde el peatón tenga la prioridad absoluta.
El urbanismo rígido de 2002 ha muerto. Necesitamos un eje de vivienda que facilite la rehabilitación del patrimonio en San Juan y San Francisco, adaptándolo a las nuevas formas de vida-trabajo. La vivienda pública es imprescindible, pero bajo un modelo de "vivienda dispersa". Siguiendo los estándares europeos, el PGO debe integrar cuotas de vivienda asequible en cada promoción privada, evitando la segregación periférica y los guetos para fomentar una verdadera justicia social.
En 2026, un plan no puede ser un documento estático de papel. Necesitamos un eje tecnológico basado en el "Gemelo Digital" para monitorizar en tiempo real el impacto de la Tangencial en el ruido y la calidad del aire. Esto permitiría aplicar un urbanismo táctico real: peatonalizaciones reversibles y plazas ganadas al cemento según las necesidades del momento. Además, el PGO debe ser el motor de comunidades energéticas, donde los edificios compartan excedentes de energía solar, democratizando el consumo.
El riesgo de este "nuevo impulso" al PGO es que nos conformemos con la seguridad jurídica. Pero la legalidad es el mínimo exigible, no el horizonte. El horizonte de Telde debe ser la calidad de vida. El Plan General que necesitamos no es el que mejor fluidez de tráfico garantice, sino el que proteja la escala humana frente a la tiranía del motor. La Tangencial es un hecho técnico, pero el futuro de nuestra ciudad es una decisión política y arquitectónica. Es hora de decidir si Telde será el corazón latente de Gran Canaria o simplemente su zona de paso más rápida.
Domingo Rigüela es ciudadano de Telde y estudiante de Ciencias Ambientales.










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