Cristina Rivero y Miguel Ángel del Olmo, en la comparecencia en Telde (Foto: Juan Antonio Hernández)El coordinador nacional de la Asociación In Genero, Miguel Ángel de Olmo, y la delegada en Canarias, la teldense Cristina Rivero, presentaron este martes en Telde el balance de actuación de la organización en el archipiélago durante 2025, en la que cifró en 1.659 las personas atendidas en el conjunto de las islas, de los cuales el 2,31 % fueron víctimas de trata, y alertaron de los problemas que disponen para el empadronamiento y acceso a la tarjeta sanitaria. Al acto acudieron como asistentes Janoa Anceaume, concejal de Sanidad, María Eugenia Melián, de Vivienda y Contratación, e Iván Sánchez, de Urbanismo.
De Olmo precisó que los datos corresponden a todas las islas y que todavía no están desagregados por territorios insulares. También indicó que In Género trabaja en doce comunidades autónomas y que en Canarias cuenta con un equipo interdisciplinar, con sede principal en Telde, el colectivo abrió recientemente otro punto de trabajo en Tenerife.
Del total atendidos, 1.512 fueron mujeres denominadas cis, 85 mujeres trans y 62 hombres cis. En cuanto a la edad, el 7,65% tenía entre 18 y 22 años, el 74,08% entre 23 y 42 años y el 18,27% entre 43 y 70 años. De Olmo añadió que la media de edad gira “en torno a los 36-37 años” en casi toda España.
Colombia fue el principal país de origen, con un 59,10 %, seguida de Venezuela, con un 22,50 %. A continuación figuraron Brasil, con un 3,30 %, y Cuba, con un 2,20 %, mientras que el resto de países se movió en torno al 10 %. La nacionalidad española apareció en el 11,49 % de los casos, frente a un 88,51% sin nacionalidad española. En ese punto, De Olmo vinculó parte de esa composición a “la facilidad de poder entrar o no entrar” y a la exigencia de visado.
En cuanto a la situación administrativa, Del Olmo calculó que el 15,74 % tenía visado turístico, el 28,67 % estaba en situación regular, el 14,12% tenía la documentación en trámite y alrededor del 41 % seguía en situación irregular. De Olmo afirmó que “una persona desde que llega a España hasta que se puede regularizar puede pasar entre dos y tres años y hace que sea difícil acceder a un empleo o una actividad que pueda ser regular y en unas condiciones de inserción”.
Respecto a la formación académica de los atendidos, el 20,47 % tenía estudios universitarios, el 66,79 % habían acabado la Secundaria; el 11,47 % , la Primaria y el 1,27 % carecía de estudios. De Olmo señaló que se trata de una realidad que han “contrastado año tras año”.
Dentro de las responsabilidades familiares, el 10 % declaró no tener cargas; el 33,25% sostuvo entre uno y dos familiares; el 43,87%, entre tres y cinco, y el 12,43%, entre seis y veinte. De Olmo resumió ese último tramo con una frase: “Un 12 % mantiene una cantidad enorme de personas solamente con los ingresos que obtienen”.
El coordinador informó que la asociación actuó en 302 lugares en Canarias. De ellos, 228 fueron pisos privados (64,1 %), 25 clubes (12 %), alrededor de 45 casas típicas (22 %) y cuatro espacios públicos (1,28 %). De Olmo comparó esos datos con los estatales y señaló que en la Península la distribución está “más o menos al 50 %”. Sobre ese predominio de pisos privados, De Olmo afirmó que “muchas veces el ejercicio de la prostitución se produce a través de viviendas turísticas” y añadió que son pisos “fáciles de acceder y alquilar que muchas veces dan cobertura para desplazarse de un lugar a otro, de una isla a otra”.
El acceso a derechos básicos ocupó una parte central de la intervención. El 54,25 % de las personas atendidas estaba empadronado. De Olmo afirmó que “el empadronamiento es el acceso principal a los derechos de las personas” y alertó de que la asociación encuentra “muchísimas dificultades” para empadronar: “Los ayuntamientos ponen muchísimas cuando la puerta de entrada a los servicios básicos son los empadronamientos. Cuando aparecen esas trabas administrativas ponemos una piedra más en el camino y en la vida de estas personas”.
Entre los problemas que advirtió se encuentra el acceso sanitario. De Olmo indicó que en torno al 54 % de los atendidos tenía tarjeta sanitaria y que el resto carecía de ella. Aseguró que “en muchas ocasiones se les cobra en las urgencias o por cualquier consulta” y añadió que la asociación trabaja con el Gobierno de Canarias para facilitar ese acceso a través de un “empadronamiento específico”. “Las personas tienen derecho independientemente de donde provengan”.
La comparecencia incluyó además datos sobre el conocimiento de los servicios sociales. El 40% de las personas atendidas dijo conocerlos y el 59,47% aseguró no conocerlos en la primera entrevista. De ese 40% que sí los conocía, solo el 45% los había utilizado en alguna ocasión. De Olmo resumió ese bloque al señalar que “dos de cada diez personas acceden a los servicios sociales o conocen los servicios sociales o los han utilizado de alguna manera”.
En relación con el inicio del ejercicio de la prostitución, De Olmo indicó que un 7 % ya había decidido en su país de origen que vendría a ejercerla en España, mientras que el 81,96 % “nunca” había tenido esa idea antes de llegar.
También detalló el tiempo de ejercicio. El 50 % llevaba menos de un año; el 25 %, entre uno y tres años; el 8 %, entre tres y cinco, y el 8,57 %, más de diez años. Al comparar ese primer dato con el conjunto estatal de atenciones de la asociación, De Olmo subrayó que en la península la cifra ronda el 30 % y que en Canarias alcanza el 50 %.
Sobre la coerción, la asociación indicó que el 2,74% manifestó haber sido obligado en algún momento a ejercer la prostitución, frente a un 97,96 % que lo negó. Al referirse a ese dato, De Olmo añadió: “Les ha obligado todo ese sistema de vulnerabilidades que al final te abocan a ese ejercicio de la prostitución”.
En el apartado de detección, In Género situó en el 2,31 % las víctimas de trata identificadas en Canarias y en el 18,34% las víctimas de explotación sexual. El resto de los casos, según expuso De Olmo, correspondió a personas que ejercen la prostitución “de una manera autónoma o de una manera que no es tan obligada”. El coordinador nacional explicó que la asociación utiliza indicadores de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito para valorar esos casos. Entre ellos citó la obligación de ejercer, la extorsión, la intervención de terceras personas, las amenazas, las jornadas prolongadas, la residencia en el mismo lugar de trabajo y la precariedad de las condiciones de vida.
De Olmo afirmó además que la asociación ha trabajado con varios casos de trata durante el último año. “Es muy difícil la denuncia porque no se dan las condiciones para que las personas libremente puedan denunciar la situación. Necesitamos una Ley de Trata que debería intervenir desde la raíz y dar garantías suficientes a las personas que son explotadas”.
Por último, la coordinadora autonómica Cristina Rivero se centró en los resultados concretos de intervención en el que informó de 38 inserciones sociolaborales. “Es un dato significativo porque la mayoría de personas están en situación irregular y conseguir que regularicen su situación y que se inserten laboralmente es algo que lleva bastante tiempo”.
Rivero también informó de 300 demandas de empadronamiento, de las que salieron adelante cerca de 258. En ese punto achacó a las sintitucuones públicas: “No fue gracias a los ayuntamientos, sino a la Casa de la Mujer del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria”, a la que atribuyó la capacidad de empadronar a personas que no están en una ubicación fija. Según explicó, “muchas de las personas atendidas se encuentran todo el rato en movilidad y no pueden estar en un sitio fijo porque carecen de contrato de alquiler o de vivienda estable”. Añadió que esa circunstancia lleva a que los ayuntamientos les nieguen el empadronamiento.
En materia sanitaria, la coordinadora de Canarias indicó que la entidad realizó noventa pruebas de VIH en la sede. Cuando hubo resultados reactivos, positivos, el equipo activó el acompañamiento correspondiente y obtuvieron su tarjeta sanitaria y su tratamiento. En los casos con resultado negativo, Rivero señaló que la asociación mantiene el seguimiento “durante el tiempo oportuno” y facilita la cobertura sanitaria pública. A ello añadió que la organización ha conseguido “más de 75 tarjetas sanitarias”.
Tras las intervenciones, Cristina Rivero dio paso a una de las usuarias que fueron atendidas por la asociación para que diese testimonio de su vivencia, la cual fue anónima sin fotografía de por medio.
Testimonio
Bueno, primeramente, no voy a llorar. Estoy agradecida con Dios y con todos ustedes, con este equipo, con la abogada, con ella, en un momento difícil y maravilloso de mi vida.
Llegué a este país con la necesidad de ir a Colombia. Tengo tres niños: dos niñas pequeñas y uno mayor. Me tocó dejarlos y venir a buscar un horizonte, algo nuevo. Yo soy profesional en la belleza.
Gracias a Dios estoy integrada a través de mi ángel, pero costó mucho. No es fácil estar acá. Llegar acá, todas las puertas están cerradas. No se abre tan fácil. Venimos con una mentalidad y, cuando llegamos aquí, nos encontramos con otra realidad.
Conseguir un papel, un documento seguro, cada día es más difícil. Y nos envolvemos más y más en ese mundo que nos lleva a correr tantos riesgos, peligros, drogas, de todo. Me vi en una situación en la que tenía 15 días de haber llegado acá. Lo cuento como testimonio.
Y, pues, con la necesidad, como lo digo, tengo mi silla en otro país, todas las necesidades, la comida, las deudas en las que nos metemos por volver a venir acá. Pasé por un autosecuestro en un hotel que psicológicamente me traumó bastante. Una persona me dejó encerrada en el balcón. De paso, me obligó casi que a consumir, porque en pocas palabras fue así.
Él, bajo los efectos de la luz, me dejó en un balcón y eso fue algo para mí traumático. Pensé que me iba a tirar de ahí. No sabía qué iba a pasar con mi vida. Después de tanto esperar, llamar, llegaron, me sacaron de allí y me fui al piso.
Pero allá, lo que nos dicen cuando llegamos acá es que no pueden hablar, no pueden decir nada, no pueden llamar a nadie. Este es un país que se llama Teleporta. Yo no conocía España. No sabía cómo era esto.
Y yo, por el temor, no decía nada. Un día llegó ella, porque van a visitar y a llevar los preservativos, y ella llegó, no los conocía, a darnos los preservativos. Pero yo tenía como un nudo aquí, que quería decirlo, que quién me podía ayudar, porque quería salir de ahí. Tenía ya doce más, trece más, no, tenía diez meses.
Ya tenía quince días de haber pasado eso. Había sido muy... Y le comenté a ella. Entonces ella me dijo: “Pues tengo un abogado que te puede ayudar”. Y ahí comencé a entrar, como que vi la luz del medio del túnel, y pasé por un proceso bastante fuerte, porque no fue de un día para otro. Estuvieron con las ayudas de los papeles, pero me tuvieron que mandar de un piso a otro.
Lo que te esfuerzan ellos de pagar un cuarto, casi doscientos y cincuenta euros semanal, era obligatoriamente que sí o sí tenían que trabajar, porque cómo lo iban a pagar. Más la comida, más todo. Si no pagaste eso, si no pagaste vos. Entonces ella volvió ahí, porque tenía un seguimiento conmigo, y volvió ahí donde yo estaba. Pero ya la situación no era... la situación era que mi cuerpo no daba para más. Yo no quería que más nadie me tocara, no quería que más nadie me escribiera, no quería estar con nadie, porque yo decía: yo tengo una profesión, yo tengo mi arte, esto no es lo mío. Y me negaba ploturnamente a continuar en el lugar.
Entonces, bueno, no había cómo hacerle señas a ella. Necesito salir de aquí. Había habido otras circunstancias allí, con otras personas, que pensé que me iban a herir, pensé que me iban a golpear. Menos mal que Dios tomó el control de eso y pude esperar. Pero llegó un punto que le dije a ella: “No puedo más”. Ya tenía quince días que no trabajaba, que no comía. Tenía varias noches sin dormir. No quería nada. Tenía una depresión total, porque no quería que nadie me tocara. Y cogí mi maleta, que me había quedado en mi lanzada, y dije: “Bueno, o es la calle o es mi vida, o me quedo en este lugar”.
Y me fui a la calle. Y estando en la calle, le di una foto a ella y le dije: “Pues me fui a la calle, no puedo más. Si nos pueden ayudar, porque no voy a seguir más ahí”. Y al otro día se movieron todos rápido. Estaba en la comida de vacaciones, pero todo el mundo se movió. Me consiguieron un lugar de estancia en el que estuve nueve meses. Pasé por un proceso psicológico. No fue fácil tampoco. Ahí me tocó enfrentarme con mis propias realidades, con ansiedad de no tener el dinero. No por el trabajo, porque eso no lo quería, sino por tener un niño pequeño, la necesidad de mis niñas, el colegio, no tener dinero, sobrevivir con 30 euros mensual que ese día me daba.
Pero aproveché el tiempo de sacar algunos estudios. Saqué algunos cursos. Salí de ese lugar con tres títulos. En la parte psicológica rendí; en la parte social también. Me integré más en la sociedad. Comencé a estudiar, a especializarme un poco más, y ellos decidieron que yo ya estaba capacitada para darme de autónoma. Y me pasaron a una entidad, que es donde me encuentro ahora. Me dieron de autónoma. Con los cursos que hice, más los cursos que yo traía de fuera, mis estudios y todo, conseguí trabajo en una empresa, que es donde trabajo ahorita, y la voy a atender un año.
Todavía estoy sin mis hijas en este lugar. Ha sido un proceso difícil lo de la documentación, porque no he podido viajar a mi país, por lo que tengo. Gracias a ella, me consiguió ese asilo aquí, y ahorita estamos con lo de la regularización, que no permita para poder regresar. No es fácil tampoco, porque aunque estoy integrada en la sociedad, lo que hay lugar viendo y todo, a veces te ponen dificultad, quieren dos nóminas, muchas cosas. Pero pienso que ya hemos avanzado bastante. Estoy trabajando en lo que suena en mi arte.





















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