
Uno de los personajes políticos más interesantes del nacionalismo vasco en democracia es Carlos Garaikoetxea. Y, bien mirado, su fallecimiento extrapola preguntas a Canarias. Va de suyo que su importancia radica en que fue ‘lehendakari’ con el PNV (1980-1985), pero no solo. Va más allá. Garaikoetxea nació en Navarra, lo que redobla su carácter nacionalista al acabar gobernando Euskadi. Protagonizó una es
cisión del PNV, que adoptó la nomenclatura de EA (Eusko Alkartasuna). Hoy EA está en la órbita de EH Bildu. Y su perfil era socialdemócrata. Su libro ‘Euskadi: la transición inacabada’ (Planeta, 2002) merece ser leído.
En el ámbito isleño, el itinerario que más se aproxima es el de Román Rodríguez. Razón: fue presidente de Canarias, siempre ha estado militando en la izquierda (o centroizquierda, si nos ponemos realistas) del nacionalismo y provocó una escisión de CC conocida por NC.
Sin embargo, ya puestos, ¿por qué no torna la acción de ningún Garaikoetxea en el archipiélago a favor de un nacionalismo más arraigado? Con independencia, incluso, de si lo hace con una o dos siglas. La defunción el lunes de Garaikoetxea deja sentimiento de orfandad en todo el nacionalismo vasco.
¿Por qué CC no asume la socialdemocracia? Fernando Clavijo puede abanderar un discurso más social que evite que CC sea vista, especialmente desde Gran Canaria, como una plataforma al servicio de los intereses empresariales de Tenerife. Al nacionalismo canario le ha faltado pensamiento articulado, o quizá al existente no le han dejado hueco efectivo y decisorio dentro de los partidos fruto de que están sobreprofesionalizados y prima el qué hay de lo mío en la próxima cita electoral.
En cierta medida, Antonio Morales jugó ese papel en la izquierda canaria, fue justo ese aval de ‘auctoritas’ lo que le permitió dar el salto desde el Ayuntamiento de Agüimes al Cabildo de Gran Canaria en 2015. En cambio, hoy está orillado de forma sobrevenida producto de la implosión de NC/Primero Canarias. Una crisis interna que ha tenido su cuota de responsabilidad también en Agüimes.
El adiós de Garaikoetxea (1938-2026) revive la inquietante duda de por qué el nacionalismo en Canarias no ha acabado nunca de cuajar. Es como si hubiese quedado a medio camino, tanto en su dimensión política como histórica. Y estas claves son las que, en última instancia, explican más cosas de lo que parece en el acontecer diario de la disputa entre formaciones. Hoy, la actualidad está atravesada por esta realidad que subyace.









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