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Sábado, 28 de Marzo de 2026

Actualizada Sábado, 28 de Marzo de 2026 a las 13:13:10 horas

Colaboración

Unir fuerzas, se debe y se puede

Reflexión de Román Rodríguez, de Nueva Canarias-BC

ROMÁN RODRÍGUEZ Sábado, 28 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Sábado, 28 de Marzo de 2026 a las 11:12:50 horas

La extrema derecha está produciendo cambios tan relevantes como negativos en el mundo. Que se plasman en el creciente autoritarismo y el desprecio a los valores democráticos, el intento de destrucción de históricas conquistas laborales, la restricción de los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres, los ataques a la comunidad LGTBI, la disminución o eliminación de programas sociales, el incremento de la violencia contra las personas migrantes o el maltrato al cuidado del planeta y el freno a la lucha contra la Crisis Climática. Y, también, mediante sus agresivas políticas belicistas e imperialistas, como se comprueba en la guerra ilegal, injusta e inmoral declarada contra Irán por parte de Israel y Estados Unidos, dos de las mayores potencias militares del mundo.

 

Esta guerra parece que comienza a entorpecer el avance ultra. Al menos en buena parte de la Unión Europea, en la que su ciudadanía -como la del Estado español y la de Canarias- rechaza de forma mayoritaria la barbarie militarista impulsada por Donald Trump y Benjamin Netanhayu y sus consecuencias en la zona en conflicto: las miles de muertes, heridos y desplazados, así como la destrucción de escuelas, hospitales y viviendas; y, asimismo, globalmente, por la subida de los precios de los combustibles y su efecto sobre la elevación de los precios del transporte y de los alimentos, por las secuelas que, según algunos expertos, impactarán durante años.

 

El apoyo de Abascal, Meloni y otros dirigentes de la extrema derecha a las políticas de Trump, desde la aplicación de arbitrarios aranceles a la actual guerra, puede estar empezando a producirles efectos negativos. Hasta Feijóo se ha visto obligado a plegar velas apuradamente y desdecirse de su inicial entusiasmo hacia la guerra. Aunque su cambio resulta poco convincente. Como poco convincente resulta la postura de Coalición Canaria, que denuncia los efectos de la guerra, pero calla sobre quiénes son los responsables de esta.

 

Nos encontramos en un momento en que la política internacional, desde la economía a la seguridad, pasando por el deterioro de Naciones Unidas, está teniendo un elevado impacto en las políticas internas de los estados y, de manera evidente, en sus procesos electorales.

 

Francia, Italia, Dinamarca, EE.UU.

Esas circunstancias se pudieron observar en las recientes elecciones municipales francesas. Los resultados que arrojaron las urnas se alejaron bastante de los que predecían las derechas conservadoras y ultras, que se veían claras ganadoras impulsadas por la ola trumpista internacional. Los analistas apuntan a La guerra y el fuerte rechazo que genera influyó en que su crecimiento fuera mucho menor del que esperaban. Quedando limitado más a los pequeños núcleos urbanos y a las zonas rurales, con la excepción de Niza. Pero no pudiendo evitar que las izquierdas renovaran al frente de los consistorios de París, Marsella o Lyon. El camino de los ultras de Marine Le Pen y Jordan Bardella hacia las elecciones presidenciales de 2027 no va a resultar tan sencillo como se imaginaban. Aunque tampoco las izquierdas, muy fracturadas, lo tienen precisamente fácil.

 

Igual ocurre en Italia, donde la primera ministra, Giorgia Meloni, perdió el pasado domingo el referéndum que convocó para sacar adelante una reforma de la Magistratura que modificaba el texto constitucional vigente. Lo que acaba de abrir una crisis de Gobierno, con la salida de varios ministros. Y evidenciando que ser un aliado del belicista Trump puede empezar a dejar de ser rentable electoralmente. La ola puede volverse en contra y hacer naufragar a más de uno.

 

En Dinamarca, por su parte, la primera ministra socialdemócrata, Mette Frederiksen, consiguió salvar los muebles con una apretada victoria de su partido frente a la derecha en unos comicios anticipados. Elecciones sobre las que sobrevoló, sin duda, el fantasma de la amenaza de Trump sobre la integridad territorial de Groenlandia, que pretende anexionarse por la buenas o por las malas.

 

Esta resistencia a las políticas ultras cuenta con algunos recientes antecedentes notables. Entre ellos, la llegada en enero del socialista Zohran Mamdani a la alcaldía de Nueva York. Con un programa que incluye la congelación del precio de los alquileres y la financiación pública para la construcción de 200.000 nuevas viviendas asequibles; transporte público gratuito y eficiente; seguridad comunitaria con un enfoque prioritariamente preventivo; cuidado infantil gratuito para niños y niñas desde las seis semanas hasta los cinco años; supermercados públicos a bajo coste; o aumentar el salario mínimo de Nueva York a 30 dólares por hora en 2030.

 

También el que, a comienzos de noviembre de 2025, dos mujeres del Partido Demócrata, Abigail Spanberger y Mikie Sherrill, más moderadas que Mandani. fueran elegidas nuevas gobernadoras de Virginia y de Nueva Jersey. O, esta misma semana, el triunfo de la demócrata Emily Gregory sobre un candidato apoyado por Trump para cubrir un escaño en la Cámara legislativa de Florida en el distrito que alberga Mar-a-Lago, la propiedad de Palm Beach donde el presidente de Estados Unidos tiene su mansión. Su popularidad está en horas bajas, el movimiento MAGA se encuentra muy dividido y las encuestas apuntan a que puede perder las elecciones de medio mandato, que se celebrarán en noviembre.

 

Igualmente sucede en el Reino Unido, con la victoria electoral en el mes de mayo del pasado año del laborista Sadiq Khan, permitiéndole afrontar un tercer mandato al frente de la alcaldía de Londres. O el importante ascenso de los Verdes en algunos comicios parciales celebrados el pasado mes de febrero en Inglaterra y Gales, derrotando a la ascendente extrema derecha de Farage y a un Partido Laborista en caída libre.

 

Comunidades autónomas

En España, además, las políticas globales y la dinámica de polarización estatal está influyendo de manera decisiva en los procesos electorales que en el periodo reciente se han desarrollado en distintas comunidades autónomas. Los resultados de Extremadura hay que leerlos en esa línea, con una consolidación del bloque ultraconservador que mejora posiciones frente al bloque progresista. Lo mismo en Aragón, aunque allí se diera un resultado notable de la Chunta, muestra de la importancia de los partidos territoriales con arraigo, historia y experiencia institucional. Y, en el caso de Castilla y León, resistió mejor el bloque progresista, por la subida del PSOE -en la que influyó su posición de rechazo a la guerra-, pese al desastre de las izquierdas alternativas.

 

Veremos si el frenazo en el crecimiento de los ultras queda o no ratificado en las elecciones andaluzas que se celebrarán el próximo mes de mayo. En las que el candidato del PP, Juan Manuel Moreno, que parte con mayoría absoluta, aparece en las encuestas como claro favorito a la reelección. Y en las que una de las incógnitas es si se verá obligado o no a gobernar con el apoyo de Vox. Las otras son la capacidad de recuperación de los socialistas con su nueva candidata a la Junta, María Jesús Montero, y el grado de unidad que finalmente alcancen las izquierdas alternativas.

 

Los hechos, en diversas partes del mundo, y especialmente en Estados Unidos y en Europa, confirman que es posible vencer a la extrema derecha. Para ello resulta imprescindible que demócratas y progresistas unan fuerzas con generosidad e inteligencia. Teniendo como prioridades la lucha contra el fascismo, contra la guerra y contra el ultraliberalismo. Defendiendo la democracia y las libertades; la paz y el respeto a la legalidad internacional; y el papel de lo colectivo, de las conquistas sociales, del avance en equidad.

 

Román Rodríguez es secretario nacional de Formación, Programas y Estrategias de Nueva Canarias-Bloque Canarista (NC-BC). 

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