Entre la pasión de antes y la profesionalización actual, el debate no está en qué época fue mejor, sino en lo que no se debería perder: el compromiso, la esencia del terrero y el orgullo de representar a los nuestros.
A raíz del vídeo que circula por las redes sociales, en el que participan grandes puntales de la lucha canaria de hoy, entre ellos: Eusebio Ledesma, Pedro Hernández, Medianito IV y Alejandro Afonso, y del intento de comparar una época con otra, quiero dar mi opinión.
Siempre se dice que las comparaciones son odiosas… y en gran parte es verdad. Pero no en todos los casos. Hay algo que siempre digo cuando escucho comparar generaciones en la lucha canaria: las comparaciones, muchas veces, no hacen justicia.
Pertenezco a una época en la que entrenar no era una opción cómoda, sino un acto de compromiso. No teníamos los medios que existen hoy: ni preparación física específica, ni instalaciones modernas, ni apoyo técnico como el actual. Y por no tener, tampoco teníamos revisiones médicas periódicas como las que hay hoy. Lo que teníamos era el terrero… y muchas horas. Horas repitiendo mañas, corrigiendo errores, aprendiendo del compañero y del rival. Así se forjaba el luchador: a base de práctica, constancia y amor por el deporte.
Pero hay algo más importante aún: la gran mayoría de nosotros lo hacíamos por pura pasión. Trabajábamos diez o doce horas diarias en empleos duros, la mayoría en la construcción o en labores del campo, y aun así, por la tarde o la noche, estábamos en el terrero entrenando. Sin recompensas económicas, sin contratos como los que existen hoy, y sin ayudas. Solo el orgullo de luchar y representar a los nuestros.
Es cierto que algunos luchadores destacados lograban encontrar trabajos que les permitían entrenar mejor, pero eran una minoría. La mayoría compaginábamos esfuerzo laboral y deportivo sin esperar nada a cambio, salvo la recompensa del público, con las dádivas que nos tiraban desde la grada cuando ejecutábamos luchadas bonitas y con estilo.
Hoy, en cambio, se ve muy poca lucha en los terreros, porque en muchos casos prevalece más el triunfo que el espectáculo. Hoy los tiempos han cambiado. Existe una preparación más completa, más científica, más enfocada al físico y al rendimiento global, y también un mayor reconocimiento para los luchadores, además de los complejos vitamínicos. En nuestro tiempo, la “vitamina” la obteníamos del potaje y del trozo de queso que nos preparaban nuestras madres y esposas. Y eso es positivo. Pero también es cierto que aquella dedicación casi exclusiva al terrero, al contacto directo, a la intuición y a la experiencia, marcaba una diferencia.
No se trata de decir que antes era mejor o que ahora lo es. Son épocas distintas con realidades diferentes. El luchador de antes se hizo fuerte en la escasez; el de ahora crece con más herramientas, entre ellas mejores condiciones laborales para poder prepararse y también los emolumentos económicos que reciben.
Generaciones tras generaciones, hemos llegado hasta lo importante que se ha convertido nuestro deporte. Algo le debemos a aquellos que, con tanto sacrificio, lo llevaron hasta aquí. Quizás el camino ideal esté en unir ambas cosas: recuperar la esencia del terrero, el aprendizaje de la maña y el oficio, sin renunciar a los avances de hoy.
Porque la lucha canaria no es solo fuerza ni técnica: es historia, sacrificio, identidad y respeto por quienes la han construido generación tras generación. Y hay una diferencia que, en mi opinión, sí marca una época: la actitud ante el compromiso.
En nuestros tiempos, los luchadores se desvivían por ser convocados para cualquier evento, y más aún si se trataba de representar a Canarias en una fecha tan señalada como el Día de Canarias. Aquello era sagrado. Hoy, en cambio, lo han sustituido por encuentros de lucha de la liga regional… ver para creer.
Como ya he dicho anteriormente, se necesita convocar a un centenar de luchadores, y en ocasiones incluso a más, para poder confeccionar dos equipos de doce luchadores cada uno, en total 24. Esto se debe a que muchos rehúyen este tipo de encuentros, cuando en realidad debería ser un orgullo participar en ellos. En esto, permítaseme decirlo, sí somos diferentes… y con diferencia.
Incluso se han dado casos en los que luchadores, especialmente de la categoría de puntales, han sido sancionados por no acudir a convocatorias, a pesar de que ellos mismos habían firmado su compromiso para asistir a encuentros, incluso de rango internacional. Posteriormente, algunos han recurrido al Comité Canario de Disciplina Deportiva para evitar dichas sanciones.
Hoy, en muchos casos, parece prevalecer más el interés económico que el compromiso deportivo y el sentimiento por lo nuestro. Y esa, más que una diferencia, es una preocupación que debería hacernos reflexionar a todos los que queremos la lucha canaria.
José Trujillo Artiles, Barranquera IV


























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.206