La historia de Canarias aún no se ha contado. Por un hecho obvio, la historia oficial siempre la cuentan los vencedores, por esta razón, la represión franquista en Canarias nunca ha sido contada. Al menos no lo suficiente.
Nadie nos explicó en la escuela, ni después, que en Canarias hubo más de tres mil desapariciones y asesinatos de víctimas inocentes, cuyo único delito fue oponerse al régimen franquista o estar afiliado a un sindicato.
Como le sucedió a José Santana Florido, el luchador del Adargoma. Su historia merece ser contada y recordada en todos los textos escolares, en la plaza de su pueblo, Telde, en nuestros centros escolares, en nuestro recuerdo, porque “El pollo florido” como así llamaban al luchador, fue el símbolo de la resistencia del pueblo, pero también, del olvido institucional en que se ha quedado su memoria. Su historia, si se conociese, debería haber creado ya varios cuentos o novelas, un documental, una película o una serie. Pero lo nuestro, nuestra historia se desprecia porque se desconoce.
José Florido tenía treinta y cinco años cuando fue arrojado a la Sima de Jinámar en Gran Canaria. Sus familiares lo recuerdan como un un hombre honesto, trabajador, justo, familiar y que nunca se achicaba. El luchador, reconocido por su honestidad y compromiso, fue recordado porque cuando los fascistas lo arrojaban al agujero volcánico, con una maña de lucha canaria, se llevó con él a los dos esbirros que lo encadenaban. Su azaña fue un último gesto de coraje y valentía.
El fascismo no solo asesinaba sino que ocultaba su crimen y dejaban a las víctimas colaterales sin sustento ni reconocimiento de por vida. La muerte no era lo peor que podía pasar. Los que quedaban sufrían las consecuencias y quedaban desprotegidos y obligados a pasar hambre. Esto fue lo que le sucedió a la viuda de José Florido, con cinco hijos, el mayor de seis años y embarazada, cuando asesinaron a su marido. El estado franquista nunca reconocía a las víctimas. Su mujer se vio obligada a repartir los hijos en diferentes instituciones y entre familiares. Durante todo este tiempo, no recibió ningún tipo de ayuda oficial y solo cuarenta y seis años después, en 1983, se le reconoció su estado de viudedad.
Y es que los muertos, durante el franquismo, no eran muertos sino desaparecidos, como decía el dictador argentino,Videla, de sus propios muertos. Porque las víctimas de la represión franquista eran cuerpos lanzados al mar en “La mar fea”, en medio del océano o en la Sima de Jinámar y no dejaban huella.
La Ley canaria de Memoria Histórica (Ley 5/2018) fue creada precisamente para recuperar y dignificar la memoria de las víctimas canarias de la represión. Queda mucho por hacer, por los cientos de desaparecidos y asesinados durante y después de la dictadura. Conocer, dignificar, recordar la memoria de quienes lucharon por un mundo mejor es hacer justicia, y su objetivo principal que fue hecha la ley.
Por fin, el 11 de abril en el terreno de lucha Canaria, en Lomo Cementerio, Telde, se le dará un homenaje. Pero queda aún mucho por hacer, para dignificar a nuestros muertos y desaparecidos. Tal vez, como dice una de sus nietas, nos falta determinación para ser portadores de nuestra herencia cultural. Ahora, más que nunca, se hace necesario conocer y valorar nuestro pasado con proyectos educativos, culturales, que nos ayuden a comprender en el presente, con perspectiva del pasado. Al menos para que no se vuelva a repetir, para que se conozca una parte de nuestra historia oculta y expresamente silenciada.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura y escritora.



























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.147