
Circular por el vial costero de Telde ya no consiste en conducir. La experiencia se parece más a una mezcla entre rally de supervivencia, videojuego de esquivar obstáculos y prueba extrema de suspensión y amortiguación. Todo ello, cortesía del área de Obras Públicas del Cabildo de Gran Canaria que dirige el socialista Augusto Hidalgo y del Ayuntamiento de Telde, instituciones que se reparten por tramos la titularidad de este importante vía, usada en ocasiones como alternativa a la GC-1 cuando se producen atascos en ella..
La principal arteria litoral del municipio, utilizada a diario por miles de conductores entre La Estrella, La Garita, Melenara y Salinetas, presenta un estado de conservación que muchos vecinos califican directamente de “vergonzoso”. Y no es para menos: señales tumbadas, postes doblados, pintura desaparecida, baches profundos y socavones del tamaño de pequeñas piscinas forman ya parte del paisaje habitual de una carretera que parece abandonada a su suerte desde hace demasiado tiempo.
Conducir o participar en una gincana
Hay tramos donde circular exige más reflejos que un videojuego de carreras. Especialmente llamativo resulta el estado del firme en la calle Américo Vespucio, a la altura del barranquillo de Melenara y en las inmediaciones de la rotonda de Mercadona, donde el asfalto parece haber entrado oficialmente en fase de demolición espontánea.
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Los conductores se ven obligados a frenar en seco, invadir parcialmente otros carriles o ejecutar volantazos improvisados para evitar caer en cráteres capaces de destrozar neumáticos, llantas o amortiguadores.
“Esto no es conducir, es jugar al tetris con el coche”, resume con ironía uno de los usuarios habituales de la vía. Otro vecino asegura que “cada vez que pasa por la rotonda teme escuchar el golpe seco de la rueda cayendo en otro socavón”.
Y mientras tanto, el Cabildo continúa contemplando el paisaje como si aquello fuera una instalación artística sobre el deterioro del espacio público.
Las señales de tráfico también se han rendido
Pero el problema no acaba en el asfalto. La señalización vertical del vial costero ha decidido, aparentemente, jubilarse anticipadamente.
En distintos puntos del recorrido aparecen señales de tráfico directamente tumbadas sobre la tierra, otras inclinadas de forma surrealista dentro de las rotondas y algunas completamente giradas hacia ninguna parte, como si también hubieran perdido la fe en la circulación.
Hay placas oxidadas hasta resultar ilegibles, señales con la pintura borrada por completo y postes metálicos sin indicación alguna, convertidos ya en esculturas urbanas involuntarias.
En determinados tramos, el conductor debe recurrir a la intuición, la memoria o la providencia divina para adivinar prioridades, límites de velocidad o pasos de peatones.
Especialmente por la noche, la situación roza lo temerario. La ausencia de reflectantes y el deterioro general convierten el recorrido en un ejercicio de conducción a ciegas para cualquiera que no conozca perfectamente la carretera.
Una vía estratégica abandonada
Lo más llamativo es que no se trata de una carretera secundaria perdida en el interior de la isla. El vial costero de Telde constituye uno de los principales ejes de conexión del municipio, utilizado constantemente por residentes, trabajadores, camiones de reparto y vehículos industriales.
La vía conecta núcleos residenciales, áreas comerciales, zonas industriales y sectores turísticos del litoral teldense. Pese a ello, el deterioro acumulado transmite la sensación de que nadie en el Cabildo pasa jamás por allí… o que simplemente han decidido normalizar el abandono.
Mientras tanto, los conductores siguen pagando las consecuencias directamente en los talleres mecánicos.
“Ya he cambiado dos ruedas aquí”, denuncia un transportista habitual de la zona. Otro usuario resume el sentimiento generalizado con resignación: “Sabes que cada vez que pasas por esta carretera algo del coche se queda”.
Volantazos, frenazos y riesgo permanente
La combinación de socavones, tráfico pesado y maniobras improvisadas convierte determinados puntos en auténticos escenarios de riesgo.
Especialmente conflictiva resulta la rotonda de acceso a Mercadona y a las instalaciones industriales de Salinetas, donde la circulación diaria se ha transformado en un pequeño caos continuo de frenazos, esquivas y cambios bruscos de trayectoria.
Camiones, furgones y turismos comparten una calzada deteriorada donde cualquier despiste puede acabar en accidente.
Y aun así, la situación sigue sin una respuesta contundente por parte de la administración insular.
El Cabildo mira hacia otro lado
La carretera pertenece a la red insular y local y, por tanto, su mantenimiento depende directamente del Cabildo de Gran Canaria y del Consistorio teldense. Sin embargo, el aspecto actual del vial transmite exactamente lo contrario: abandono, parcheos insuficientes y una preocupante falta de planificación.
Mientras miles de conductores siguen sorteando baches cada día y las señales continúan inclinándose lentamente hacia el suelo, el eje litoral de Telde permanece operativo por pura costumbre ciudadana y mucha pericia al volante.
Porque en el vial costero ya no se circula con tranquilidad. Se sobrevive.
Galería de fotos del estado de las señales de tráfico en el vial costero









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