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Domingo, 19 de Abril de 2026

Actualizada Domingo, 19 de Abril de 2026 a las 18:46:37 horas

Desde la acera de enfrente

La humillación

Reflexión de Gregorio Viera, exconcejal socialista

GREGORIO VIERA VEGA Domingo, 19 de Abril de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Domingo, 19 de Abril de 2026 a las 15:25:43 horas

La humillación se configura como una de las experiencias emocionales más intensas y desestabilizadoras que puede experimentar el ser humano.  A diferencia de otras emociones negativas, su origen no reside únicamente en el ámbito interno, sino que se encuentra profundamente vinculado a la percepción externa. Ser humillado implica sentirse expuesto, degradado o reducido en dignidad, ya sea en un contexto público o privado.  En esencia, representa una ruptura del valor personal frente a los demás.


Más allá del individuo, la humillación conlleva importantes consecuencias sociales.  Puede propiciar el aislamiento, dado que la persona humillada tiende a evitar situaciones que podrían exponerla nuevamente a dicha experiencia.  Asimismo, puede generar conductas agresivas o defensivas, como mecanismos para recuperar el control o proteger la propia identidad. En determinados contextos, como el acoso escolar, las relaciones abusivas o entornos laborales tóxicos, la humillación se emplea de manera sistemática como herramienta de poder y dominación.


Este último aspecto adquiere una relevancia particular al analizar cómo la humillación puede ser utilizada desde posiciones de liderazgo. Figuras públicas con gran influencia poseen la capacidad no solo de comunicar ideas, sino también de moldear el tono emocional de los entornos que les rodean. En este sentido, el estilo comunicativo del actual presidente de los Estados Unidos es objeto de amplio análisis por su tendencia a ridiculizar, desacreditar o minimizar públicamente a adversarios, colaboradores o críticos.


Más allá del juicio político, este tipo de interacción evidencia un mecanismo psicológico claro: la humillación como herramienta de afirmación de poder. Al rebajar al otro, se eleva simbólicamente la propia posición. Sin embargo, este proceso conlleva efectos colaterales significativos. Las personas expuestas a este tipo de trato pueden experimentar inseguridad, retraimiento o respuestas defensivas intensas. A nivel colectivo, está generando un clima de tensión, polarización y desconfianza, donde la comunicación deja de ser un espacio de intercambio para convertirse en un campo de confrontación.


Además, cuando este tipo de comportamiento se normaliza en figuras visibles, produce un efecto de legitimación, a su vez de aceptación y reproducción en otros ámbitos. Lo que ocurre en la esfera política no se circunscribe a ella: permea en las dinámicas sociales, en los medios de comunicación e incluso en las relaciones cotidianas. Así, la humillación deja de ser un hecho aislado para convertirse en un patrón cultural que debilita el respeto mutuo.
La humillación se utiliza como herramienta de poder. En la situación actual, pocos fenómenos resultan tan perturbadores como el uso deliberado de la humillación como instrumento de control.  Se puede someter a su círculo cercano, desde colaboradores hasta instituciones enteras, a una dinámica de poder basada en la lealtad incondicional y la anulación sistemática de la disidencia.


Es fundamental reconocer que la humillación como estrategia de liderazgo no se limita a un país o ideología específica.  A lo largo de la historia, desde regímenes autoritarios hasta corporaciones multinacionales, se han documentado numerosos casos de líderes que erróneamente confunden el miedo con el respeto y la sumisión con la lealtad.  

 

La distinción reside en que, en democracias consolidadas, existen contrapesos institucionales que, si bien frágiles, aún poseen la capacidad de resistencia. La manera en que un poder ejerce su influencia sobre quienes lo rodean, particularmente sobre aquellos que carecen de mecanismos de defensa efectivos, revela más sobre su carácter que cualquier discurso o promesa electoral..,desde la acera de enfrente.
 

Gregorio Viera Vega fue concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Telde.

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