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Domingo, 05 de Abril de 2026

Actualizada Domingo, 05 de Abril de 2026 a las 14:46:57 horas

Rostros de Telde

Matías Rodríguez Perdomo, el barbero que empezó frente al espejo de su casa

Se inició haciendo recortes menores en su domicilio con herramientas domésticas hasta que le llegó la oportunidad laboral

JUAN ANTONIO HERNÁNDEZ/Telde Domingo, 05 de Abril de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Domingo, 05 de Abril de 2026 a las 08:03:32 horas
Matías Rodríguez Perdomo, peluquero y barbero en The Korner (Foto: Juan Antonio Hernández)Matías Rodríguez Perdomo, peluquero y barbero en The Korner (Foto: Juan Antonio Hernández)

'Rostros de Telde' vuelve a una peluquería cuando se cumple algo más de un año de su regreso con el reportaje a Chanito Galindo, quien por cierto fue elegido meses más tarde como pregonero de las fiestas de San Gregorio, barrio al que hemos vuelto para hablar con el protagonista de esta semana, que también se dedica desde hace diez años a la tijera, el peine y la cuchilla de afeitar.

 

Matías Rodríguez Perdomo (5 de agosto de 1994) es peluquero y barbero. Su aprendizaje empezó en su propio hogar en plena adolescencia con retoques propios y herramientas domésticas. Dio el salto a la peluquería Germán Rivero (San Juan), donde trabajó un año, y tras terminar sus estudios en el IES José Arencibia Gil para volver a cortar pelo y barba en The Korner, donde trabaja desde 2017. Iba a cubrir un refuerzo y terminó quedándose hasta la actualidad.

 

“Me gusta cuidar la imagen del hombre. Empecé por mí y después quise ayudar a todos los hombres a tener una buena imagen. A los 15 o 16 años empecé a retocarme la patilla, la barba y la pelucilla que te sale de adolescente. Mi madre me daba diez euros al mes y había que estirar la pelada", asegura Rodríguez.

 

Ese inicio tiene algo de oficio antiguo: una casa, un espejo y una herramienta encontrada. “Soy autodidacta total, los primeros retoques fueron en la patilla, los pelos por encima de la oreja, los vigillos del cuello y alguna pelucilla por la barba o el bigote". Si ssus inicios fueron caseros, mucho más fueron sus primeras herramientas. “Las tijeras de la cocina y la maquinilla que había por casa. También cogí alguna maquinilla a mi padre".

 

La barbería entra en su vida por ahorro y por gusto. El fútbol añade la segunda capa: la moda. “Como me gustaba el fútbol, veía muchos estilos de corte de futbolista. Veía un corte en un partido y pensaba: «este corte se va a poner de moda»”. A partir de ahí llega el gesto que ya lo coloca en el oficio: probar lo que le gustaba entre sus conocidos. “Se lo decía a algún amigo: te voy a hacer este corte. Lo tiene tal jugador.” Y cuando recuerda un peinado que se le quedó grabado, da un nombre y una imagen: “Fernando Torres, cuando se dejó el mullet atrás, fue impactante.”

 

En su gusto personal manda la línea clásica. “Mi estilo es el corte clásico y le doy mi toque moderno". Eso sí, dentro de la barbería, la demanda discurre por otro carril. “Ahora mismo piden tupper fade o low fade, con diseño. Se lleva mucho el pelo ondulado; hasta el hombre que tiene el pelo liso se lo quiere ondular". Su lectura de la moda es serena y práctica. “Las modas siempre son las mismas: por época van y vuelven". Y añade una observación que viene de años de silla y de clientes: “En la adolescencia eres más atrevido y quieres experimentar. Cuando eres más adulto, te centras más en un tipo de corte, acorde con la edad y con tu estilo de ropa".

 

Su parte favorita del oficio llega cuando el cliente le cede el mando. “Que te diga: «hazme lo que quieras». Ahí haces el cambio de imagen según su manera de vestir y los rasgos de la cara". Ahí es cuando se concentra buena parte del trabajo de barbería: mirar, calibrar, decidir, recortar y perfilar. La conversación con el cliente abre el corte y la técnica lo remata.

 

Cuando se habla de técnica, Rodríguez no tarda en marcar jerarquías, compartida con muchos otros profesionales de su sector. “Peine y tijera siempre. Ahí se ve la dote". Para él, la máquina simplifica; el peine y la tijera afinan, ordenan y revelan mano. Esa preferencia encaja con su gusto por el corte clásico y con su aprecio por el detalle. Lo mismo le sucede con el afeitado: elige la vía tradicional. “Con espuma Lea y navaja".

 

La dificultad del trabajo, en su experiencia, se concentra la zona más delicada y sensible de todo trabajo con componente social y externo: el entendimiento con el cliente. “La dificultad está en entenderte con el cliente, para hacer un buen trabajo y para que él salga contento.” Ahí cabe todo: la expectativa, la explicación previa, el peinado de referencia, el tipo de pelo, la edad, la cara y el carácter.

 

De vez en cuando llega una petición que resume época, redes y atrevimiento. Él recuerda una con precisión. “Un niño me pidió el tribal de Bad Bunny en la cabeza. Me sorprendió por la edad. Le pregunté si la madre lo había dejado". Pero lo más que le sorprendió a Matías Rodríguez en estos diez años que lleva afeitando barba y cortando pelos es la demanda que sigue existiendo entre los hombres pese al auge y perfeccionamiento de las herramientas domésticas de autocuidado, circunstancia que reduce la demanda. Luego vio otra cosa. Los clientes siguen entrando por el corte, por el trato y por el rato. La barbería, en su visión, reúne servicio y ambiente. Esa idea enlaza con lo que más aprecia de su trabajo. “El compañerismo que tenemos aquí, y después el trato al cliente, tanto el servicio como la experiencia. Me gusta el cambio del cliente cuando entra y cuando sale".

 

Y como a cada protagonista de 'Rostros de Telde', conocemos algunos de sus gustos personales.

 

Último libro leído y recomendación literaria.
'Padre rico, padre pobre'. Lo recomiendo porque a la gente le hace falta educación financiera

 

Recomendación musical

Escucho de todo: salsa, bachata, reguetón y música negra. La música depende del momento en el que estés. No es lo mismo escuchar música en el gimnasio que en el salón de barbería. Depende del momento y va el estilo de música.


Reflexión sobre Telde

Ya llevo muchos años viviendo en Telde. Y es verdad que hace veinte años era diferente y ha cambiado mucho. Pero creo que la ciudad ahora mismo está en proceso de reforma. Y creo que, con el tiempo y con paciencia, puede lograrse una gran ciudad. Volver a la ciudad que fue antes en todos los sentidos. Tanto como la ciudad del deporte, como se reconoce, como polideportivo. Y después con el tema de que es una ciudad que lo tiene todo. Tiene costa, montañas, hay buena gente. Creo que es una ciudad que lo tiene todo. No tiene nada que envidiar a ninguna otra.

Y algo que le favorecería mucho es el tema del aparcamiento, por ejemplo. Porque es muy difícil aparcar. Aquí los clientes se quejan del aparcamiento. Y creo que, mejorando esas cosillas, puede ser Telde la ciudad de antes. O incluso mejor que antes. Igual que el cine o la zona del parque que hay aquí abajo que ahora se supone que lo van a reformar.

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