
Cada 8 de marzo nos invita a mirar atrás y también hacia adelante. No es solo una fecha en el calendario. Es un recordatorio de que los derechos de las mujeres no llegaron solos: fueron conquistados gracias a la valentía, la lucha y la perseverancia de muchas mujeres que se negaron a aceptar la desigualdad como algo natural.
Durante siglos, las mujeres vivieron en una sociedad que limitaba su voz, su participación y su libertad. Aun así, muchas decidieron alzar la voz cuando hacerlo suponía riesgos personales, sociales e incluso vitales. Mujeres que trabajaron, estudiaron, cuidaron de sus familias y, al mismo tiempo, defendieron su derecho a ser escuchadas y a participar plenamente en la vida social y política.
Muchas de ellas lucharon con valentía por derechos que hoy consideramos básicos. Algunas fueron perseguidas, otras silenciadas y, en algunos casos, incluso murieron defendiendo la dignidad y la igualdad de las mujeres. Gracias a ellas hoy podemos expresar nuestras opiniones, participar en la vida pública y ejercer nuestro derecho a tener voz y voto, algo tan elemental que durante demasiado tiempo fue negado a las mujeres.
Gracias a su coraje hoy vivimos en una sociedad más justa que la que conocieron nuestras madres y nuestras abuelas. Pero la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres sigue siendo una tarea en construcción.
Persisten desigualdades en el ámbito laboral, dificultades para conciliar la vida personal, familiar y profesional, techos de cristal que frenan el talento femenino y una violencia machista que continúa siendo una de las expresiones más crueles de la desigualdad.
La igualdad no es una consigna ni una moda. Es un principio de justicia democrática. Significa que una niña que hoy crece en cualquier barrio pueda imaginar su futuro sin que su género limite sus oportunidades. Significa que ninguna mujer tenga miedo, que su trabajo sea reconocido en igualdad de condiciones y que su voz tenga el mismo peso en los espacios donde se toman decisiones.
Pero también significa algo sencillo y profundamente necesario: respeto.
Respeto hacia las mujeres que lideran proyectos, hacia quienes sostienen familias, hacia quienes emprenden, estudian o trabajan cada día para salir adelante. Mujeres diversas, valientes y comprometidas que forman parte de la vida cotidiana de nuestros barrios y de nuestras ciudades.
El 8 de marzo no debería ser solo un día de reivindicación. Debe ser también un día de memoria, reconocimiento y compromiso colectivo. Porque una sociedad que garantiza plenamente los derechos de las mujeres es una sociedad más democrática, más libre y más justa para todas las personas.
Lourdes Alonso es miembro del comité local de Coalición de Centro Democrático (CCD) de Telde.




























Arturo Castillo | Domingo, 08 de Marzo de 2026 a las 10:46:24 horas
Y que seguiréis "conquistando", mientras haya colectivos parásitos subvencionados aprovechando y manteniendo el discurso de la discordia entre mujeres y hombres... Feliz Día del Ogro Malva, y de la Mujer que recuerde que el 19 de noviembre es también el Dia Internacional del Hombre, lo celebre, y lo ponga en valor. Brindemos por ello.
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