
La Feria del Libro de Telde 2026 volvió a convertirse este sábado en materia de análisis, conversación y divulgación en La Alameda, el programa radiofónico de TELDEACTUALIDAD dirigido y presentado por Sonia Vega, que emitió un segundo especial monográfico desde el Casino La Unión para acercarse al alma de una cita cultural que sigue consolidándose en la ciudad.
Con las casetas abiertas, la Plaza de San Juan llena de familias y lectores, y la programación desplegada desde primera hora, el espacio reunió a cinco voces muy distintas, pero complementarias, para explicar por qué esta edición dedicada a África está teniendo una respuesta tan destacada. Investigación histórica, novela negra, narración oral, memoria africana y balance institucional se dieron la mano en una entrega que volvió a demostrar que la feria no es solo una sucesión de actos, sino un gran espacio de pensamiento, emoción y encuentro ciudadano.
El programa puso el foco en quienes sostienen y enriquecen la feria desde diferentes frentes: el historiador que rescata la memoria de la ciudad, la escritora que convierte Canarias en escenario de crimen literario, la narradora que reivindica el poder de la palabra, el contador camerunés que trae el espíritu oral africano a Telde y el concejal que supervisa una programación que ya desborda el ámbito local.
Jesús Rodríguez Calleja: la memoria escrita de la Telde del siglo XVI
El primero en pasar por los micrófonos de La Alameda fue el profesor e historiador Jesús Emiliano Rodríguez Calleja, que llegó al programa tras presentar en la feria su obra más reciente, San Juan Bautista de Telde. Libro II de Bautismo 1553-1569, una publicación que, según confesó, recibió una respuesta de público que le sorprendió incluso a él.
Rodríguez Calleja explicó que la buena acogida no responde solo al auge actual de la genealogía, aunque admitió que la búsqueda de los orígenes familiares ha disparado el interés por este tipo de trabajos. También defendió que estos libros cumplen una función esencial de conservación, al poner a disposición del público documentos que hoy ya presentan deterioros y que resultan difíciles de consultar directamente en los archivos. En ese sentido, su labor no solo divulga, sino que protege.
Durante la entrevista, el historiador detalló que esta segunda entrega permite observar ya una Telde en evolución hacia la modernidad, con una sociedad más compleja, una diversidad creciente de oficios y una economía que revela la importancia del azúcar, los mercaderes y la mano de obra especializada. Frente a una historia centrada en grandes nombres, reivindicó el valor de quienes solían quedar fuera del relato: esclavos, barberos, camelleros, herreros, jornaleros o trabajadores de ingenios. A todos ellos, dijo, ha querido “darles vida”, nombre y contexto.
También repasó algunos de los apellidos que aún sobreviven en la ciudad, como Martel, Calderín o Artiles, y explicó curiosidades como la evolución del padrinazgo en los bautismos o la transmisión aleatoria de apellidos antes del Registro Civil. Su intervención dejó claro que la historia local sigue despertando interés cuando se cuenta desde abajo, con nombres, oficios y raíces.
Annika Brunke: crimen, humor y sabor canario en la novela negra
La segunda invitada fue Annika Brunke, ganadora del segundo premio Alexis Ravelo de novela negra por Bacon, una obra que ha contribuido a reforzar el auge del género en Canarias. La autora habló con naturalidad de una narrativa que no planifica de forma rígida, sino que construye casi como si proyectara una película en su cabeza.
Brunke explicó que uno de los grandes atractivos de Bacon está en su protagonista, Beatriz Manteca, una pastelera vocacional y asesina en sus ratos libres, un personaje cargado de singularidad y atravesado por una mezcla de humor negro, cocina y violencia que hace de la novela una propuesta poco convencional. A su juicio, esa combinación de frescura, rareza y cercanía es probablemente lo que más llamó la atención del jurado.
La escritora recordó que su obra más vendida sigue siendo La casa en el palmar, aunque reconoció que la novela negra ambientada en escenarios cercanos tiene un tirón muy especial. Considera que al lector le atrae ver el crimen en lugares reconocibles, que el misterio ocurra aquí, en paisajes y municipios que forman parte de su mapa cotidiano, y no únicamente en escenarios lejanos. Por eso avanzó un anuncio de especial interés para la ciudad: una de sus próximas novelas estará ambientada en Telde, con especial fijación por el entorno de San Juan, sus edificios históricos y sus rincones cargados de posibilidades narrativas.
Brunke también comparó la autopublicación con la edición tradicional, admitiendo la dureza del camino en solitario, tanto por la inversión económica como por la carga de trabajo que implica asumir corrección, maquetación, promoción y distribución. Hoy, aseguró, cruza los dedos para seguir vinculada a la edición convencional, aunque no descarta explorar otros géneros en el futuro.
Ana Griott: contar para que la memoria no se apague
Uno de los momentos más intensos del especial llegó con la entrevista a Ana Griott, nombre artístico de Ana Cristina Herreros, escritora, filóloga, editora y narradora oral profundamente vinculada a África. Su intervención fue una de las más densas, emotivas y reflexivas del programa.
Explicó primero el significado de “griot”, el nombre que reciben en buena parte del África occidental quienes conservan y transmiten la memoria de las comunidades. No son simples cuentacuentos, sino cronistas, guardianes de la palabra y de la identidad colectiva. Desde ahí, Ana Griot enlazó con su propia historia familiar: una abuela silenciada por el miedo y una madre a la que la represión lingüística obligó a callar. De ese silencio heredado, contó, nació en ella la necesidad radical de hablar, narrar y escuchar.
La autora relató cómo su trabajo en África ha dado lugar a una experiencia editorial singular a través de Libros de las Malas Compañías, un proyecto que no solo publica cuentos recogidos en distintas comunidades africanas, sino que reinvierte parte de sus beneficios en iniciativas concretas de alfabetización, bibliotecas, talleres de encuadernación o apoyo a niñas vulnerables. Senegal, Mauritania, Camerún, el Sáhara, Mozambique o Madagascar aparecieron en su discurso como territorios vivos de memoria, desigualdad y resistencia.
Pero además de ese activismo editorial, Ana Griot habló con pasión de su trabajo con bebés y con infancia, defendiendo que los cuentos no están para mantener a los niños en una burbuja, sino para prepararlos para la vida. Reivindicó los conflictos, las emociones intensas y la narración como refugio y herramienta de construcción emocional. Su mirada crítica sobre la banalización de la infancia, la mercantilización de la literatura infantil y el empobrecimiento de los relatos aportó una profundidad poco habitual a una conversación cultural.
Boniface Ofogo: escuchar también es una forma de educar
El narrador camerunés Boniface Ofogo fue otro de los grandes protagonistas del programa, después de haber deslumbrado en la feria con sesiones que, según recordó Sonia Vega, habían llenado de risas y complicidad la carpa principal.
Ofogo defendió que la escucha es una base esencial de la educación, de la convivencia y de la comunicación, y lamentó que niños y adultos vivan cada vez más atrapados por la impaciencia y las distracciones tecnológicas. A su juicio, nuestro mundo va tan mal, en parte, porque no sabemos escucharnos. Esa pérdida de escucha, advirtió, tiene consecuencias directas en la infancia, cada vez menos acostumbrada a sostener la atención y a habitar con paciencia el relato.
Frente a esa deriva, reivindicó la cultura africana de la palabra, entendida en un sentido amplio: cuentos, proverbios, música, refranes, adivinanzas y relatos compartidos como parte central de la vida comunitaria. Habló también del “árbol de la palabra”, una forma ancestral de democracia, de deliberación y de resolución de conflictos que, a su juicio, todavía hoy tendría mucho que enseñar.
Preguntado por las diferencias entre cuentos africanos y occidentales, subrayó que la distancia es más formal que de fondo: cambian los animales, los escenarios y los símbolos, pero las grandes preguntas humanas son las mismas. Donde aquí aparece el lobo, allí surge la hiena; donde aquí se tematiza el miedo, allí también, con otras máscaras. Con Latinoamérica, dijo, los parecidos son aún más profundos, porque muchos cuentos viajaron en esas “maletas invisibles” que llevaron consigo quienes fueron esclavizados.
Ofogo defendió además que el buen narrador necesita sensibilidad, don de la palabra y, sobre todo, capacidad de escuchar, porque contar no es hablar solo, sino dialogar con un público que nunca es pasivo.
Juan Martel: una feria que ya piensa en la próxima edición
El programa cerró con la intervención del concejal de Cultura de Telde, Juan Martel, que ofreció un balance muy positivo del desarrollo de la feria cuando aún quedaban actos por delante. Su idea central fue clara: la Plaza de San Juan se ha convertido estos días en una biblioteca abierta al público.
Martel celebró especialmente la respuesta del público familiar, uno de los grandes objetivos de esta edición, y subrayó que las actividades para bebés, niños, jóvenes y adultos están permitiendo una implicación transversal de toda la comunidad. Le sorprendió, además, la asistencia a las presentaciones de libros, un formato que en otros eventos suele quedar en segundo plano, pero que en Telde está funcionando mejor que en años anteriores.
Destacó también el éxito de los narradores orales, la buena acogida de la exposición África del Grupo Mujeres de Telde y la fortaleza de una feria que, a su juicio, ya es referencia cultural más allá del municipio. Según explicó, parte del éxito reside en la planificación: trabajar con casi un año de antelación, revisar lo que puede mejorarse y no conformarse con la satisfacción actual.
Martel confesó incluso algunos de los libros que ya había comprado, entre ellos Gaspar, la ruta por Gran Canaria y La ruta del príncipe, y dejó una reflexión que resume el espíritu de la apuesta municipal: no escatimar en una feria que la ciudad se financia al cien por cien con presupuesto propio, porque Telde tiene méritos de sobra para contar con una cita de calidad y convertirla en un polo de atracción cultural para toda la isla.
Una feria explicada desde dentro
Este segundo especial de La Alameda confirmó que la Feria del Libro de Telde no solo ofrece actividades, sino también discurso, identidad y relato propio. El programa sirvió para mostrar lo que no siempre se ve a simple vista: la pasión de los autores, la mirada de quienes vienen de fuera, la importancia del trabajo institucional, el valor de la memoria histórica y el poder de la oralidad en una edición que ha encontrado en África no un decorado temático, sino una verdadera fuente de preguntas, vínculos y sentido.
La entrevista coral, grabada este sábado en el Casino La Unión, dejó así una fotografía amplia y viva de una feria que sigue creciendo no solo en número de casetas y asistentes, sino también en profundidad cultural.









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