El próximo día 11 se rendirá homenaje a José Florido, “Pollo Florido”, en el terrero del Castro Morales, media hora antes del comienzo de la luchada. Un gesto que, sin duda, parte del respeto, pero que deja una sensación inevitable: se queda corto.
Porque José Florido no fue solo un luchador. Fue también una víctima de la represión, un símbolo de dignidad y memoria histórica para nuestro pueblo. Y precisamente por eso, su reconocimiento debería estar a la altura de lo que representó.
Cabe preguntarse si el lugar elegido es el más adecuado. No porque el terrero no tenga valor —que lo tiene, y mucho—, sino porque su figura trasciende lo deportivo. Su historia pertenece también al ámbito institucional, al reconocimiento público y oficial que dignifica la memoria colectiva.
Tal vez el espacio más coherente hubiera sido el salón de plenos del Ayuntamiento de Telde. Allí donde un pueblo reconoce su historia, donde se honra a quienes forman parte de ella desde el compromiso y la responsabilidad institucional.
Recordar a “Pollo Florido” no debería limitarse a un acto previo, breve y casi protocolario. Su memoria merece profundidad, contexto y un reconocimiento que esté a la altura de su legado.
Porque la memoria no puede medirse en hora y media.
José Trujillo Artiles, Barranquera IV, exluchador.


























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