Habréis oído muchas veces eso de que el cuerpo nos habla. Lo que pasa es que no nos paramos, la mayoría de las veces, a escucharlo. Pues les cuento que mi cuerpo no me ha hablado, me ha dado un gran grito, y no he tenido más remedio que hacerle caso.
Que yo sepa, no estoy enferma. Tengo una analítica saludable y, gracias a Dios, no me duele nada. Pero, por lo visto, estaba viviendo mi vida con demasiado estrés y no me daba cuenta. Entonces, mi pelo actuó como altavoz de mi cuerpo y me regaló una Alopecia Areata.
¿Qué es esto? Pues eso mismo me pregunté yo cuando la vi, porque no lo había visto nunca en nadie (y, sin embargo, ahora lo veo en muchas cabezas).
Yo estaba acostumbraba a darme el tinte en casa desde hace muchos años, y siempre lucí una melena o media melena entre rubia y canosa que me daba mucha alegría a la cara. Entonces, el 24 de diciembre de 2025, al empezar a separar el cabello para aplicar el tinte, me doy cuenta de que tengo un círculo como una moneda de 50 céntimos encima de mi cabeza a mi derecha, y a mi izquierda otro círculo un poco más pequeño, como de 20 céntimos, completamente limpio, y una brillante calva ocupaba esos redondeles. Imaginaos mi asombro, ¿Qué es esto? Pedí cita al dermatólogo y me vio al mes. En ese momento, ya la circunferencia había crecido en ambos lados. Cada vez, la calva era más grande, hasta el día de hoy, que cada una por separado supera el diámetro de una pelota de tenis. Incluso hay una nueva que está en la coronilla y va bajando hacia atrás.
Quizás, sí pudiera ser que estaba bastante agobiada. Tras cinco años viviendo en un apartamento -donde pensaba que me quedaría ahí para siempre-, me comunican que no me renuevan el contrato; así que tenía que buscar un apartamento nuevo. En el pueblo donde vivo (Arguineguín) es muy difícil conseguir algo y, además, los alquileres son muy caros. Llegó la incertidumbre y la pregunta de: ¿Ahora qué hago?
Sin darme cuenta, mi cuerpo me ha obligado a parar, a pensar y a decidir que no vale la pena ir con tantos afanes por la vida (no porque se me caiga el pelo, porque mis defensas podían haber reaccionado con cualquier otra enfermedad). Aún me queda por hacer una mudanza, con lo que ello implica, pero lo tomaré con toda la calma del mundo y pensando en mis necesidades, más que en mis obligaciones. No tengo por qué tener obligaciones, se podría decir que ya lo tengo todo hecho. Ya he plantado muchos árboles, he tenido a mis tres hijos, y he escrito más libros de los que pensé nunca escribir. Así que, ahora lo que haga es todo opcional, puedo elegir hacerlo, o no.
Ahora estoy ilusionada, porque en unos días me mudaré a mi nueva casa, donde el sol me saludará de frente cada mañana. Estoy ilusionada porque los libros ya caminan solos, por saber que mi familia está bien e ilusionada porque hoy voy a decir adiós a mi cabellera. He decidido raparme la cabeza, porque no me gusta ver cómo diariamente se me cae el pelo y prefiero ver cómo cada día crece y crece.
Sé que es un choque fuerte, pero tengo tantas ganas de hacerlo, que no veo el momento.
El cabello cumple una misión importante en la cabeza, protege el cuero cabelludo del sol y del frío, entre otras cosas. Pero yo vivo en Arguineguín, donde tenemos más de 300 días de sol al año. Con lo cual, ya estoy acostumbrada a llevar sombrero cada vez que salgo a la calle y no será para mi ningún problema cubrirme la cabeza. La voy a proteger muy bien. Aunque tengo que decir que tengo ganas de lucir mi cabeza sin pelo. No estaré guapa, pero eso no me importa en absoluto. Estaré diferente. Es una decisión propia que va a servir para que yo me sienta bien, para que no me deprima por esa caída galopante. No me gusta la depresión y, mientras yo pueda, no voy a dejar que entre en mi vida.
Quiero lucir esa desnudez capilar con la misma sencillez que lucía mi pelo. Para mí no es ninguna vergüenza no tener pelo, es otra opción, algo que sucede por algún motivo irremediable, o porque tú lo decides. No ha cambiado mi identidad, ni mi personalidad, simplemente, ha cambiado mi físico.
Las personas se acostumbran a verte como eres y te valoran por lo que eres. Así que me sorprendí cuando apareció, pero no he permitido que me cause ningún trabe psicológico.
Es sólo pelo, y yo sigo siendo yo.
Ana Chaceta es escritora.



























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.35