
“¿En qué consiste mi crimen? En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social donde sea imposible que mientras unos amontonen millones (...), otros caen en la degradación y la miseria”. George Engel, obrero ahorcado en Chicago en 1886.
La vivienda es una de las condiciones materiales para que podamos vivir de manera digna. PiedraNegra (Blackstone) y otros fondos buitres yanquis se enriquecen con una de las necesidades vitales de todos nosotros, las gentes de bien. Para arrancarnos el máximo de ganancias han generado un aparentemente imparable aumento de los precios del alquiler y la compra de vivienda.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos
Que no haya oncólogos en Ibiza es un drama. Que haya gente que apruebe una oposición y que tenga que renunciar a una plaza pública porque con el salario no puede acceder a una vivienda es un drama.
La vivienda es ya el primer problema de la ciudadanía actualmente en España. Todas las centrales sindicales incorporan ya entre sus reivindicaciones una serie de intervenciones en el mercado, en las políticas públicas y también en la negociación colectiva.
La vivienda se ha convertido en una emergencia social. No puede ser tratada como un bien de especulación, reza el Manifiesto del 1º de Mayo de CCOO y UGT, que sitúa la crisis habitacional en el centro de la acción política. Y afirma que el acceso a una vivienda digna es un derecho estratégico, recogido en el artículo 47 de la Constitución, esencial para el bienestar, la salud y la seguridad de las personas, además de ser un factor indispensable para la cohesión social y el crecimiento económico. Porque sin vivienda, no hay proyecto de vida. Y sin proyecto de vida, no hay cohesión social ni democracia. Hemos conversado con Lola Navarro Giménez, vicesecretaria general de la UGT. A nuestro estilo reseñamos lo esencial.
La vivienda, el grave problema de la clase trabajadora
Es un grave, muy grave, problema de toda la clase trabajadora. Porque la vivienda absorbe cualquier mejora negociada a través de los convenios colectivos o través de las reformas que abordan las centrales sindicales. Esto es un drama porque nada de lo conseguido es suficiente, porque no llega a los trabajadores, no llega a la sociedad, porque el crecimiento económico no llega a la gente. Es una frustración permanente.
Es fundamental la creación de un parque extenso de vivienda pública, protegida y permanente, principalmente de alquiler sin eliminar la posibilidad de la compra y siempre exigiendo que el precio del alquiler no puede superar el 30% de los ingresos de un salario medio.
Un pacto de Estado, un pacto social
Hace falta un pacto social entre todas las administraciones. Hay que aliar a todas las administraciones, ayuntamientos locales, de comunidades autónomas y del gobierno para que realmente se pueda abordar la vivienda desde diferentes perspectivas y desde diferentes prismas, aquí nadie por si solo va a resolver esta crisis habitacional. Que todas las administraciones se sumen a un pacto de Estado por la vivienda, de social a lo político, de la derecha a la izquierda.
Es esencial un fondo público que vaya construyendo viviendas a lo largo de una década, a un ritmo de unas 100.000 viviendas anuales, pero es insuficiente. Hace falta un programa de alquiler seguro y asequible que se base en la captación de inmuebles privados o públicos, viviendas de instituciones y de propietarios privados, porque hay muchísima vivienda en manos de ministerios y administraciones, que con garantías llegue a la ciudadanía con la limitación al precio de alquiler del 30 %.
La clave, la unidad social
La sociedad está sensibilizada con el drama de la vivienda y mucha gente de bien, en caso de ser propietarios, estarían dispuestos a bajar el precio del alquiler si eso supusiera quitarle tensión al grave problema de la vivienda. Porque se necesitan más de 50 años de salario para comprar una vivienda. Un drama de largo recorrido y de urgencia, porque no tenemos tiempo, se come las mejoras sociales y la gente no puede esperar.
En sectores como restauración, construcción y función pública es urgente exigir en la negociación colectiva que ayuden a garantizar la vivienda a los trabajadores desplazados a esas zonas que los necesitan. Pero viviendas con condiciones dignas y no, como en los años 70, durmiendo en los bajos de los hoteles.
La vivienda debe ser una prioridad de las organizaciones sindicales, y en todos los primeros de mayo que se celebran en todas las provincias de España, tiene que oírse la reivindicación de la vivienda como derecho vital. Y tiene que ser un movimiento social donde todos nos unamos.
Eduardo Madroñal Pedraza es profesor jubilado y analista sociopolìtico.































currito | Viernes, 01 de Mayo de 2026 a las 10:22:09 horas
Hay muchos dramas que afectan a la vida de la ciudadania española. La vivienda es el efecto colateral de un conjunto de otros dramas. De poco sirve subir el SMI si el alquiler o el precio de una vivienda sube desorbitadamente. De poco sirve quejarse si votas a partidos políticos que van contra tus propios intereses como asalariado. Y esto a su vez es consecuencia de la ignorancia, en algunos casos (muchos, diría yo) y de la desidia ciudadana hacia lo político. Lo que a su vez es consecuencia de la falta de educación o de la mala educación que se está impartiendo en los centros de enseñanza. Se argumenta con mucha frecuencia para atacar al gobierno actual que la tasa de pobreza infantil es de las más altas de Europa. Como este dato lo desconocía, ayer mismo hice indagaciones y sí, es cierto, pero hete aquí que el dato no viene dado solo en términos económicos; no se habla de pobreza "económica" en términos estrictos. Para determinar este parámetro se cruzan muchos datos que llevan a tal conclusión y uno de ellos es la vivienda. Y el mismo estudio, que se puede ver con una simple búsqueda en Google, llega al mismo fondo: la educación. No la de los infantes, sino la de los progenitores.
En su escrito de opinión da de lleno en la diana al apuntar hacia los sindicatos. Efectivamente, y lo he sufrido en mis propias carnes, los sindicalistas están para pillar horas libres, días de disposición sindical, como quiera que se les llame. Y a mí siempre me ha llamado la atención que, a diferencia de Francia, que nos da mil vueltas - históricamente hablando - en movimiento ciudadano, nuestros sindicatos movilizan por sectores. Es como un "para no molestar demasiado", cuando realmente lo que deberíamos hacer es salir en masa a reivindicar los derechos de los sanitarios (a los que les están haciendo la vida imposible con el convenio marco que pretende la peor ministra de sanidad que ha tenido este país), de las deplorables condiciones de los centros de enseñanza y sus ratios por aula, de las limpiadoras, de los empleados de la construcción, de los empleados públicos, sí también de ellos, de todos aquellos que recibamos un salario, porque sin nosotros este país se hunde. Y eso lo saben muy bien los políticos y lo saben muy bien los sindicatos, pero como estos últimos están vendidos a los primeros, pues en este país no pasa nada. Y lo peor es que no pasa nada cuando vemos al secretario político de un partido de la oposición llamando mierda al presidente del gobierno y rata al ministro del interior. No pasa nada cuando la presidenta de una comunidad llama "hijo de fruta" al presidente del gobierno y encima se convierte en himno para sus seguidores lobotomizados. Porque, en definitivas cuentas, el problema radica en la educación de la ciudadania que es quien tiene el poder para decidir quien pone a dirigir sus impuestos, si prefiere que las viviendas de protección oficial se vendan a fondos buitre o se repartan entre concejales, si prefiere tener una sanidad de calidad, una educación excelsa y un puesto de trabajo dignamente pagado, o si prefiere seguir adorando a la frutera de turno.
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