Dirigido a la Dirección General de Deportes del Gobierno de Canarias y a quien corresponda.
La Lucha Canaria enfrenta un problema que ya no es nuevo, pero sí cada vez más preocupante: la normalización de lo excepcional.
La posible designación de una nueva comisión gestora hasta 2028 confirma esta deriva peligrosa. La situación se agrava si quien la vaya a dirigir ha estado previamente implicado en juegos políticos que han debilitado la institución. Como se dice, “de aquellos lodos, estos barros”; el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.
Lo que debería ser una solución temporal se ha convertido en una práctica recurrente. Y cuando lo provisional se prolonga indefinidamente, deja de ser la solución para convertirse en el problema, especialmente cuando interviene la mala política.
Los hechos son claros: procesos electorales con escasa participación, candidaturas únicas que no llegan a asumir el cargo y falta de condiciones para ejercer liderazgo. Cuando nadie quiere asumir la responsabilidad, no falla la persona: falla el sistema.
Se ha instalado un ciclo difícil de ignorar: gestora, elecciones débiles, ausencia de liderazgo y vuelta al punto de partida. Este bucle erosiona la credibilidad, debilita la participación y pone en riesgo la autonomía de la Federación.
Ante esta situación, la pregunta es inevitable:
¿Cómo se justifica una nueva gestora prolongada cuando los estatutos establecen límites claros?
No se trata de sospechas, sino de hechos. La estructura actual no garantiza estabilidad ni legitimidad.
La Lucha Canaria no es solo un deporte. Es identidad, tradición y memoria colectiva. Por ello preocupa especialmente la pérdida de protagonismo de la Asamblea —nuestro histórico Tagoror—, órgano soberano y espacio donde deben rendirse cuentas tanto en lo económico como en lo deportivo.
Tal como establecen los estatutos, en las Asambleas solo pueden participar quienes han sido legítimamente designados, garantizando representación, legalidad y transparencia.
Sin embargo, la realidad es clara: nos encaminamos hacia siete años sin Asambleas, el principal mecanismo de control, participación y rendición de cuentas. Cuando este órgano no se convoca, no solo se debilita la estructura institucional, sino que se abre la puerta a la desconfianza.
Por eso, más que alimentar sospechas, lo que corresponde es exigir claridad: convocatoria inmediata de Asambleas, rendición de cuentas y respeto a los mecanismos que garantizan la legitimidad de la Lucha Canaria.
Defender la Lucha Canaria es defender sus normas, su historia y su legitimidad.
Porque el verdadero riesgo no es repetir errores.
El verdadero riesgo es acostumbrarse a ellos.
Sin transparencia, no hay confianza.
Y sin confianza, no hay futuro.
José Trujillo Artiles, Barranquera IV, exluchador.



























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