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Lunes, 23 de Marzo de 2026

Actualizada Lunes, 23 de Marzo de 2026 a las 20:46:38 horas

Colaboración

El nacionalismo que defiendo

Reflexión de Diego F. Ojeda, exconcejal del Ayuntamiento de Telde

DIEGO F. OJEDA RAMOS 1 Lunes, 23 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Lunes, 23 de Marzo de 2026 a las 19:05:04 horas

Hablar de nacionalismo canario de izquierdas, para mí, no es un ejercicio intelectual ni una pose ideológica. Es memoria. Es familia. Es biografía.


Nací en una casa humilde, hijo de un soñador de una Canarias libre, simpatizante de la Unión del Pueblo Canario, y sobrino nieto de uno de sus fundadores. Crecí escuchando hablar de soberanía, de dignidad, de pueblo. Pero también soy hijo de una militante histórica del Santiaguismo teldense, de aquella etapa transformadora que lideró Paco Santiago en Telde, cuando la política significaba resolver problemas concretos y cambiar la vida de la gente.


Mis primeros recuerdos políticos no son de despachos. Son de la grada curva del Estadio Insular, escuchando mítines que hablaban de unión y defensa de la patria canaria. Y también son recuerdos de infancia en la calle Ruiz, cuando en mi casa una de nuestras matriarcas gritaba “¡hay agua!” y todos corríamos a llenar baldes y palanganas porque quizás pasaríamos quince días más sin una gota. Recuerdo a mi madre lavando en las acequias. Esa era nuestra realidad. Y fue la política, bien entendida, la que empezó a cambiarla.


Después vino el proceso de unidad del nacionalismo del sureste y de la izquierda canaria. Asamblea de Vecinos se convirtió en Asamblea Canaria; luego en Asamblea Canaria Nacionalista; más tarde en ICAN; y finalmente en aquella confluencia amplia que fue Coalición Canaria. Muchos jóvenes creímos que aquello maduraría, que los liderazgos históricos sabrían dar paso a una nueva etapa y que el sueño de hombres y mujeres como mi padre —una Canarias libre, fuerte y dueña de su destino— se convertiría en un proyecto colectivo sin personalismos.


Pero pronto entendí que para algunas personas el nacionalismo era un sueño y para otras una herramienta. Surgieron los egos, las traiciones, las luchas internas. Quienes veníamos de la tradición de Asamblea Canaria Nacionalista fuimos empujados fuera, y más tarde fundamos Nueva Canarias intentando recuperar la coherencia entre discurso y práctica.


Hoy, con dolor, veo dinámicas parecidas: fragmentación, atomización, pactos sin alma, un nacionalismo que a veces parece más preocupado por sostener el poder que por sostener a su gente. Y mientras tanto, la división solo fortalece a la derecha y a la ultraderecha.


¿Qué nacionalismo defiendo?
Defiendo el que pone en el centro a la gente que vive en esta tierra. A los nacidos aquí y a quienes llegaron para trabajar y han hecho de Canarias su patria. Defiendo un nacionalismo que consuma producto local, que crea en la soberanía alimentaria, en la seguridad hídrica, en la seguridad energética, en la economía circular. Un nacionalismo que no malvenda nuestros recursos al mejor postor, que gestione mejor antes de exigir más.


Defiendo un nacionalismo que afronte el drama de la vivienda, que garantice equidad en los medios de comunicación, que piense la movilidad como un derecho y no como un privilegio. Un nacionalismo que no sea piramidal, sino horizontal. Que no funcione por obediencias ciegas, sino por conciencia colectiva.


Creo en la Canarias que sueña Antonio Morales y en el modelo que ha impulsado desde el Cabildo de Gran Canaria: planificación, transición energética, defensa del territorio, orgullo de lo propio sin complejos.


Pero también confieso que a veces siento que el sueño se aleja. Que regresan fantasmas del pasado: los egos, las traiciones, las sumas tácticas para seguir ascendiendo en la escalera del poder. Y me pregunto qué dirían hoy aquellos que en la grada del Insular hablaban de patria, o mi padre, que soñaba con una Canarias libre.


A pesar de todo, sigo creyendo.


Creo en un nacionalismo que tenga en su frontispicio una sola palabra: Canarias.


No el partido. No el cargo. No el sillón.


Canarias.


Porque el nacionalismo en el que creo no es una sigla. Es un compromiso moral con esta tierra y con su gente. Es garantizar que nunca más en una casa de Telde alguien tenga que gritar “¡hay agua!” como si fuera un milagro.


Es hacer de lo básico un derecho.


Es convertir la dignidad en política pública.


Es que el sueño de una Canarias fuerte y libre deje de ser nostalgia y vuelva a ser horizonte.

 

Diego Fernando Ojeda Ramos fue concejal del Ayuntamiento de Telde y actualmente es asesor en la Consejería del sector Primario, Soberanía Alimentaria y Seguridad Hídrica del Cabildo Insular de Gran Canaria.

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