Ayer uno de mis hijos fue al cine a ver una película del popular personaje Torrente. Cuando llegó a casa me dijo que mejor no fuera a verla, porque seguramente no me iba a gustar cómo retrataba al gobierno de izquierdas del Estado.
Le respondí con tranquilidad que el cine puede exagerar, provocar o caricaturizar la realidad. Pero que lo verdaderamente importante no es lo que diga una película, sino entender los modelos de Estado que hay detrás de las decisiones políticas.
Y en democracia, aunque haya muchos matices, suele haber dos formas muy diferentes de entender la sociedad.
El modelo progresista o de izquierdas parte de una idea básica: que el progreso de un Estado se mide por cómo vive la ciudadanía. Para eso defiende impuestos progresivos, donde quienes más tienen aportan más, para financiar servicios públicos fuertes. Ese dinero se convierte en sanidad pública de calidad, educación accesible, pensiones dignas, becas, ayudas a la dependencia o políticas de protección social. En definitiva, un Estado Social de Derecho que garantice derechos básicos para todas las personas.
En cambio, el modelo conservador o de derechas suele apostar por bajar impuestos y reducir el papel del Estado. En teoría, eso deja más dinero en manos de la ciudadanía. Pero en la práctica significa menos recursos para los servicios públicos. Cuando la sanidad o la educación públicas se debilitan, quienes pueden acaban recurriendo a seguros privados o centros privados, mientras que quienes no pueden se quedan con servicios cada vez más deteriorados.
Por eso es importante que la juventud mire también los hechos y las decisiones políticas, no solo los discursos. En España, muchas de las grandes conquistas sociales han salido adelante con el impulso de fuerzas progresistas y con el voto en contra de la derecha: el matrimonio igualitario, la ampliación de derechos reproductivos, la ley de dependencia, la eutanasia, el escudo social en tiempos de crisis, la subida del salario mínimo, la revalorización de las pensiones o la reforma laboral para proteger a las personas trabajadoras.
Esto no va de etiquetas ni de trincheras. Va de qué derechos queremos consolidar como sociedad y qué papel debe tener lo público en nuestras vidas.
A la juventud le diría algo sencillo: infórmense, comparen y decidan por ustedes mismos. Porque cada voto no solo elige un gobierno, también elige el modelo de Estado que queremos construir.
Un Estado donde cada cual se arregle como pueda…o un Estado donde los derechos sociales sean patrimonio de todas las personas.
Y al final, la política también se resume en algo muy simple: si alguien vota sistemáticamente contra derechos que te protegen, quizá no esté pensando en tu futuro.
Diego Fernando Ojeda Ramos fue concejal del Ayuntamiento de Telde y actualmente es asesor en la Consejería del Sector Primario, Soberanía Alimentaria y Seguridad Hídrica del Cabildo Insular de Gran Canaria.




























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