
Vale lo mismo tu voto y el mío. Por igual. Y una cosa es el valor y otra el precio. El precio de nuestros votos, una vez depositados en las urnas, es el mismo. Mas el valor se antoja que quizá no. Qué triste tiene que ser aquel político que sigue en la primera línea institucional pasado los años y, sin embargo, ya no cree en nada de aquello que algún día creyó. Y sigue a modo de inercia. Por supervivencia. Por no saber hacer otra cosa. Pero no cree en aquellas motivaciones de antaño y todo se torna impostado. Es como querer separarte de tu pareja y no poder hacerlo. O es como ser sacerdote y haber dejado de creer en Dios en el camino. Una puñalada existencial.![[Img #1059858]](https://teldeactualidad.com/upload/images/03_2026/2748_foto-columna-1.jpg)
Miguel Delibes en su novela ‘El disputado voto del señor Cayo’ (Destino), llevada al cine por Antonio Giménez Rico en 1986, un grupo de militantes entusiasmados recién estrenada la democracia, se van de ruta por los pueblos del norte de Castilla a buscar votos. Y allí, en medio de la despoblación y las problemáticas del campo, tan vigentes por cierto aún hoy, se encuentran con el señor Cayo, que representa otro mundo. Tu voto y el mío. La juventud frente a la sabiduría de antaño. Lo urbano ante lo rural. Las doctrinas prefijadas frente a la entereza honesta del que conoce la profundidad del sentido de la vida.
Y así, poco a poco, conversación va y viene, silencio que media entre los unos y los otros, al candidato se le comienzan a desmoronar esas ideas que tan fervientemente defendía y que, por el contrario, difícilmente aguantan la incontestable realidad, el paso de los años.
En la política presente dominada por la polarización, por políticos inconsistentes que surfean la intolerancia, qué bien les vendría a todos acudir al norte de Castilla en la búsqueda de su particular señor Cayo. Y qué difícil sería entonces retornar a la moqueta en Madrid sin poder abanderar las causas con la intensidad con la que lo hacían antes, si es que era desde la verdad y no desde la impostura.
Tu voto y el mío es la fraternidad. Tu voto y el mío es la amistad. Tu voto y el mío es el amor. La radicalidad humana en cuanto a la dignidad que nos asiste que rebasa a los códigos y la supremacía pretendida de las ideologías.










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